Domingo por la tarde

 

ESCENARIO:

 

Parque. Una farola, un par de bancos.

  

PERSONAJES:

                       

FINA.-

CARMELA.-

MERCHE.-

 

CARMELA y FINA están sentadas en uno de los bancos. MERCHE, de pie, mira al lado opuesto, a lo lejos.

FINA

Tú eres demasiado confiada, Carmela. Eso es lo que te pasa. Si tuviera que luchar contra mí… ¡vamos! Pues buena soy yo para esas cosas.

CARMELA

¿Luchar? ¿Por qué luchar? Un matrimonio no tiene por qué ser una guerra, Fina. Que no, que no. Estás totalmente equivocada. Escucha: si no llega más temprano, es porque no puede. Yo sé que Fabián es un hombre íntegro. Y honesto. No para de demostrármelo. Si hubiera algo por ahí escondido, si él temiera algo que yo pudiera descubrirle, como tú dices, me lo diría antes.

FINA

Sí, sí, te lo diría… Mira, a mí, mi Fabián, me llega a las cinco de la mañana a casa, diciéndome que viene de una reunión muy importante…

CARMELA

(La corta. Cansada) De cazar grillos, Fina. Te lo he explicado un ciento de veces. No confundas. De cazar grillos. Si a mí me dijera que viene de una reunión a las cinco de la mañana, no podría creerle. No se reúne con nadie a esas horas, que yo sepa.

FINA

¿Y de cazar grillos, sí?

CARMELA

Naturalmente.

FINA

Mmm… ¡Pero qué confiada!

CARMELA

Pero, ¿para qué iba a inventarse algo así?

FINA

Pues para que tú estuvieras tranquila en sus ausencias de madrugada. ¿No ves que eso es algo increíble?  

CARMELA

¡Fina!

FINA

Huy, qué corta eres. ¿No ves que esa es la conclusión a la que él quiere que llegues?

CARMELA

Qué retorcida eres.

FINA

No soy retorcida, Carmela. Es que los hombres ven siempre el más allá en donde sólo hay más acá. O sea, nosotras; bueno, las otras. Y a ellos sí se les retuerce el pescuezo de tanto volverlo para mirarlas. ¡A ellos! ¿Me comprendes? Si fueran pollos...

CARMELA

Pues como a nosotras. ¿O es que a ti no te gusta volver la cabeza cuando pasa alguno?

FINA

¿A mí? De eso, nada. Yo estoy en donde me corresponde. Las mujeres, en general, y yo en particular, estamos en nuestro sitio. Cada vez más. No andamos, como ellos, con urgencia de calentura en la sangre. Paciencia, eso tenemos; que todo llega. Y de nuestro tesón y buena voluntad, qué te voy a contar. Y miramos de frente. No te confundas.

CARMELA

¿Todas las mujeres son como tú dices? ¿Y todos los hombres de la otra manera? ¡Vamos!

FINA

Quien no lo sea, debería. Yo te lo digo.

Pausa.

¡Grillos! A las cinco de la mañana.

CARMELA

Vamos a ver: ¿cuándo están los grillos en su máxima plenitud expresiva? Dale que te dale a las alas, que debe de ser de cansado… ¡Hasta que no se acostumbren, de pequeños infantes lo deben pasar fatal! Dime: ¿cuándo? No me contestes. Yo te lo diré: durante la noche. ¿Cuándo quieres que vaya a cazarlos? ¿A plena luz del día? ¿Para venir de vacío? Su ego no lo soportaría.

FINA

¿Pero es que tú te crees de verdad que va a cazar grillos, Carmela?

CARMELA

Como que le ayudo a contarlos. Llega, me despierta con un beso. Es el beso más dulce de todo el día, ¿sabes? Y mientras yo pongo la italiana al fuego, él empieza a contarlos. Los va trasladando con mucha precaución de una caja a otra, y cuando yo llego, los terminamos de contar y nos tomamos el café. La misma rutina cada vez que sale de caza. Pero él es feliz. Y yo, de verlo.

FINA

¿Y tú no te has parado a pensar, aunque a ti esto de pensar se te antoje que es para hacerlo en un cursillo de aprendizaje de esos subvencionados, que pueden ser los mismos grillos de un día para otro?

CARMELA

¡Ay, los mismos grillos!

FINA

¿De qué te ríes? Los mismos grillos, sí. Son todos iguales. Negras como el café tostado que te bebes, las hembras. Y la raya amarilla en el cuello, los machos, pero también negros.

CARMELA

¿Cómo sabes tú tanto de grillos?

FINA

(Nerviosa) ¿Yo? ¿De grillos? Ni idea. No sé nada de grillos. Sé lo que todo el mundo. Ya está.

CARMELA

¡Los mismos grillos!…

FINA

¿Qué te pasa? ¿Es que les pones nombre?

CARMELA

Si te cuento una cosa, ¿no la dirás?

MERCHE orienta sus orejas hacia ellas.

FINA

¿Yo? Nunca. Jamás. ¿Cuándo me has contado tú a mí algo que yo haya

repetido? Me ofendes con la duda, Carmela. (Llora falsamente) Si no fuera porque me he hinchado a llorar esta mañana por culpa de mi “Fabián”, te enterarías tú de lo que es estar bañada en un mar de ésos de lágrimas…

CARMELA

Será por culpa de tu Julián, ¿no?

FINA

Claro, ¿por quién va a ser? Por Fabián.

CARMELA

¿Otra vez?

FINA

¿Qué pasa?

CARMELA

Que estás repitiendo “mi Fabián” constantemente.

FINA

Pues eso: Fabián.

CARMELA

¡Otra vez!

FINA

¿Otra?

CARMELA

Dices “mi Fabián”. Y que yo sepa, deberías decir “mi Julián”, que así es como se llama el tuyo, y no Fabián, que es el mío.

FINA

¿Y qué he dicho? Mi Fabián.

CARMELA

Acabas de repetirlo, Fina. Y tu marido se llama Julián. Es el mío quien se llama Fabián. Ya no sé cómo explicártelo.

FINA

Huy, es que estoy de despistada estos días… Tengo tantas preocupaciones que la cabeza se me llena de grillos.

MERCHE

(Con intención. Sin apartar la mirada de lo suyo)

Sí, sí…, de grillos.

FINA

Tú, cállate, Merche. Cállate, ¿eh? Que tienes mucho por lo que callar y bien poco por lo que hablar. Pues sólo faltaría que viniera esta…

MERCHE

Si yo hablara, Fina…

FINA

¡Qué!

MERCHE

Huy, si yo hablara.

CARMELA

¿Qué os pasa?

FINA

Nada. ¿Qué nos va a pasar? Aquí nunca pasa nada. (A CARMELA) Cuéntame ese secreto que yo no podré repetir nunca. Tú fíate de mí, que eso lo tendrás claro.

MERCHE

Clarísimo.

CARMELA

¿Un secreto?

FINA

Sí, ibas a contarme los nombres que les pones a los grillos, para reconocerlos, cuando se ha metido por medio la Merche.

MERCHE

Merche no se ha metido en nada. Merche está mirando a su hijo, que es lo que hace una buena madre. Una madre preocupada por el crecimiento de su hijo. Y no por los nombres que le pone a los grillos el marido de su amiga Carmela.

FINA

Cállate, eh, Merche. Cállate. Que tú tienes los ojos en los columpios y las orejas encima de nuestro banco. Que ya te conozco yo a ti.

MERCHE

Si lo que yo he hablado es como si no hubiera dicho nada.

FINA

Bueno. Pero hay miradas que parecen frases, Merche. Y tú te largas cada párrafo con los ojos que ya…, ya… Dime, dime, Carmela. No escuches a Merche que acabará hablándote de cómo trabaja ella su huerto. Y ahí tenemos más de una por lo que callar, ¿eh? Más de una.

CARMELA

(Por MERCHE) Cuenta, cuenta.

FINA

Primero, tú.

CARMELA

¿Yo?

FINA

Sí, tu seguridad en que nuestro Fabián se dedica a cazar grillos hasta las tantas de la madrugada.

CARMELA

¿Cómo… “nuestro”? ¡Otra vez!

FINA

¿He dicho nuestro? ¿Eso he dicho? Mujer, son todos tan parecidos…

CARMELA

¿Parecidos?

MERCHE

Todos los pájaros duermen con una pata encogida.

FINA

Cállate, ¿eh? Cállate.

CARMELA

Déjala. Ha dicho sólo algo de los pájaros.

FINA

De los pájaros. Pero ha querido decir otra cosa. Que a esta ya la conocemos.

CARMELA

A lo tuyo, Fina. ¿Que has querido decir con lo de “nuestro” Fabián?

FINA

Pues… No seas tan susceptible, Carmela. Eso, que no seas tan susceptible. Porque un poco mío, también es. Como mi Julián es un poco tuyo.

CARMELA

Ah, no. Yo tu Julián no lo quiero para nada.

 

(Si tiene curiosidad por leer lo que falta, no se prive: escríbame a

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y, con sumo gusto, se lo enviaré)