Yamicé

 

 

 

Índice

 

 

PERSONAJES......... 3

TIEMPO I....................4

TIEMPO II................... 20

TIEMPO III....................35

TIEMPO IV.......................46

TIEMPO V.......................... 49

TIEMPO VI............................. 60

TIEMPO VII................................67

 

PERSONAJES:

 

 

LA VOZ:

De hombre, grave y autoritaria.

YAMICÉ:

Una mujer.

GADRAFÓ:

Un hombre muy bajo.

ZAASMÍN:

Un hombre muy alto.

UN HOMBRE:

Uno.

TIEMPO I

 

OSCURO:

Lejana, por los altavoces, se oye una respiración pausada, grave y profunda

de hombre. Es la de LA VOZ, que se acerca paulatinamente hasta oírse fuerte en primer término.

            Con ella se hace la luz, débil, delante del telón en el proscenio, que viene acompañada de volutas de humo y esferas de distintos tamaños (pompas de jabón, una posibilidad) que ascienden por el aire para caer y estallar luego caprichosamente en cualquier lugar, incluido el patio de butacas, cabezas o cuerpos de los asistentes.

 

  Resuello potente de LA VOZ, y mágicamente aparece en el centro del proscenio un pelado arbusto tridimensional o casi, el cual puede haber sido proyectado técnicamente con ayuda de imágenes (o con un conocido juego de espejos que dan esta exacta sensación)

Varios resoplos más, y se llena el proscenio gradualmente de otros arbustos desnudos, de árboles puntiagudos y esqueléticos y de lo que parecen montones de tierra. El conjunto es lo más parecido a una Naturaleza Muerta y volátil en colores ocres.

 

LA VOZ matiza sus resoplos en función del tamaño y las diferentes cosas que van surgiendo en la Naturaleza.

Así, ahora, resuella con enfado porque algunas esferas se arremolinan en el centro, y, al reventarse, forman en ese lugar un Túnel hecho de Luz Roja.

LA VOZ acelera su respiración, resopla esforzadamente, porque entre el humo, en uno de los montones de arena al pie de un "árbol", "algo" comienza a moverse.

 

“Algo” está naciendo de ese montón de tierra. De momento, es tan “real e incorpóreo” como el mismo humo que le ve nacer. Ese “algo”, se incorpora y con sus manos pretende tocar la tierra..., una rama de un árbol...                     

Entonces LA VOZ cambia sus resoplos por un "Mmm..." de duda.

El personaje, en principio, da la imagen de un ser andrógino.

Después, la larga melena negra de LA MUJER DESNUDA, da un vivo contraste a su piel blanquecina.

Para LA MUJER DESNUDA todo es nuevo y curiosea el paisaje. Aunque cualquier cosa llama su atención, presta especial interés a las esferas, las cuales estallan en sus manos cuando intenta aprehenderlas.

Prueba también a capturar ramas y puñados de arena; naturalmente, sin conseguirlo. Sigue acompañada en sus movimientos por bufidos y demás esfuerzos

guturales de LA VOZ, que dan a entender que ella es quien está creando el paisaje.

Únicamente LA MUJER DESNUDA ignora, en su deambular por la Naturaleza Muerta, el túnel rojo de luz.

LA VOZ, enfadada por el destrozo que causa en las esferas y otros elementos, que van desapareciendo cuando ella, con curiosidad se acerca a tocarlos, da un grito más fuerte que los demás, del cual se apercibe LA MUJER DESNUDA y busca asustada e incrédula su procedencia.

                        Cuando regresa a su deambular sin descubrirla, LA VOZ repite otro grito: un "Mmm...", intencionado.

LA MUJER DESNUDA se afana buscando con impaciencia el sonido, destrozando

en la intención, con un inocente juego, todas las esferas que se le atraviesan. LA VOZ, con su respiración entrecortada y sus gruñidos, manifiesta que está encolerizada.

LA VOZ:

¡Mmm...!... ¡Mmm...!... ¡Mmm...!

LA MUJER DESNUDA, asustada aunque intrigada, busca el origen de los resoplos.

 (Ronca, muy enfadada)

¡Torpe...! ¡Torpe! Me has fastidiado la creación.

LA MUJER DESNUDA:

Es... ¿a mí?

LA VOZ:

¡Mmm...! ¡Mmm...! ¿A quién si no?

LA MUJER DESNUDA:

(Mira a su alrededor) Pues... y yo qué sé... Pero yo no... yo no he hecho... nada. Nada malo.

LA VOZ:

Mmm... Grrr... ¿Nada? ¿Qué no has hecho nada? Has echado a perder la mitad de mi creación.

LA MUJER DESNUDA:

¿Yo?

LA VOZ:

Tú.

LA MUJER DESNUDA:

Si yo he llegado ahora mismo.

LA VOZ:

Aun así.

LA MUJER DESNUDA:

Aun así. Bueno.

LA VOZ:

Procúrate una buena excusa, ser infame.

LA MUJER DESNUDA:

Yo... Yo... ¿Y por qué he de inventarme nada? Si no sé ni quién eres. Y... Y... además, no me gusta hablar con desconocidos... No, no hablo con desconocidos.

LA VOZ:

(Enojadísima) ¿Que no hablas con...? ¿Cómo te atreves...?

LA MUJER DESNUDA:

¿Atrevimiento?... No, no. Yo no le llamaría así... Pero no están las cosas como para hablar con cualquiera... con el primero que... Es costumbre, sí. Una costumbre que acabo de adquirir.

LA VOZ:

¡No mostrarías tanta insolencia si supieras con quién estás hablando!

LA MUJER DESNUDA:

Pero... como no tengo el placer...

LA VOZ:

(Despeja su garganta) ... ... Kóooo... Mmmm... Mmmm... Pues... ¡...!, pues... ¡yo soy la voz!

LA MUJER DESNUDA:

¡Ah! Yo, no... yo no lo soy. Aunque también tengo una, por eso estoy hablando contigo. Y cuerpo... (Se toca) tengo un cuerpo que... ¿Quieres tocarlo?

LA VOZ:

(Atronadora) ¡Cállate! ¡Me estás irritando!

LA MUJER DESNUDA:

(Se tapa y destapa las orejas) No..., no te enfades, porque si tu tamaño es como tu voz...

Examina entre los árboles y el resto de la Naturaleza buscando a LA VOZ.

LA VOZ:

(Ríe) ¿Me estás buscando?

LA MUJER DESNUDA:

Sí, sí... naturalmente. Es... es que me gusta que me miren a los ojos cuando me hablan.

LA VOZ ríe.

 (Que sigue buscando) ¿Lo encuentras gracioso? Yo, no.

Enfadada, toma asiento al pie de un árbol.

LA VOZ:

¡Ponte en pie! ¡Inmediatamente!

                     LA MUJER DESNUDA lo hace, muy asustada.

Recuérdalo siempre que hables conmigo.

LA MUJER DESNUDA:

(Acobardada) ¿Me... me estás viendo?

LA VOZ:

(Una risa corta) Más que viendo: te estoy sintiendo.

LA MUJER DESNUDA:

Ah. Y... ¿cómo lo consigues?

Se coloca la palma de una mano en la frente, se está muy quieta unos segundos.

Mira, mira... Yo me estoy concentrando... Pero... Pero lo único que oigo es mi propio pulso..., nada más. Tú, ¿cómo lo haces? ¿Eres... una presencia...? ¿Algo... lo más parecido a un fantasma?

LA VOZ:

¿Un fantasma? (Con falsa paciencia) No, no soy ningún fantasma... sino... la voz. Sólo soy voz. Eso sí: una voz plena, total, inconmensurable, que llena el espacio con sus agradables notas. Pero no poseo cuerpo.

LA MUJER DESNUDA:

Un poco raro, ¿no?

LA VOZ:

(Masculla) Mmm... Grr... Mmm... Grr... Es... uno de mis secretos.

LA MUJER DESNUDA:

(Duda) Ya, ya... Bueno.

Piensa. Se despereza y desplaza de un lado a otro con cortas carrerillas.

LA VOZ:

Deja de dar vueltas inútiles. Me estás mareando.

LA MUJER DESNUDA se detiene. Después vuelve con pasos lentos a buscar a LA VOZ por el paisaje o las alturas.

Escúchame con atención: tú has interrumpido el orden de las cosas.

LA MUJER DESNUDA:

¿Yo?

LA VOZ:

¡Tú!

LA MUJER DESNUDA:

Bueno.

LA VOZ:

Y ahora, para reparar el daño, deberás representarme en la dolorosa tarea de la Recomposición, Reorganización y Reestructuración.

Prestarás tu... feo cuerpo a la voz, ya que ella carece de él. A cambio, tú obtendrás la memoria. Tu cuerpo será el vehículo que nos conducirá a ambos hasta el Gran Ejecutor. ¿Qué te parece?

LA MUJER DESNUDA:

A mí ni me parece ni deja de parecerme. ¿Qué hay que hacer? ¿A dónde hay que ir?... ¿Mi cuerpo, qué?...

LA VOZ:

Si aceptas, para todos los siglos futuros, figurarás como parte relevante de la historia.

LA MUJER DESNUDA:

¿De qué me estás hablando...? ¿Qué he hecho tan mal para que me...? No, no, no sabría... La historia... La memoria... El... Gran Ejecutor... Todo eso es... Es...

                      Gesticula con los brazos mostrando algo muy grande.

LA VOZ:

Es muy fácil... Sólo deberás (sugestiva) seguir el dictado de mi voz..., sólo eso.

Pausa.

Te estoy ofreciendo una buena oportunidad.

LA MUJER DESNUDA:

No estoy muy segura de eso. ¿Es como si yo fuera un ser elegido o algo así?

LA VOZ:

(Duda. Resopla) Un... ¿elegido? Sí..., podría ser... una buena idea.

LA MUJER DESNUDA:

Entonces, no. Los elegidos siempre salen perdiendo. Y lo que pierden suele ser algo muy importante.

LA VOZ:

Qué.

LA MUJER DESNUDA:

No soy yo quien deba responderte.

LA VOZ:

(Furiosa) ¡Debí resignarte a ser lo que eras: parte del paisaje! Mmm Mmm... Grrrrr... ¿Es lo que deseas?

LA MUJER DESNUDA:

(Observa la Naturaleza. Se acaricia, se descubre)

No... Yo estoy bien así... Se está bien. Ya me he acostumbrado a mí también.

Y tú, ¿a qué te pareces? ¿A... un árbol? Porque con ese vozarrón a un arbusto no creo que... Pero sigo sin poder verte.

                     Se coloca una mano en la frente a modo de visera.

¿En dónde...? (Cambia) No puede ser, claro.

Con intención.

¿Se te ha ocurrido pensar que aunque te lo propusieras tú jamás serías parte de un paisaje, como yo lo estoy siendo de este? Si eres nada más que voz...

LA VOZ:

¿Me estás provocando, pequeño animal?

LA MUJER DESNUDA:

No, no.

LA VOZ:

¿Sabes que puedo destruirte empleando como arma una modulación característica de mi voz?

LA MUJER DESNUDA:

(Se cubre las orejas) No lo dudo.

LA VOZ:

Pero no lo haré. ¡Destapa tu cabeza!

LA MUJER DESNUDA:

Por si acaso, no.

LA VOZ:

¡Haz lo que te digo!

                    Con temor, LA MUJER DESNUDA se descubre.

Y... ahora, cuéntame: cuál... ¿cuál es tu último recuerdo?

LA MUJER DESNUDA:

Mi último...

LA VOZ:

Sí, tu último recuerdo. ¿Sabes a "qué" me estoy refiriendo?

LA MUJER DESNUDA:

Pues no.

LA VOZ:

(Con desprecio) Retrocede en tu memoria hasta el límite de tu tiempo. Justo hasta ese instante en que tú fuiste consciente de ser tú. Y justamente en ese segundo en que tu memoria no comprenda por quién se está preguntando, detente. ¿Lo entiendes ya, garganta con patas?

LA MUJER DESNUDA:

Sí... Ya... ya...

LA VOZ:

Adelante, entonces.

LA MUJER DESNUDA:

¿Y tú para qué quieres conocerlo?

LA VOZ:

¡Habla!

LA MUJER DESNUDA:

Pues... (Hace memoria) Recuerdo un tierno vaivén... Yo estaba acurrucada y feliz. Sentía como calor que me abrazara sin brazos, era un cálido abrigo de manos invisibles. Flotaba con vida en ese agua dulce tras una ventana, y tras la ventana, todo era luz..., aunque yo viviera en sombras. Algo o alguien, que no sé explicarme, tiraba de mí con afán. Me reclamaba a su lado no sé qué cosa, o quién..., era una fuerza invisible o desconocida. Pero era el estado perfecto, eso creía, y yo prefería soñar, sólo soñar. Estaba dormitando ese sueño sosegado siempre. Sin nacer nunca, soñaba en el sueño que soñaba que nacía constantemente. Entonces, llegaste tú y seguramente sin ningún derecho, me arrancaste del sueño de mi sueño... Después, tus insultos..., tus gritos...

LA VOZ:

(Atronadora) ¿Sin ningún derecho...? Pero... no te pregunto por esa estúpida evocación de una madre que nunca has tenido, sino anteriormente... Antes, mucho antes.

LA MUJER DESNUDA:

¿Antes?... (Se entristece) No..., no te va a gustar. Ya nos vamos conociendo y...

                     Un resoplo de LA VOZ.

Bueno... bueno...

Yo, en aquella época, creo... recordar que también pertenecía a un paisaje. Un paisaje completamente distinto a este. Mi integración en él era de tal forma que...

                     Se corta, señala la Naturaleza. Poco a poco, recuerda.

No había esferas. Ni tampoco voces. Y los árboles no se asemejaban a estos... Aquellos eran firmes, espesos, se podían tocar... ¿Sabes? Palpitaban. Ellos solos brotaban del suelo. Ellos solos crecían. Y también eran tan reales como estos. Y... había flores..., color, sí. Flores que por aquí no he visto y que adornaban esos árboles y los arbustos y todo el paisaje..., toda la tierra... Había montes, y en los montes una masa fría sin nombre cubría de belleza sus cimas haciéndolas blancas. Por el aire, sobre las cabezas volaban aves, bulliciosas, vivas, transportaban vida en sus entrañas..., yo lo sabía. Por entonces, el fuego todavía mordía la piel con la furia de sus afiladas y punzantes llamas..., porque entonces todavía había piel y todavía había fuego...

Algunas veces, el agua caía desde el cielo y empapaba cálidamente nuestros  vestidos... Y yo sabía que pesaba más que ahora porque el agua podía detenerse en mí, después, ya seguiría su interminable camino hacia el aire o la tierra. Recuerdo que entonces las cosas, todas las cosas al tocarlas, si poseían calor te lo traspasaban..., y si frío, te lo hacían sentir...

Las cosas, entonces, tenían ese calor, ese mismo color que da la vida.

LA VOZ:

Bien, bien... es suficiente. Y... ¿luego?

LA MUJER DESNUDA:

Pues...

LA VOZ:

¿Luego...?

LA MUJER DESNUDA:

(Triste) Pues... vino el Gran Tiempo... del que yo desconozco todo.

Creo que los seres fueron tan diferentes entre sí, y creo que muy pocos...

LA VOZ:

También suficiente. ¿Quieres recuperar todos tus recuerdos? ¿Hacerlos... realidad en ti?

LA MUJER DESNUDA:

(Asombrada) Claro..., naturalmente.

LA VOZ:

Perfecto... Ya sabes que tú has quebrantado el equilibrio.

LA MUJER DESNUDA:

¡Vaya!

LA VOZ:

¡Tú! Solamente, tú.

LA MUJER DESNUDA:

Bueno, bueno.

LA VOZ:

Y, por tanto, solamente tú..., (Tose) con mi ayuda, puedes establecer el Tiempo Nuevo. Mmmm... Mmmm... Harás cuanto yo te diga.

LA MUJER DESNUDA:

Una pregunta: ¿eres primo de algún dios?

                    Respiración profunda, cansada de LA VOZ.

¿Cuñado? (Pausa) ¿Es... es otro misterio?

LA VOZ resopla con insistencia. LA MUJER DESNUDA, nerviosa, mira en derredor. Se frota una mano contra la otra.

LA VOZ:

¿No puedes permanecer en el mismo lugar por un instante?

LA MUJER DESNUDA:

Si... si no me he movido...

LA VOZ:

¿Aceptas la misión que te voy a encomendar?

LA MUJER DESNUDA:

Pues...

LA VOZ:

¿Aceptas la misión que te voy a encomendar?

LA MUJER DESNUDA:

(Piensa un momento) Si digo que no...

LA VOZ:

¡Bajo ningún concepto te negarás a conducir tus pasos por el camino que el destino te tiene reservado! ¿Queda claro?

LA MUJER DESNUDA:

Muy claro.

LA VOZ:

Entonces... ¿aceptas?

LA MUJER DESNUDA:

Acepto... Qué remedio.

LA VOZ:

(Respiración profunda) Mmm... Bien, tuyos son los poderes de la voz. Aprende a utilizarlos con fortuna.

LA MUJER DESNUDA:

(Interesada) ¿Y cuáles son esos poderes?

LA VOZ:

Lo sabrás en su debido momento.

LA MUJER DESNUDA:

(Para sí) Demasiado misterio… Demasiado, para alguien que acaba de llegar…

Desde arriba cae un hatillo de ropa. LA MUJER DESNUDA lo coge y lo abre.

LA VOZ:

Lava tus manos, tu cara, tu pelo. Y cúbrete con los vestidos que te he enviado.

LA MUJER DESNUDA:

¿Lavarme? ¿Con qué?

LA VOZ:

Con aire.

LA MUJER DESNUDA:

La atmósfera está enrarecida, me ensuciaré más.

LA VOZ:

¡Cállate! ¡Lo harás así! ¡La voz te está encomendando tu misión, no la interrumpas, nube de inútiles dudas!

LA MUJER DESNUDA:

No, no.

LA VOZ:

Después, te encaminarás a la Morada del Gran Ejecutor, a quien... (tose) alimentarás tú personalmente.

LA MUJER DESNUDA observa un vestido demasiado amplio.

LA MUJER DESNUDA:

Esto me viene grande, y no...

                    Cae otro hatillo.

Ah, así tendré de quita y pon. (Se viste) Pero, ¿cómo daré con la casa de ese... señor?

LA VOZ:

Deja que tus pies te guíen... (Breve pausa) Y recuerda: si anhelas que la fertilidad renazca en la tierra de tus antepasados..., si quieres que la memoria te desvele los grandes misterios que te han estado vedados durante milenios..., acuérdate de que nada más tus manos están privilegiadas para acariciar el alimento; y sólo tus ojos para contemplarlo; y sólo tu cerebro para entenderlo. Cualquiera otro que rozara o viera o sintiera su forma, moriría fulminantemente... ¿Está entendido?

LA MUJER DESNUDA:

Cuánta prohibición, ¿no? Cuánta muerte, ¿no? Cuánto privilegio, ¿no?

LA VOZ masculla incoherencias.

Y... ¿El... alimento?

LA VOZ:

(Ríe) Tu impaciencia me llena de gozo.

Desde arriba cae una bolsilla hecha de felpa negro. LA MUJER DESNUDA la recoge. Cuando se dispone a abrirla...

 (Grita) ¡No! Cada cosa tiene su tiempo. Y el de él todavía no ha llegado. Consérvala en lugar seguro. Dentro de esa bolsa está tu futuro, y el de... (Tose) muchos otros...

LA MUJER DESNUDA:

Bueno, pues... me voy.

LA VOZ:

Un momento. Por último, te diré tu nombre. El nombre con el cual te

presentarás ante el Gran Ejecutor y que repetirás sólo y exclusivamente por tres veces: una, cuando llegues a su morada; pronunciándolo una sola vez, abrirás la Puerta de la Sabiduría. Lo repetirás la segunda en el momento exacto en que él engulla el alimento. Y la última, cuando finalice. (Ríe larga, ampliamente) Enseguida adivinarás cuándo ha terminado. (Ríe) Y seguidamente te olvidarás de que alguna vez lo empleaste. Hasta de que lo has conocido. Porque si lo hicieras de otra forma, si pronunciado por tu boca otro conociera ese nombre, no solamente su existencia, sino también la tuya estaría en inminente peligro.

LA MUJER DESNUDA:

Buf, cuánta condición, cuánto peligro... ¿Es muy largo el camino?

LA VOZ:

(Carcajada profunda, imparable)

LA MUJER DESNUDA:

¿Cuál es ese nombre?

LA VOZ:

(Ríe prolongadamente. Atronadora) Yamicé. Recuérdalo: Yamicé.

LA MUJER DESNUDA:

Yamicé. Sí, sí... me acordaré. Y... ¿qué significa?

LA VOZ:

¿Significar?... ¿Ha de significar alguna cosa?

LA MUJER DESNUDA:

Pues... yo creía...

LA VOZ:

Tu tiempo ha comenzado. Sírvete de él. Detrás de ti hallarás la Boca del Pozo Rojo, ella te trasladará a los dominios del Gran Ejecutor. ¡Que la suerte te acompañe! (Ríe sarcásticamente)

LA VOZ ríe y resopla mientras se aleja, hasta perderse.

YAMICÉ observa el túnel de luz roja, que ahora brilla con mayor intensidad. Analiza la Boca y entra. En cuanto lo hace se oye un grito brutal, y desaparecen mágicamente túnel y YAMICÉ. Después, se volatiza también la Naturaleza Muerta.

 

OSCURO.

(Si tiene curiosidad por leer lo que falta, no se prive: escríbame a

rbaguera@portalatino.net

y, con sumo gusto, se lo enviaré)