El arrebato de Marian

ESCENARIO:

Modernista oficina de un abogado de prestigio. Pulcra, brillante, aséptica. Es una de las tantas que hay en la misma planta. Al fondo está la puerta de entrada, amplia, alta, señorial, entre dos alargados y coloreados ventanales de cristal esmerilado, que da al ancho pasillo por el cual se accede a esta y a otras oficinas. Al abrirse la puerta se ve un trozo de pared, de un ventanal y parte de la puerta de la oficina que hay frente a ella. La decoración interior es agresivamente modernista. Elementos Imprescindibles: una mesa que es una tabla de sinuoso y sofisticado perímetro, con un cajón a cada lado por debajo, y sostenida por un esquelético caballete cuyo diseño es del mismo estilo y que está situada en el centro de la estancia, hacia el proscenio, de cara a la puerta de entrada, de modo que al sentarse en el sillón que se tiene enfrente se da totalmente la espalda al espectador. Frente a ella hay dos sillones a juego. Todos llevan ruedas. Sobre la mesa, un lujoso y estrambótico teléfono, una lámpara de complicado armazón y bandejas portapapeles. Distribuidos por la oficina: varios archivadores, un par de estantes con libros, un rincón de mesita con lámpara, florida jardinera luminosa con enredadera artificial y un par de sillones vistosos e incómodos. Dos o tres cuadros, que parecen esculturas, cuelgan de las paredes. En un lugar bien visible, una peana con un busto (a medias pintura, a medias escultura) del actor que encarne a JULIÁN PÉREZ, de un enigmático acabado.

La luz es indirecta: multitud de diminutos focos ocultos proyectan

su luz desde el techo, paredes, rincones...

PERSONAJES:

JULIÁN PÉREZ.

ELSA BORGOÑO: Acento francés.

Todavía OSCURO, parpadean y se van encendiendo

luces fluorescentes que provienen de plafones situados en el techo del pasillo del fondo. La luz penetra en la oficina por los ventanales de ésta. Va llegando, poco a poco, el ruido característico de ajetreo de una planta con diversas oficinas adosadas: teléfonos que comienzan a sonar y nadie descuelga, correteos de hombres y mujeres con prisas y tacones, etc. Alguna silueta se ve cruzar a toda prisa por el pasillo.

Se hace la luz en escena (en la jardinera, en una lámpara auxiliar y la general), como si alguien la hubiera encendido desde el pasillo, y a continuación se abre la puerta. En el umbral aparece JULIÁN PÉREZ. Es un hombre elegante, se conserva joven

-quizás con ayuda de quirófano- para su edad. Lleva traje de costoso corte, y corbata con toque de estudiada originalidad. Está detenido, apoyándose chulesco con un brazo en el marco de la puerta y sosteniendo en la otra mano un lujoso maletín. Se escucha el ruido de unos pasos de mujer que se acercan. JULIÁN, que estaba esperando, la mira con descaro cuando ella pasa por su lado. Lanza una breve risilla de suficiencia, y con una determinada entonación, la cual solamente se podría definir como de "premeditado acoso sexual", dice:

JULIÁN:

Buenos días, Marta.

Después se ve la silueta de la mujer, quien no ha respondido al saludo, atravesar por el ventanal de la derecha y seguir su camino. JULIÁN asoma la cabeza para ver alejarse a la tal Marta. Luego, sonriendo, cierra la puerta. Deja el maletín sobre la mesa, lo abre, saca su agenda y la consulta, hace una imprecisa mueca y deja caer la agenda en la mesa. A continuación se quita la chaqueta, quedándose en refinado chaleco, y cuelga aquella cuidadosamente en una percha. Conecta "el hilo musical" y se sienta tras la mesa dando la espalda al espectador; enciende la lámpara, abre un cajón, saca un espejo, que sitúa sobre la mesa, y un peine. Se peina con calma. Limpia el peine con esmero en un pañuelo de papel que ha sacado del mismo cajón, y cuando acaba, lo guarda en su sitio. Luego coge el espejo y se mira en él acercándolo y retirándolo y deteniéndose en algún pequeño detalle insatisfactorio que él aprecia en su cara. Quizás la indeseable sombra de un futuro grano. Se observa el interior de la boca frente al espejo. Tiene algún problema en una muela...

Mientras, poco a poco, la planta de oficinas parece haber ido normalizándose: por el pasillo, el ir y venir de los empleados se hace más intermitente... Los teléfonos son atendidos en cuanto suena el primer timbrazo...

A partir de este instante, en cualquier momento, se abre la puerta del despacho e irrumpe en él Elsa Borgoño.

Es una mujer atractiva, alta (que además se apoya sobre zapatos de largos y finos tacones), lleva peluca, y sus ojos desprenden un brillo singular... Hay en ella, además de la peluca, un algo visiblemente "artificial". Va exageradamente maquillada, y viste un abrigo de piel sintética que le llega hasta los tobillos. Un par de broches adornan el abrigo (uno es la reproducción en miniatura de un racimo de uvas negras; el otro, imitando oro, la cara de una desconocida diosa); de su cuello, del "mismo material" que el broche de la diosa, cuelga un grueso cordón. ELSA remata los adornos con diversas pulseras en cada muñeca, también de cualquier metal que no sea de los llamados nobles. Cubre sus manos con unos finos guantes que imitan un pedazo de piel de leopardo, y sobre ellos, a razón de uno por dedo, anillos brillantes, que parecen de oro, rematados con "piedras preciosas"... Cuelga un voluminoso bolso de uno de sus hombros, y en una mano lleva una bolsa grande de plástico de uno cualquiera de los conocidos como "grandes almacenes".

En cuanto entra ELSA, JULIÁN esconde apresuradamente el espejo y pone ante sí cualquier papel de los que tenga sobre su mesa. Agacha la cabeza y hace como que está tan absorto en su trabajo que no se ha dado cuenta de su llegada. La mujer cierra la puerta y se queda mirándolo.

ELSA:

(Habla y se mueve constantemente de manera sensual. Es provocativa y de dulce voz) Buenos días. Perdone...

JULIÁN:

(Sigue disimulando con su lectura)

ELSA:

(Alza un tanto la voz) Perdone, ¿es usted don Julián Pérez?

JULIÁN:

(Ni caso)

ELSA:

(Para sí. "Haciéndose la confundida", da media vuelta como para salir)

No sé... Tengo que haberme equivocado de despacho. Este imbécil no puede ser mi don Julián Pérez. (Abre la puerta)

JULIÁN:

(Ahora sí alza la cabeza. Mira a ELSA, que le da la espalda. Se aprecia como JULIÁN la repasa de pies a cabeza) ¡Oh! (De "no está mal")

ELSA:

(Sin volverse. Con inocente picardía) ¿O...?

JULIÁN:

(Tose. Disimula) ¿Decía...?

ELSA:

(Se vuelve. Más "inocente") Ahora, "o". Antes, buenos días...

JULIÁN:

(Más exagerado que el de antes) ¡Oh! (Que admira su belleza)

ELSA:

(Inocentísima) ¿O...?

JULIÁN:

(Algo desconcertado) O... (Carraspea)...que buenos días.

ELSA:

O... buenos días.

JULIÁN:

(Consulta su agenda) ¿Tenía cita para esta mañana?

ELSA:

No, no... Yo no sé todavía...

JULIÁN:

Supongo que habrá hablado con mi secretaria. No me ha

avisado de... (Se interrumpe. Coge el auricular)

ELSA:

(Turbada, baja la cabeza) No, tampoco... (JULIÁN, tras un breve

instante de duda, cuelga)

JULIÁN:

¿Entonces...?

ELSA:

(Mira apenada a JULIÁN)

Breve pausa

Si... me quedo, sea quien sea usted, acabará enfadándose conmigo... Será mejor que me vaya. (Da media vuelta)

JULIÁN:

(Rápido) ¡No; espere!

ELSA:

(Se vuelve hacia JULIÁN) (Mimosa) ¿No se enfadará...?

JULIÁN:

¿Y por qué había de enfadarme, mujer?

ELSA:

No sé. Está todo el mundo tan enfadado hoy en día...

JULIÁN:

Siéntese, por favor. (Se levanta. Avanza. Le señala un sillón)

ELSA:

¿Pero es usted...?

JULIÁN:

Julián Pérez; sí..., señora.

ELSA:

(Sin moverse de su sitio. Con evidente falsa desconfianza) ¿El abogado en persona, o un... ayudante suyo?

JULIÁN:

(Convincente) No, no, el abogado. (Sonríe) En persona.

ELSA:

(Ruborizada) ¿Entonces me ha oído antes, cuando he...?

JULIÁN:

No. No he oído nada que no fuera de mi... incumbencia.

ELSA:

¡Oh! (De excesiva admiración y mucho entendimiento)

JULIÁN:

(Avanza hasta ELSA. Cierra la puerta. La coge de un brazo)

Discúlpeme, por favor. Es que estaba... ensimismado, con mis cosas.

ELSA:

(Con exagerada cara de extrañeza) ¿Don Julián Pérez? ¿No... me

engaña? ¿El famoso abogado experto en divorcios... complicados?

JULIÁN:

¡Tanto como "famoso"...!

ELSA:

(Se arrima un tanto a JULIÁN y baja la voz) ¿El... aspirante a diputado?

JULIÁN:

(Con cara de sorpresa. Sin poder disimular su alegría) Oh, las noticias...

ELSA:

(Lo corta) Tienen alas, sí. Y más alas todavía si fueran desagradables.

Mas como no es su caso...

JULIÁN:

(Algo confuso) No, no es mi... caso.

ELSA:

(Entorna los ojos y lo mira con devoción) Usted ya es casi, casi, diputado.

JULIÁN:

(Sonríe) Yo no diría tanto.

ELSA:

(Simpática e intencionada) Ah, lo pensaría. ¡Ya lo habrá hasta soñado alguna vez! Todos soñamos, ¿no?

JULIÁN:

(Poniéndose serio) Bien, ¿quiere pasar?

ELSA:

(Terca) ¿Pero es usted o no es usted don Julián Pérez?

JULIÁN:

Sí, sí, yo mismo. Ya se lo he dicho.

ELSA:

¡Oh! (Lo mira con desbordante admiración de arriba abajo)

JULIÁN:

(También la mira de cabeza a pies, con distinta admiración)

Pausa breve.

Y... por favor, sólo Julián. Para... usted.

ELSA:

(Exageradamente sorprendida) ¿Sólo... Julián? ¿Sin "don" ni nada delante?

JULIÁN:

(Aguanta un amago de carcajada. después sonríe) Sin... "don". Ni... nada.

ELSA:

(Siente un escalofrío en el cuello) ¡Oh!

JULIÁN:

Entre estas cuatro paredes... claro está. No vayamos a querer ahora traspasar las barreras del...

ELSA:

(Lo corta. Con un hilo de voz, mirando al vacío) ¡Sólo... Julián!

JULIÁN:

(No deja de sonreír) Solamente... Un gesto de... cortesía.

ELSA:

(Extasiada. Lo mira, exagerada) ¡Oh! (Se lleva despacio, teatral, una mano al pecho, a la altura del corazón) ¡Oh!

JULIÁN:

(Risilla de suficiencia) Comprenderá que fuera de aquí...

ELSA:

¡Oh! ¡Oh! (Con los ojos en blanco, a punto del desmayo) No siga, no siga por... ese camino... Me siento ahora mismo tan halagada... Pueden significar tanto..., un día..., cuatro paredes... En la vida de una mujer... ¡Oh! Lo comprendo, lo comprendo.

JULIÁN, aunque desconcertado por la actitud de ELSA, la observa como intentando recordar algo cuando, en ocasiones, pronuncia "G" POR "R" en algunas palabras.

JULIÁN:

(Sujetándola "con mimo" por la espalda) Apóyese en mí, mujer.

ELSA:

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