Atraco matutino

 

ESCENARIO:

 

Parterre con una farola y un par de bancos.

 

PERSONAJES:

 

MARÍA.-

JAIME.-

HOMBRE TUMBADO.-

MUJER.-

MUJER POLICÍA 1.-

MUJER POLICÍA 2.-

 

En uno de los bancos está tumbado y aparentemente dormido,

cubierto con papel de periódico, un hombre.

            En el otro banco está sentada MARÍA. Va abrigada, se frota las manos de cuando en cuando.

En guardia, se levanta cuando aparece JAIME corriendo, vestido con chándal.

MARÍA:

(Sacando una navaja. Con mano temblorosa)

¡Quieto, tío, esto es un atraco!

JAIME

(Se detiene, pero sigue saltando)

¿Qué dices?

MARÍA

¡Venga, afloja! ¡Y párate ya!

JAIME

¿Estás loca?, con el frío que hace…

MARÍA

(Le amenaza con la navaja) ¡Frío el que te va a dar si no te paras!

JAIME

Está bien, como quieras. ¿Qué pasa? (Efectúa un ejercicio de gimnasia con los brazos)

MARÍA

¿Cómo que qué pasa? Que te estoy atracando.

JAIME

¿Que me estás atracando? (Ríe)

MARÍA

No te rías, ¿vale? No te rías que… (Le amenaza con la navaja)

JAIME

De acuerdo, no me reiré.

MARÍA

Eso está mejor. Y no muevas más los brazos.

JAIME

Tú mandas. Pero no me estás atracando.

MARÍA

¿Cómo que no te estoy atracando?

JAIME

Lo estás intentando.

MARÍA

¡Y lo voy a conseguir!, ¿vale?

JAIME

Claro, claro… (Ríe)

MARÍA

¡Que no te rías!

JAIME

Perdona, es que…

MARÍA

¡Qué!

JAIME

Pues que voy en chándal, mujer.

MARÍA

Ya lo veo. Porque te habrás vestido así esta mañana.

JAIME

No es eso. Es que…

MARÍA

¿Qué te pasa?

JAIME

Mujer, que no se puede atracar a alguien que va en chándal. Corriendo por ahí, de buena mañana.

MARÍA

¿Ah, no? ¿Qué quieres, que te espere aquí hasta que te vistas de otra

forma?

JAIME

No es eso, no.

MARÍA

¿Entonces? Además, déjate de rollos. Tú lo que quieres es que yo me despiste para echarte a correr en cualquier momento.

JAIME

Podría haberlo hecho ya. No tienes mucha pinta de ir a salir detrás de mí.

MARÍA

Tú confíate. Mientras piensas en lo que yo sería o no sería capaz de hacer, ve soltando lo que lleves.

JAIME

Ya no te tiembla la mano.

MARÍA

¿Qué mano me tiene que temblar a mí, eh? ¿Qué mano?

JAIME

Justamente la mano de la navaja.

MARÍA (Con mano temblorosa)

¿A mí? ¿Esta mano, a mí?

JAIME

Esa mano, sí.

Breve pausa.

MARÍA

Porque… Porque… no estoy acostumbrada a levantarme tan temprano…

JAIME

Y… cuando te acuestes tarde…, te temblará la otra…

Pausa.

MARÍA

¡Venga, saca lo que lleves!

JAIME

Pero si no llevo nada. Mira: pañuelos de papel. Otro, de tela. Y…

MARÍA

¿Eso qué es?

JAIME

Nada.

MARÍA

¿Nada?

JAIME

Unas llaves.

MARÍA

¿Y la cartera?

JAIME

No llevo cartera.

MARÍA

¿Que no llevas cartera?

JAIME

No llevo cartera.

MARÍA

¿Y tu documentación?

JAIME

Cuando salgo a correr por las mañanas no suelo llevarla.

MARÍA

Y si te pilla la policía…

JAIME

¿Eres tú policía?

MARÍA

No, joder, no soy policía. Soy… una ladrona, ¿vale?

JAIME

¡Entonces!

MARÍA

¿Y reloj?

JAIME

Tampoco llevo reloj.

MARÍA

¿Y la hora?

JAIME

Que no llevo reloj. Ya te lo he dicho.

MARÍA

Digo, cuando quieres saber la hora…

JAIME

La pregunto.

MARÍA

¿Y alguna cadena?

JAIME

Ni cadenas, ni pulsera, ni nada…

MARÍA

¿Seguro? ¿Estás seguro?

JAIME

(Levanta los brazos, dándole la espalda)

¿Quieres cachearme?

MARÍA

No, no quiero cachearte.

Pausa.

JAIME (En tono paternal)

¿Que te pasa? ¿Tienes problemas?

MARÍA

(Ríe)

¿Problemas? ¿Que si yo tengo problemas? Claro, tengo un problema así de grande. Le echo huevos y paro a uno. Se ríe de mí aunque le amenazo con la navaja, y él me ofrece pañuelos de papel. Imagínate el problema.

Se guarda la navaja.

Venga, lárgate. (Se sienta en el banco libre)

JAIME

¿Ya está?

MARÍA

El qué.

JAIME

El atraco. Que si ya está el atraco.

MARÍA

(Furiosa) No te rías otra vez de mí, ¿eh? (Saca la navaja)

JAIME

Oye, no te pongas nerviosa. Has sido tú la que me has parado contra mi voluntad.

MARÍA

(Ríe) ¿Contra tu voluntad? De eso, para nada. (Guarda su navaja)

JAIME

¿Qué te parece? Para nada, dice. Para nada. Si yo saco una pistola y tú vienes corriendo de hacer tus ejercicios, para perder un poco de estrés, nada más que para eso, y yo te grito: quieta, esto es un atraco. Y yo, luego, dudo de que te hayas parado contra tu voluntad, ¿te gustaría?

MARÍA

Lárgate, tío. ¡Qué mal rollo! Eres un tipo rancio, ¿eh?

JAIME

Oye, no me insultes.

MARÍA

No te estoy insultando.

JAIME

Pues contéstame.

MARÍA

¿Que te conteste…?

JAIME

Sí, hombre, sí. ¿Es tan difícil?

MARÍA

Dime la pregunta. Pero sólo una pregunta. Y te largas.

JAIME

¿Por qué has dado a entender que me ha parado porque he querido?

MARÍA

Porque es verdad. Y tú lo sabes. Ya puedes irte.

JAIME

(Tras pensarlo) Podría ser.

MARÍA

¿Lo aceptas? ¿Te vale mi respuesta?

JAIME

Ya te digo: podría ser.

MARÍA

Yo estoy segura.

JAIME

Me has hecho gracia, entiéndelo. Intentar atracar a alguien que está haciendo deporte. ¿Es que no has visto el chándal?

MARÍA

Joder, con el chándal. ¿Qué pasa? ¿Me vas a enseñar tú cómo he de hacer mi trabajo?

JAIME

¿Trabajo? ¿A esto le llamas trabajo?

MARÍA

¡A saber a lo que tú llamarás trabajo!

JAIME

En eso tienes razón…

MARÍA

Pues claro.

Breve pausa. María observa de reojo a Jaime.

MARÍA

Además, yo no pensaba robarte nada. Nada… de lo que tú has pensado.

JAIME

Para no pensar en robarme, lo haces bastante bien.

MARÍA

Tú no lo entenderías.

JAIME

¿Pero qué tengo que entender? Me has sacado una navaja, ¿no te acuerdas?

MARÍA

Sí, he sacado una navaja. Pero… es la única forma, a veces, de conseguir lo que una quiere.

JAIME

¿Y qué pensabas conseguir, con una navaja, de alguien…?

MARÍA

(Se adelanta)…que va en chándal.

JAIME

Eso es.

MARÍA

No entenderás la respuesta.

JAIME

Puedo intentarlo.

MARÍA

(Después de una pausa)  Palabras.

JAIME

¿Palabras? ¿Qué quieres decir?

MARÍA

Palabras. Conversación. Un rato de tu tiempo. Esas cosas.

JAIME

Estás loca. ¿Detienes a alguien a punta de navaja para que te dé un rato de su tiempo?

MARÍA

Es la única forma.

JAIME

¡Y una leche!

MARÍA

Ya te he dicho que no lo entenderías.

JAIME

Sí lo entiendo, pero no me lo creo.

MARÍA

¿Acaso te crees que soy idiota? ¿Te crees que no te he visto venir dando saltos como una cabra? Creyéndote en tu interior un hombre importante porque estabas cumpliendo con tu obligación de persona estresada… Otros no tenemos ni estrés. ¿Te das cuenta? No tenemos ni eso… Dejaré yo de saber que probablemente no llevarías nada de valor… Vivo en la calle, tío. Veo a alguien y ya sé lo que puede dar de sí… su bolsillo. En cambio, yo sólo corro cuando huyo de mi vida… Y mira dónde estoy.

JAIME

Es mentira. Una mentira tan grande como… (Confuso) ¿Y se supone que ya me has arrancado las palabras que querías? ¿O todavía tengo que seguir hablando?

MARÍA

Haz lo que quieras.

JAIME

Estás asustada, por eso…

 

(Si tiene curiosidad por leer lo que falta, no se prive: escríbame a

rbaguera@portalatino.net

y, con sumo gusto, se lo enviaré)