ESCENARIO:
Dormitorio de un
monarca. Visto desde el espectador, una gran cama preside y ocupa la parte central. A un lado,
una suerte de mesa de noche. A los pies de la cama, una alfombra; a su derecha,
arrimado a la pared, un escritorio con su silla o sillón correspondiente.
Colgados de las paredes, algún tapiz, un estandarte, un cuadro. Encima de la
cama, en la pared, una fotografía enmarcada de un hombre anciano de generosa
frente y larga melena trasera blanca y con una corona, la misma que realmente
se utilizará en escena. Los colores de todo el mobiliario, alfombra, corona,
estandartes (sin identificación alguna), cuadros..., son todos vivos, uniformes
y distintos: una cosa, roja; otra, azul; otra, verde; etc. Solamente el color y
textura de las paredes dan la sensación de pertenecer "de verdad" a
un palacio. No hay ventanas, sólo una puerta ancha y alta de doble hoja, a la
izquierda.
PERSONAJES:
REY:
Encorvado, un
hombre muy anciano de baja estatura.
SECRETARIO:
Es también un
anciano, aunque no camina tan encorvado, alto y recio.
Ambos personajes se parecen tanto físicamente que
podrían confundirse si no fuera por su diferencia de estatura.
Al
tiempo de encender la luz de escena se ve al SECRETARIO con una mano puesta en el interruptor.
Viste un largo camisón que no le sienta nada bien y va descalzo. Calva amplia,
melena trasera blanca y enmarañada, cara de sueño.
SECRETARIO:
(Tras arreglarse
ligeramente el cabello y refregarse los ojos) ¿Llamaba su...? (Bosteza aparatosamente)
¿..."graciosa" majestad?
REY:
(Está metido en la cama, coronado, sentado y arrebujado entre almohadas. Tiene una amplia calva, y una larga melena blanca. Las manos cruzadas a la altura del abdomen. La mirada perdida. Al oír lo de "graciosa", se agita, y se apresura por sacar de un vaso que hay en algún sitio su dentadura postiza. Se la coloca. Muy extrañado, alerta, asustado)
¿Graciosa...?
¿Por qué "graciosa"...? ¿Nos hemos trasladado a Ingla
SECRETARIO:
(Rápido) No, majestad; su excelencia
continúa en...
REY:
(Rápido también,
aunque da un sonoro respiro de tranquilidad) ¡Ay! ¡No! No lo pronuncies. Si
seguimos en donde siempre hemos estado, me lo sé de carretilla. (Interesado) Aunque insisto,
porque la intriga me puede: ¿por qué "graciosa"?
SECRETARIO:
(Bosteza,
despierta, reacciona. Se excusa) Pues... no sé. En último caso, no quise decir
eso... Bueno, sí. Sí se me escapó, sería porque aun sin querer decirlo, lo
dije. Por eso...
Pausa.
El rey lo observa, alza las cejas, se rasca la
corona.
(Como explicación) Acabo de auto
psicoanalizarme, como ya habrá deducido su majestad adelantándose a esta
innecesaria explicación mía, y el resultado del análisis, el cual ya sabrá
también su majestad hace tiempo, es ése sin que quepa ninguna otra posibilidad.
(Se levanta el
camisón y se rasca una rodilla)
REY:
(Estupefacto, se acaricia la barbilla) (Piensa en voz alta) Ah, un rápido resultado para tan complicado análisis. Aunque tengo... fundadas… (Tuerce la cabeza para mirar al secretario, quien sigue rascándose su rodilla con inspirado ahínco)
(Frunce el ceño) ¿Qué haces?
SECRETARIO:
Rascarme, majestad.
REY:
(Asustado) Con ese ímpetu te vas a hacer un
agujero.
SECRETARIO:
(Que sigue en su labor) No creo que
llegara a hacerse tan grande como... Como el que se ha hecho su majestad en la
corona, de tanto rascársela.
REY:
(Enérgico, apuntando al techo con un dedo
índice)
Cuando la corona pica, hay que rascársela.
SECRETARIO:
(Sigue igual) Y la rodilla...
también.
REY:
Venga, venga, acelera.
SECRETARIO:
Ya está.
REY:
(Piensa un
instante) Decía... que tenía serias dudas con respecto a la
veracidad del resultado de tu análisis psicológico..., aunque yo he llegado a
la misma conclusión: una explicación sincera la que has dado, en cualquier
caso, y... enigmática, cuando menos, sí señor. (Pensativo) Graciosa... Y así, espontáneamente...
SECRETARIO:
(Que quiere arreglarlo) Es que su
excelencia me ha cogido totalmente dormido, y...
REY:
(Observando su
aspecto) Eso lo veo yo sin necesidad de que tú me lo
expliques. Vas en camisón.
SECRETARIO:
Duermo
con camisón; con uno igual como el que lleva puesto su majestad.
REY:
Yo estoy en la cama.
SECRETARIO:
Si es su deseo el
que yo me meta en su cama...
REY:
No.
Prefiero que sigas en camisón. Pero de pie. Y ve despejándote, porque nos
aguarda una noche muy larga. Crucial. Histórica. Memorable. Mmmm... (Queda pensativo)
SECRETARIO:
(Cansado. Aburrido) Mientras su majestad decide la categoría de noche que, con todos los respetos, va a darme, ¿yo puedo echarme una cabezada en la alfombra? (La señala)
REY:
(Sigue pensativo) No, no puedes.
SECRETARIO:
Sí, sí puedo,
majestad. Tengo sueño. (Bosteza) Me dormiría al instante.
REY:
(Enérgico) Es que quiero que sigas despierto.
¿No lo entiendes?
SECRETARIO:
Como ordene su... (con intención)
"graciosa" majestad.
REY:
(Se vuelve hacia
el secretario, furioso) Ya has dicho "graciosa" una vez, y lo
hemos entendido y perdonado. ¿Y vuelves a repetirlo?
SECRETARIO:
(Falsamente avergonzado) Yo...
REY:
(Chilla) Tú, sí.
SECRETARIO:
(Excusándose) Pues me ha vuelto
a salir inconscientemente. No era mi...
REY:
(Lo corta) Mira, no
continúes pretendiendo justificar lo injustificable. Lo has dicho, pues dicho
está. (Mientras habla,
plancha el cobertor con la palma de una mano) Cállate, si no; si
lo que has de decir puede conducir a error a quien lo escuche. Sobre todo
cuando soy yo quien ha de escucharlo, que todo hay que decirlo.
SECRETARIO:
(Falsamente
nervioso. Intenta ser convincente) Es demasiado duro, majestad,
consigo mismo. Pues su majestad ha tenido también a lo largo de su vida
momentos muy muy
brillantes, si no esplendorosos..., de... buen humor y… majestuosa y fina
ironía; aunque ahora le escasee la sonrisa y le tiemble el pulso de la alegría.
Las preocupaciones…, es
de entender...
REY:
¿Andabas
en sueños haciendo un curso de diplomacia? (El secretario sonríe, va a decir algo pero se le adelanta el rey) Vamos a ver:
"también". ¿Qué significa "también"?
SECRETARIO:
¿Que qué
significa... también?
REY:
¿Qué te sucede?
SECRETARIO:
(Turbado) Su pregunta, señor, así, de
repente...
REY:
¿Y cómo quieres
que te haga la pregunta, en cómodos plazos lingüísticos?
SECRETARIO:
Si fuese su noble
lengua quien así lo demandase…
REY:
(Duro) ¿No has sido tú quien ha usado el
término?
SECRETARIO:
(Inocente) Sí..., yo, mismamente.
REY:
(Alterado) Pues sabrás cuál es su
significado. Dímelo.
SECRETARIO:
(Desconcertado) Su significado
es... como decir asimismo, igualmente...
REY:
(Como si
esperara la palabra) Eso es: "igualmente". (Irritado) ¿Igualmente que
quién, a quién, comparado a quién, a la vida de cualquiera en su relación
social, he tenido yo "igualmente" momentos "esplendorosos"
de humor y no sé cuántos? Contéstame, si sabes.
SECRETARIO:
(Piensa un instante) En este momento... No, no sé
contestarle, majestad. (Pronuncia "majestad" con doble
intención)
REY:
(Se mosquea, al oír dicha palabra, pero sigue con lo
que estaba; e igual de irritado) Claro. ¡Cómo vas a saber! ¿Es que
no ves, al igual que yo, de la clase de gente que estoy rodeado?
SECRETARIO:
(Quitándole
importancia)
Gente, a secas.
REY:
(El enfado va a más) Gente, sí. Pero ellos están como
mudos a mi lado y yo a su lado estoy como mudo. Porque no hablamos. De nada. Y
de "secas", poco. Mojadas y bien mojadas. Que para eso vienen:
fotografía, sonrisa, escasa, pero sonrisa, y ¡hala!, luego a "mojar"
en donde se pueda..., que uno es íntimo del rey. ¡No te digo...!
SECRETARIO:
(Suavizando.
Humilde)
Majestad, hay excepciones que valen mil generalizaciones.
REY:
(Testarudo) Indudable, indudable; pero para
encontrarse con una sola de esas excepciones hay que tragarse las novecientas
noventa y nueve generalizaciones restantes. Y la mayoría tienen regusto amargo,
a camelo, a engañifa, y dejan un tufo en el ambiente que...
SECRETARIO:
(Echándoselo
en cara)
Bueno, pero rey sólo hay uno. Que el saberlo siempre ayuda a llevar la
monotonía del cargo.
REY:
(Defendiéndose
de la agresión) Qué sabrás. ¿A cuántos reyes más has servido?
SECRETARIO:
(Sonríe,
se frota las manos) Si sumo a su excelencia, a cuatro.
REY:
¿Cuatro...?
¿Cuándo? ¿Dónde? (pensativo) ¿Y los otros tres?
SECRETARIO:
(Solemne
y como de memoria) Tres es el número de reyes en los que en su persona
se aúnan; más uno, que es usted mismo, suman cuatro. No hay error.
REY:
Ya.
(Guiña un ojo) Esa perdiz que acabas de levantarme no pienso
cazarla. ¿Y quieres saber la razón? Bueno, da lo mismo si quieres saberla como
si no; voy a explicártela de todas formas: esa perdiz no vuela porque no tiene
alas, ni come trigo; hace agujeros bajo la tierra, come lo que puede y se llama
topo. ¿Has comprendido?
SECRETARIO:
(Mueve
negativamente la cabeza) Pues no.
REY:
Piénsalo. El
resultado de tus pensamientos puede llegarte a ser beneficioso.
Pausa.
(De pronto,
mira al secretario. Se rasca la corona. El secretario, instintivamente, se
levanta el faldón y se da en una rodilla una rápida rascadura) Veamos: ¿qué te
pasa? ¿Lo sabes ya?
SECRETARIO:
¿A mí? Ha sido
"usted" quien me ha llamado.
REY:
(Paternal. Comprensivo con el ignorante) ¿Hacia dónde
quieres mirar ahora? ¿Qué persigues, desinteresándote del problema central,
buscarte una excusa para complacerte?
SECRETARIO:
(Seguro de sí. Sabe que lo que dice no es para
menos)
Jamás, señor. Si se vuelve la vista, nunca podrá verse de frente el problema.
Aunque no renunciaría a mis ideales; (pelotillero) pero como no son
distintos a los que usted tiene...
REY:
(Quitándole
Importancia)
Coincidencias.
SECRETARIO:
Con toda seguridad.
Pausa.
¿Puedo hablar?
REY:
Como hasta ahora
lo has hecho. Incluso más claro.
SECRETARIO:
(Preocupado) Me pasa algo,
exactamente.
REY:
Lo sabía...
SECRETARIO:
Me pasa lo mismo
que a usted.
REY:
(Serio,
extrañado) ¿Lo
mismo que a mí?
SECRETARIO:
Exactamente lo
mismo; en este preciso instante.
REY:
(Se quita la corona, se la rasca donde le pique y se
la pone)
Explícate.
SECRETARIO:
Gustoso,
señor. El insomnio produce alteraciones en la mente de la persona, y estas
alteraciones conducen a desvaríos varios; respetuosos, reales, pero desvaríos.
(El rey comienza a golpear sobre el cobertor) Puedo avisar, con
su beneplácito, a su médico para hacerle una consulta como si se tratara de
algo personal e íntimo mío, y de paso....
REY:
(Grita. Pero sus gritos ahora los dirige a la
persona, no al secretario) Déjate de bobadas ya. Olvídate de tu terminología
protocolaria y nos entenderemos a la perfección, como siempre. Pero, antes,
aclárame: ¿lo de "majestad", esto; "majestad", lo otro...,
a cuento de qué?
SECRETARIO:
¿Con sinceridad?
REY:
Con ella.
SECRETARIO:
(Familiarmente
alterado)
Pues, pues por lo intempestivo del horario. No se puede ir molestando al
personal a las tantas de la madrugada por una estupidez cualquiera, por muy
"real" que esta sea.
REY:
¿Así que me
aplicas la honra cuando yo te deshonro...?
SECRETARIO:
(Mayor
familiaridad)
El sueño. Cuando su "majestad" me deshonra el sueño. Eso es. Así de
sencillo te lo pongo. (Se frota los ojos. Se chupa los dedos)
REY:
¿Qué haces?
SECRETARIO:
Chuparme los dedos.
REY:
Eso lo estoy
viendo. Pregunto que para qué.
SECRETARIO:
He tenido un sueño
muy rico.
REY:
(Deduce) Palabras enigmáticas...,
respuestas más enigmáticas todavía..., y de los actos para qué hablar. Eres un
hombre totalmente enigmático. Todavía no he llegado a conocerte del todo.
SECRETARIO:
Sabia y
"real" deducción.
REY:
Lo
de sabia me ha sonado en los oídos como una dulce música... (Piensa
en voz alta)
"Dulce música...", ¡qué cursilada! (irritado) Como si no lo
hubiera dicho. ¿Oído?
SECRETARIO:
Oído.
REY:
Lo dejamos en que me ha sonado bien. Con naturalidad. ¿Lo dejamos en
eso?
SECRETARIO:
Qué remedio....
REY:
(Grita) ¡No quiero obediencia! ¡Ni compasión!
¡Ni consuelo! ¡Quiero entendimiento! (cambia, se
tranquiliza)
¿Lo dejamos en eso?
SECRETARIO:
Entendimiento…
REY:
Eso.
SECRETARIO:
(Con
convicción)
Lo dejamos.
REY:
Ahora sí me has
convencido. Pero lo de "real" podías habértelo ahorrado.
SECRETARIO:
(Con total naturalidad) Pues lo he dicho
con toda la mala idea con que he podido.
REY:
Siendo
así, será oportuno ignorarlo.
Breve pausa.
¿Tú qué harías ante un caso así,
en plena calle por ejemplo?
SECRETARIO:
¿Yo? Chuparme los
dedos. Eso desarma a cualquiera. Aunque se tratara del mismísimo rey.
REY:
No está mal la
idea. A ver... (Se chupa los dedos)
SECRETARIO:
(Exageradamente dramático, falso, teatral. Tapándose
la cara con un brazo) No hagas eso, te lo suplico. Si no lo hago yo, pero
veo hacerlo, me da una dentera terrible. Y la dentera me da por imaginar que me
crecen y crecen los dientes hasta adquirir el tamaño de los de un burro,
entonces me creo que soy un burro y me es inevitable el manifestarlo en voz
alta.
REY:
(Se detiene instantáneamente. Ambos se miran con
complicidad fijamente. Después, alza una mano con los dedos abiertos, y hace un
brindis)
¡Por nuestra amistad!
SECRETARIO:
(Inclina
la cabeza)
Por ella.
El rey se chupa
los dedos de una mano. La expresión de su cara, exagerada, desencajada, es la
de un sádico que disfruta viendo sufrir a alguien. El secretario rebuzna un
rato.
REY:
(Al poco. Como si nada hubiera ocurrido de lo
anterior)
Bien, íbamos en que eras un hombre enigmático.
SECRETARIO:
¿Estás seguro de
que...?
REY:
Completamente.
Y si no, recapitula: tú te estabas chupando los dedos así. (Lo
hace otra vez. Espera la reacción del secretario)
SECRETARIO:
Buena memoria.
REY:
¿No rebuznas?
SECRETARIO:
(Con
decisión)
No. Que yo sepa, sólo rebuznan los burros. Y a mí para burro me faltan
condiciones.
REY:
¿Pero hace un
momento...?
SECRETARIO:
Hace un momento ya
no es ahora.
REY:
(Piensa.
Se decide)
Voy a olvidar tus disparates. Pero que no sirva de precedente.
SECRETARIO:
(Solemne) No servirá, si no
sirve a mi rey.
REY:
¡Coño!, esa frase
me suena.
SECRETARIO:
¿Y eso?
REY:
¿Qué?
¿Lo de la frase? Hay frases que no sabes exactamente por qué... Seguramente
será el inconsciente quien... Como a ti mismo te ha sucedido cuando...
SECRETARIO:
(Lo
corta)
No, lo de... coño, sin venir a cuento.
REY:
A ti no te vendrá
a cuento, pero a mí me salido de mi "real" alma.
SECRETARIO:
(Duda) Pero coño en boca
de un "rey"...
REY:
(Convincente) Pues mira, sonará
a coño real. Y poco más.
SECRETARIO:
(No
se resigna)
Pues yo lo veo de mal gusto.
REY:
¡Qué sabrás tú de
gustos reales!
SECRETARIO:
Pues llevo...
REY:
Además,
en la boca de un verdadero rey han de caber todas las... palabras, y deben
salir también por ella cuantas más mejor. (Grita,
espontáneo)
¡Es el ejemplo del pueblo! (Se
excusa)
Y si la cosa es en privado..., el dislate le guarda proporción a la baja.
SECRETARIO:
(Nada
convencido)
Aun así...
REY:
¡Aun así! ¡Aun así!
SECRETARIO:
(Gesticula
con una mano. Se conforma) Bueno, bueno.
REY:
(Hace
memoria) Íbamos
por lo de que tú eras una persona enigmática.
SECRETARIO:
(Niega
con la cabeza)
Eso ya lo habíamos solventado.
REY:
¡De eso nada!
SECRETARIO:
(Con
cansancio exagerado) Pregunta; estás en tu "real" derecho.
REY:
(Grita. Salta de la cama) ¡Ponte de rodillas!
SECRETARIO:
(Atónito)
¿Que
me ponga...?
REY:
¡Y con los brazos
formando una cruz!
SECRETARIO:
(Cambia,
pelotillero)
Pero si yo soy su humilde servidor...
REY:
¡Bueno, pues te arrodillas "humildemente", pero de la forma
que te ha ordenado tu rey!
SECRETARIO:
(Arrodillándose) Y si me da por
eructar...
REY:
Pues eructas.
SECRETARIO:
(Medita)
No
creo que sea capaz de eructar en su presencia. Ni inconscientemente. Ni aunque
tuviera su autorización por escrito.
REY:
Pues yo tengo mis
dudas. Lo comprobaremos...
El rey busca algo para colocarle
en las manos. Sobre una, le pone un abultado libro. El secretario aguanta el
supuesto peso de éste sin inmutarse. En la otra mano, porque no halla otra
cosa, le sitúa la corona. Entonces ese brazo se le cae poco a poco como si no
pudiera resistir el peso.
(Riendo irónicamente) ¿Qué, te pesa la
corona? (ríe) Pues yo la llevo a diario. Y en la cabeza.
SECRETARIO:
(Se
le escapa un eructo) ¡Uy!
Ya se lo advertí.
REY:
Es igual. Es natural. Es lo de
menos, vaya. Repite por tres veces mentalmente que no volverás a pronunciar la
palabra "real" hasta que yo te lo permita. ¡Y esto sí debe ser por
escrito!
SECRETARIO:
(Instantáneamente) ¡Ya está!
REY:
¡Qué rápido!
SECRETARIO:
Mucho.
El rey le quita la corona y se la
pone él.
REY:
Puedes ponerte en
pie. Y ahora, dime: ¿siempre que sueñas te chupas los dedos?
SECRETARIO:
No, siempre, no.
REY:
He dicho que
puedes ponerte en pie.
SECRETARIO:
Gracias, pero
prefiero estar de rodillas.