Laia

 

 

 

ESCENARIO:

 

 

El Bosque del Búho. Un trozo de tierra rojiza y fértil en un acantilado cerca de un mar imaginario. Zarzas, endrinos, castaños, robles y pinos pueblan el lugar. La luz del sol penetra entre el follaje hasta la cueva en la que habita LAIA. Esta cueva está horadada de parte a parte y situada perpendicularmente al foro, de modo que por el fondo y por su interior pueden circular los actores. El techo de la misma, poblado de rocas y arbustos,  ha de ser practicable. Al fondo, el firmamento estrellado.

 

  

 

PERSONAJES:

 

 

VIRSUT, EL DUENDE - VIGILANTE del Bosque del Búho: Barbudo de edad indefinida. Puede calzar botas de media caña, pantalón de malla, blusón ajustado a la cintura, gorro con borla y un cinto del que cuelgue un zurrón. Cuando se disfraza de dragón: pantalón de malla de anchas rayas horizontales de colores vistosos, unas ridículas alas pardas membranosas y cresta sobre la cabeza. La cara al descubierto. Disfrazado de mariposa: mallas de cuerpo entero de color uniforme, con formas abultadas que imiten el abdomen de un lepidóptero, largas antenas y cuatro enormes alas de vivos colores. La cara al descubierto.

LAIA: Joven y guapa. Su único vestido está confeccionado con hojas, ramas, flores secas…, y va descalza.

PA, JULIO: Hombre de edad madura. Viste pantalón vaquero de una visible "buena marca" y camisa, también de "buena marca". Calza botas de "buena marca". A la espalda, "de buena marca", una mochila, saco de dormir..., útiles de un excursionista...

AGOSTO: Chica de dieciséis o diecisiete años. Hija de Julio. Viste falda amplia o bermudas. Camiseta en la cual lleva grabado: I (un corazón) NATURALEZA. También lleva mochila y otros útiles de excursionista, todo ello de las mismas "buenas marcas" que lleve su padre.

 

 

 

   En OSCURO, rumor del mar. Baja éste y se desvanece cuando, ya con luz, aparece una noche clara de brillante luna llena. La escena está vacía.

Se oye el canto de los grillos, el croar de algunas ranas y la voz de un lejano búho.

Unas pocas luciérnagas despiden su fosforescencia desde una pequeña mata. Al poco, Virsut, el duende, avanza sigilosamente, como si no quisiera que le oyeran, hacia la cueva; con el mismo sigilo se asoma a ésta, y a continuación, conforme con lo que ha visto dentro, trepa cuidadosamente hasta el techo.

 

VIRSUT:

(Alza los brazos, conjura con voz solemne, arroja polvos que, al darles la luz, llenan el aire de puntos luminosos) ¡Tajara, Duende - señor del norte...! (Para sí) ¡Norte! ¿Y dónde está el norte? Ah, Virsut (se golpea en la cabeza), que la preocupación y la tristeza te hace perder los nortes. (Recorre el techo de la cueva buscando en el hipotético firmamento) ¿Dónde está la Estrella Polar? Ah, allí. Pues ya había comenzado mal. (Alarmado) ¿No se habrá despertado?(Desde el techo, se asoma al interior de la cueva) No. (Se golpea la cabeza) Me lo merezco, por estúpido. Y otro más (se golpea), porque antes no me he golpeado con suficiente fuerza. Y ya está bien de tanto golpe, no sea que luego tenga que volverme a golpear en castigo por haberme roto algo. Veamos... (Señala) El norte está por ahí; el sur... a mis espaldas…, claro. Bien. El este por aquí y el oeste por allá. Bien, primero me relajaré. La concentración, para el encantamiento, es imprescindible. Y ya no quedan más lunas (Mira ésta en el firmamento), para probar con otro... (Pensativo, triste) Ya no me quedan más lunas... (Pausa) (Suspira) Empecemos. (Conjura) ¡Tajara, Duende - señor del norte, Instigador del viento! (Arroja polvos plateados) (Aguarda segundos, y camina a otro extremo) ¡Mefefi, Duende - señor del sur, Musa de la lluvia! (Arroja polvos plateados) ¡Virungua, Duende - señor del este, Hermano del sol! (Arroja polvos dorados) ¡Kumalá, Duende - señor del oeste, Centinela de la tierra! (Arroja polvos dorados) (Mirando en la dirección de cada uno de los cuatro puntos cardinales) ¡Tajara! ¡Mefefi! ¡Virungua! ¡Kumalá! ¡Consejo de los Cuatro, os convoco! ¡Duendes - señores de los cuatro puntos cardinales, os convoco! ¡Duendes de los duendes, dadme la señal! (Espera ésta) (Pausa) ¿Me oís? (Pausa) ¡Os habla Virsut, el duende - vigilante del Bosque del Búho! (Para sí) Deben dormir..., por eso no me oyen. O se estarán quedando sordos..., como están tan viejos... Pero su vejez es sólo en apariencia. Tienen la misma vejez de hace doscientos o trescientos años atrás, cuando este bosque era... Pero ¿qué estoy hablando? Ni jóvenes ni viejos, siempre han sido como yo los he conocido: pequeños y arrugados exteriormente, pero con una vida por dentro... Y, además, uno solo de los cuatro duplica en calidad el oído de cien gatos salvajes, o quintuplica la vista de otras tantas águilas... Y sus reflejos... (Se corta) Ya sé por qué no me dan la señal. Ya sé qué les pasa. Y tienen razón. No "quieren" oír. Como yo no quise escuchar su advertencia, ahora me dejan solo. ¿Pues para qué tengo un corazón en el pecho? ¡Si tuviera una piedra! (Conformándose) De acuerdo: lo haré yo solo. Ya sé que he sido el culpable de crear esta situación. Yo lo haré, lo haré... Total... el encantamiento ya está hecho… (Como antes, se asoma hacia el interior de la cueva) ¡A ti, Laia, te he dirigido el conjuro del sueño! ¡Tajara!, ¡Mefefi!, ¡Virungua!, ¡Kumalá! ¡Que los tentáculos de tus sueños, Laia, bañados con la luz de la luna llena sean convertidos en sal, y dotados de vida, yo lo mando, quiero que te abracen, te besen y te opriman contra tu lecho de piedra! ¡Sal para crear sed, y piedra para la opresión! (Para sí, lo repite) ¿Estará ya bien dormida? (Asoma la cabeza) Parece que no se mueve. Es el momento. A ello. Demos fin a la alegría. Demos paso a la tristeza.

Desciende hasta el pie de la cueva. Se asoma.

VIRSUT:

Sí, el encantamiento ha dado resultado. Duerme, inmóvil; como se ha

ordenado. (Habla con ese alguien que hay en la cueva) ¿Tendrás sed ya, verdad? Mucha sed. Yo te daré de beber. Tú reposa, que Virsut (con tristeza, para sí), ¡qué pena, pobrecilla...!, Virsut te dará... inmediatamente de beber.

Virsut actúa con urgencia pero con sumo cuidado: se dirige a la mata

en cuyas hojas brillan las

 luces, saca de su zurrón una varita y traza alrededor de la pequeña planta

tres círculos concéntricos.

VIRSUT:

¿El este..., el este...? ¿Dónde estaba el este? Ah, allá, sí.

Se coloca en esa dirección, y al mismo tiempo que profiere gritos, tira de la planta con ambas manos y la arranca. Da con el trasero en la tierra. La planta es una raíz con apariencia de figurilla humana. Corta un trozo de la misma, lo pone sobre una piedra y lo golpea con otra hasta pulverizarlo.

A continuación echa ese polvo en un cuenco que ha extraído del zurrón, añade un líquido y lo mezcla todo cuidadosamente. Se introduce en la cueva. Dentro se oye susurrar de vez en cuando a una mujer (Laia), aunque no se entiende nada de lo que dice. Al duende sí se le oye hablar con claridad.

VIRSUT:

(Al poco) Ya sé que tienes sed. (Breve pausa) Porque soy un duende, ¿te habías olvidado? Bebe de esto. (Alza la voz) ¿Otra trampa? ¿Qué trampa? ¿Por qué seréis tan desconfiados los humanos? ¡Bebe! ¿Qué? Sí, de eso no tengas dudas: naturalmente que sigo diciendo que has de irte. Y si no lo haces por las buenas, será por la tremenda... (Enfadado) ¡No es un capricho mío! ¡Lo mandan... las circunstancias! ¡Ya lo sé que tú no quieres...! Pero, "debes"... ¡Bebe! Bebe más... ¿Recuerdas el significado del día que hoy comienza? Bébetelo todo. Así. (En tono de reproche) Todos los habitantes del bosque sabemos que hoy es el primer día de primavera. (Cambia) Digo de lo otro... De lo tuyo... ¿Cómo que no? Sí, ambas cosas coinciden. Ya te lo expliqué. Hoy también es tu día, porque es el último día de luna llena.

LAIA:

(Grita, desgarrada) ¡No!

Virsut sale rápidamente del interior de la cueva y se encarama en el techo de ésta. Laia sale de la cueva arrastrándose.

LAIA:

(Con la voz quebrada) No... conseguirás que me vaya. ¿Qué me has hecho beber?

VIRSUT:

(Desde el tejado) Nada, que no debieras probar.

LAIA:

Me arde la garganta.

VIRSUT:

Es el fuego de la primavera.

LAIA:

Es mi garganta.

VIRSUT:

Es la primavera, que ya está aquí. ¿No oyes cómo se anuncia por las alas de los grillos? ¿Por la

 voz profunda y monótona del búho, que reclama así la presencia de su amada búha? ¿Por el

croar solitario de las...

LAIA:

Virsut, estoy mareada. No puedo levantarme.

VIRSUT:

Inténtalo.

LAIA:

No puedo. No... tengo equilibrio. No sé lo que significa... levantarse.

VIRSUT:

Significa poner los pies sobre la tierra.

LAIA:

Pues no puedo.

VIRSUT:

¡Inténtalo!

Laia, con esfuerzo, lo consigue.

VIRSUT:

¿Ves? Dime: ¿qué sientes ahora?

LAIA:

 No vas a creerlo.

VIRSUT:

Prueba.

LAIA:

Ansias... Ansias de bailar.

VIRSUT:

(Ríe) ¿Y quién te impide que lo hagas?

LAIA:

 Yo misma.

VIRSUT:

¿Por qué?

LAIA:

No quiero bailar. ¿Qué era ese bebedizo? Uno de tus trucos, ¿verdad?, para que me vaya...

VIRSUT:

No, Laia. Ya no queda tiempo para trucos.

LAIA:

¿Entonces? (Breve pausa) No puedo resistirlo... Necesito... Necesito...

Lentamente, Laia comienza a mover la cabeza, brazos, torso, caderas, piernas..., y termina bailando, aunque torpemente y con movimientos descompasados.

(“ La consagración de la primavera “, de Stravinsky, puede servir a Laia para inspirarla en esta deslavazada danza)

VIRSUT:

¡Embébete de primavera! Emborráchate hoy, Laia, del Mundo del Bosque, porque ha llegado la

 hora de tu partida: mañana estarás en el tuyo, en el que te corresponde, en el Mundo de Allá.

LAIA:

¡Jamás!

VIRSUT:

Y yo bien que lo siento.

LAIA:

¡Jamás! ¡Jamás!

VIRSUT:

Escúchame, Laia.

LAIA:

¡No!

VIRSUT:

Bueno, esperaré a que quieras hacerlo. (Se sienta)

LAIA:

(Al poco) De acuerdo. Habla. Pero yo no iré mañana a ningún sitio que no sea este.

VIRSUT:

(Se levanta) Como estás comenzando a sentir, la bebida que has tomado te hará bailar hasta después del amanecer. Te he administrado la cantidad exacta para que tu cuerpo, cada vez más desorientado, se niegue a obedecer a tu mente, que te estará diciendo que te detengas de agotamiento, o de rabia, pero él, imparable, continuará y continuará danzando hasta caer exhausto. Yo te recogeré, y no lo dudes, mañana al oscurecer despertarás entre los tuyos. Nadie ni nada podrá evitarlo: al fin te hallarás frente a frente con tu destino. Y ambos habremos cumplido con la ley del Mundo del Bosque. Sobre todo, yo.

LAIA:

(Grita) ¡No quiero seguir escuchándote!

VIRSUT:

Laia, esto es una despedida...

LAIA:

(Al poco) Eres un traidor, Virsut.

VIRSUT:

Seguramente, cuando estés allá... (Se interrumpe) No te lamentes nunca. Y no culpes tampoco a nadie..., sólo a mí.

LAIA:

¿Y a quién había de culpar sino a ti? ¿Por qué me haces esto ahora? Todavía me queda mucho por crecer..., si he de ser un gigante, como mi padre...

Ambos miran hacia la entrada de la cueva, a un punto concreto.

VIRSUT:

¡Olvídalo ya! ¡Eso es imposible!

LAIA:

¿Por qué? Di, ¿por qué es imposible?

VIRSUT:

Porque... ¡basta ya! Me lo han ordenado...

LAIA:

Que... ¿te lo han ordenado? ¿Quién? No me lo creo. Llámales, llama a Kumalá, a Tajara, a... cualquiera de los cuatro dile que venga. Quiero saber si es verdad lo que me estás diciendo.

VIRSUT:

Sabes que eso no puedo hacerlo. Pero no ignorabas que hoy, como la luna llena, terminaba el plazo.

LAIA:

No te creo. Tú me has estado asegurando durante años que podría seguir en el Mundo del Bosque, hasta que alcanzara su estatura... (Señala otra vez la entrada de la cueva) ¿Quién dice que no ahora?

VIRSUT:

No puedo decírtelo. No siempre salen las cosas como un quiere...

LAIA:

Me estás mintiendo. Por favor, Virsut, dame el antídoto de la pócima. Nos sentaremos, celebraremos la primavera y hablaremos.

VIRSUT:

No existe antídoto.

LAIA:

(Se detiene instantáneamente) ¿Qué?

VIRSUT:

Ya sabes. (Con sorpresa y júbilo) ¿Cómo te has detenido?

LAIA:

(Sonríe con esfuerzo) ¿Así que va en serio?

VIRSUT:

Totalmente. Pero, contéstame: ¿cómo has logrado pararte?

LAIA:

Mal tienes que estar, y mal va a sentarte esta primavera si no recuerdas siquiera lo que tú mismo me has enseñado.

VIRSUT:

Ya... (Piensa. Como ido) ¿Qué decías?

LAIA:

Tú me dijiste que el Caos y el Orden nacen en el mismo sitio: aquí, en la cabeza. Y que lo que para unos significa desastre, para otros, esa misma cosa, puede ser armonía. Yo controlo mi caos.

VIRSUT:

(Volviendo) ¡Pero, con lo que te he dado, por dentro tienes que estar brincando!

LAIA:

Sí, así es.

VIRSUT:

No lo consientas, Laia, podrías reventar.

LAIA:

¿Y qué me importa? Prefiero reventar más pequeña, junto a mi padre, en el Mundo del Bosque, a crecer viviendo en el Mundo de Allá, en donde el Orden es sólo aparente... como tú me has explicado. ¡No quiero desenvolverme en el Caos, simulando que todo está en Orden...! (Lejano, rumor del mar)

VIRSUT:

(Grita) ¡No! ¡Es tarde, Laia! ¡Danza! ¡Danza! (Le arroja polvos)

Laia, poco a poco, sin poderse contener, comienza a bailar. Corta

transición durante la cual se la ve bailar. Mientras, en el firmamento, la luna desciende un tanto. Más cerca, se oye el canto del búho. Del fondo del bosque, por detrás de la cueva, se oyen las voces de Pa y Agosto. Virsut, agazapado sobre el techo de la cueva, sorprendido por la presencia de extraños, observa los movimientos de los dos excursionistas.

 

(Si tiene curiosidad por leer lo que falta, no se prive: escríbame a

rbaguera@portalatino.net

y, con sumo gusto, se lo enviaré)