Igloolik

ESCENARIO:

 

           

                        Pedazo de casquete polar no muy grande. Nieve, iglú, charca, icebergs.

                                                           Un sitio blanco y fresquito.

 

 

 

 

PERSONAJES:

 

ESQUIMAL O TAYÀK y MUJER ESQUIMAL:

Son la misma actriz, con apariencia y rasgos de de esquimal.

GUSTAVO :

Un hombre europeo, joven e ingenuo golfista.

EL REPRESENTANTE:

Otro, ni tan joven ni tan ingenuo y sin procedencia definida.

 

 

Parte I

 

La escena está vacía y en penumbra cuando se abre el telón,  

aunque desde el escenario es posible que la blanquecina “mole de hielo” despida algunas extrañas formas hechas de luz a causa de su resplandeciente y acuático color o que la niebla - que a ras del suelo ocupa todo el escenario - siluetee en el espacio otras, que mueran al nacer.

Pero, al momento, en el Iceberg

- que “se mece” ocupando buena parte del fondo (lo vemos así, desde nuestra cómoda postura de espectadores)-, a considerable altura, se ilumina un punto de luz que se agranda imparable. (Imaginamos también que se está proyectando en una pantalla para audiovisuales camuflada en la propia fachada del supuesto Iceberg) El círculo de luz crece, aumenta considerablemente y resulta ser el Planeta Tierra. Observamos cómo éste realiza su movimiento de rotación normal. Aunque va adquiriendo velocidad a tal punto de no permitirnos distinguir en él Mares de Océanos ni Océanos de Continentes. El planeta azul es ya un conglomerado de celestes espirales sin definición. Pero inesperadamente un nuevo punto de luz emerge de lo que fue Europa, punto concreto que "atrapa" el "ojo" de la cámara para acercárnoslo paulatinamente. El ojo - objetivo de la cámara penetra y atraviesa en su atmosférico y veloz recorrido parte del Espacio Interestelar dejando atrás estrellas, meteoritos y basuras de toda índole: algún misil, algunos satélites artificiales y demás maravillas pululantes de nuestro cielo. Y súbitamente se queda estático ante una nueva imagen en primer plano: un círculo de césped, unos pies, un palo de los que se utilizan para jugar al golf y una bola que espera ser golpeada.

(Nosotros nos imaginamos estas breves filmaciones realizadas en su totalidad con medios informáticos)

 

En el ESCENARIO, simultánea (o no) a la proyección anterior, se desarrolla la siguiente acción: aunque la niebla no ha abandonado el espacio escénico, ya se distingue el Iglú; por el horizonte, vemos ascender un tímido Globo Anaranjado que nosotros interpretaremos como el Sol de la Antártida, y del iglú vemos salir a ESQUIMAL, con el estómago en un puño o menos todavía a causa del severo régimen alimenticio invernal, que se quita una primera chaqueta de piel y se despereza a conciencia. Al estirar los brazos, se cae.

ESQUIMAL:

(Gruñe con enfado)

                     Se levanta. Cae.

Penetra en el Iglú, entra y sale con un arpón. Otea el horizonte, escoge su charquita de la izquierda (la misma del verano pasado) en donde, tras estudiarla minuciosamente, toma posiciones de cazador

-ESQUIMAL acechando la salida de una foca-. De cuando en cuando, rasca el hielo con el arpón al lado de la charca. (De esta forma los esquimales engañan a las tontainas focas que antes o después salen para ver quién llama) 

    

 El anaranjado Sol se abre camino con dificultad entre la niebla. Esta, lentamente, asciende y se pierde en el espacio. El ESQUIMAL, paciente donde los haya, resiste sentado frente a su charca, deseoso de darle los buenos días a la primera foca que asome el hocico.

Acompañado al fondo por imágenes de un mar de hielos lejano y firmamento, ya se ve con mayor claridad el Iceberg. Toda esta "Mole de Hielo" nosotros creemos que se balancea suavemente en su Océano, como le sucedería a uno de verdad. El color que vemos es blanco en las zonas altas y gris con distintos tonos en las inferiores.

El Iceberg posee una Puerta-Túnel “natural” por donde este se podría atravesar o penetrar en un paisaje o dimensión distinta a la nuestra. Pero, lamentablemente, el espesor del Bloque de Hielo nos impide ver qué hay en el otro lado; solamente se adivina una cortina de luz azulada, quizás formada por partículas de agua, niebla y reflejos de otras luces desconocidas y esquivas.

En "Tierra Firme" (todo el suelo del Escenario que no es Iceberg u otros Bloques de Hielo) todo permanece estático. Bajo el Sol vemos algunas charcas y un camino trazado en el hielo de "forma natural", el cual se pierde por el lado derecho. En éste, la zona más elevada de tierra firme, se alza un Iglú sobre una isleta de hielo muy blanco. En el horizonte, por detrás del Iglú, pueden desplazarse y desaparecer pequeños bloques de hielo.

El Palo de Golf -volviendo a la proyección- golpea la pelota de derecha a izquierda en ese instante en el que el cazador esquimal acecha, y sale disparada cruzando la pantalla de extremo a extremo y entra realmente al Escenario por  la Puerta - Túnel que hay practicada en el Iceberg; y, botando, va a caer en la charca. Chapotea.

Sin salir de su asombro, el ESQUIMAL da un salto hacia atrás. Se agacha. Se frota las manos. Observa y repta arpón en mano hasta la boca de la charca. Superando su propia incertidumbre se arrodilla, observa e intenta pinchar la pelota con el arma varias veces.

Se enfada con el arpón y lo arroja lejos de sí. Asesta un zarpazo al agua y la pelota sale expulsada rodando hacia el centro de la escena. Se acerca lentamente a ella. La empuja con un pie un poco.

Se quita una manopla y toca la bola con fresquita curiosidad; después, la muerde furiosamente sin arrancarle un bocado.

Pausa. Piensa.

Busca y recoge el arpón; y de nuevo intenta pincharla. Se desespera y deja la pelota por imposible, quedándose ésta en el centro del escenario.

El ESQUIMAL se asoma a la charca acariciándose el estómago y frotándose las manos. Ríe. Husmea durante un rato a lo largo y ancho del paisaje. Repara varias veces en la pelota, pero no se acerca a ella. Entra en el Iglú y sale al poco con un filete de carne seca. Se sienta en la misma puerta de su casa y se lo come saboreándolo.

Entre bocado y bocado observa la pelota. Receloso con ella, reniega.                    

Da por terminada la comida y se despereza. Toma el arpón y mira fijamente la pelota. Se aproxima a ella y le asesta un golpe "sin querer" con la base de la lanza y la pelota rueda. La golpea nuevamente y cae casualmente en su charca. El ESQUIMAL la saca colocándola en el suelo, a prudente distancia, y practica en su juego recién inventado; este consiste en golpear la pelota con el arpón para lograr introducirla en la charca con el menor número posible de golpes.

 

Juega que te juega, cuando por la puerta – túnel aparece GUSTAVO . (GOLFISTA, dueño de los pies que se vieron en la pantalla apoyando aquel primer golpe a la bola.) Este se detiene en la Puerta-Túnel observando con asombro el juego del ESQUIMAL. GUSTAVO tiene frío y se frota a menudo brazos y cara con una y otra mano.

El ESQUIMAL, en cierto momento, da por finalizado su entretenimiento y se introduce cansado en el Iglú.

GUSTAVO sale del Túnel, se acerca a la charca y mide su diámetro con uno de los

palos de golf. (Lleva consigo un completo equipo de este juego) Asombrado, sin acabarse de creer cuanto ha visto, se dirige al Iglú, pero se arrepiente, regresa sobre sus pasos y descarga todo su equipo cerca de la charca. Tiene mucho frío y, mareado, se sienta.

 

En la Puerta-Túnel aparece El REPRESENTANTE. Trajeado, viste totalmente de negro a excepción de un lazo o pajarita de color. En una de sus manos lleva un enorme maletín negro. Se acerca a GUSTAVO.

EL REPRESENTANTE:

            ¡Amigo mío, es usted un hombre de mucha fortaleza!

                     El golfista, sin hacerle caso, sigue sentado pasando frío.

¿Manifestaciones externas de esta afirmación? Sin duda alguna, señor mío, lo son sus largos brazos, su robusto cuello, su caja torácica, que más que caja parece un vagón de mercancías... En fin, multitud de detalles más que hacen de usted un ser musculoso; pero, eso sí, sin caer nunca en la chabacanería del concepto. ¡No sé si me hago entender!...

Pausa. Le observa.

¿Sí? ¡Bien! El golf, amigo mío, ya se lo he repetido en otras ocasiones, es un juego hecho para pacifistas, para seres endebles; y no significa esto que yo esté en este momento sugiriéndole que ejerza tareas guerreras, ¡no!, ¡no! No hay nada más remoto que esto en mi pensamiento... ¿Cómo podría yo atreverme a...? ¡No! ¡No! No es mi deseo verle a usted enfadado. Pero ha de reconocer conmigo que el golf es un deporte que no ha sido inventado, precisamente, para que usted, con... esa fortaleza física, lo practique. Debería hacer anillas... Barras..., incluso el lanzamiento de disco...

                     Se interrumpe y ríe.

Aunque... aunque esto de los lanzamientos, no se le da demasiado fggglll... ¡Caramba, ya empezamos...! Demasiado bien, decía. Porque... Porque en esta ocasión, amigo mío, se ha excedido usted al golpear la pelotita... (Ríe)

El REPRESENTANTE coloca el maletín al otro lado de la charca; y de él extrae una mesita plegable que monta con cierto ritual. Sobre ella pone varias hojas. El golfista tiene la mirada ida.

La ha ido a enviar a un paraje demasiado... inhóspito, y quizá un poco fggglll... ¡Helado, sí! ¡Helado, helado es la palabra!

¿Por cierto: ha encontrado usted la pelota?... ¿No la ha encontrado?

El golfista, pensativo, no oye al REPRESENTANTE. Este, observándolo, le encuentra

algo extraño y se incorpora. Le mira desde cierta distancia; después se separa un poco más y vuelve a mirarle. No acaba de entender qué le ocurre. Se acerca, le acaricia la cara y hace lo propio con la suya.

¡Gélido! ¡Gélido, es la palabra! ¡Está usted gélido! Lo que tiene son síntomas evidentes de congelación. ¿A quién se le ocurre venir en mangas de camisa al polo norte? ¿O estamos en el sur?...

 Mientras monologa, extrae del maletín una manta eléctrica y la pone sobre los hombros de Golfista, quien siempre permanece pasivo a cuanto acontece, pero como EL REPRESENTANTE no encuentra un enchufe, saca una bolsa de goma de las empleadas en el hogar para calentar sábanas y la llena de agua en la charca - empleando para ello embudo y cazo -  y, bien cerrada, la instala en su propio vientre con el fin de que se caliente.

Pero si, por un momento, ha discurrido darle aquella coz tan fenomenal a la pelota para hacerla desaparecer y usted perderse en la búsqueda de la misma para librarse de mi presencia, ya ve: se ha equivocado. De mí sólo se libró mi señora madre el día de mi nacimiento. Y, naturalmente, fue un acuerdo amistoso entre tan insigne anciana ya y un servidor de usted. ¿Aclarado?

¡Amigo mío, a cualquiera otro le cabría pensar que, aun permaneciendo usted entero, de alguna manera, le están comenzando a flaquear las fuerzas!... A mí, no... ¡Jamás pensaré algo así! Yo soy un hombre prudente y no me gusta hablar de mí mismo. Aunque, admítame, hay ciertas reflexiones que uno debe realizar en alta voz, para mejor comprensión del auditorio. ¿Comprende? Bien, ya veo que no. Decía que debería emplear usted algo más que músculos para tan especial situación. En conciencia: debo exponerle que, de seguir así, puede usted quedar relegado a la idiotez eterna. ¡Cante!... ¡Baile!... ¡Ríase!... ¡Haga algo! ¡No se quede así, como si fuera una estatua!, está haciendo peligrar su propia vida... (Piensa) Y la mía. También la mía...

Echa mano del maletín buscando en él alguna solución de urgencia para el caso. Al no encontrarla, desecha los objetos que encuentra.

Porque si su vida se extingue..., su firma se extingue. Y yo, sin su firma, no soy nadie: mi vida se extingue.

Reflexiona.

Demasiada extinción para una sola mañana. Mala forma de comenzar el día. ¡Ah, y yo, además, sin ser persona de armas tomar, no estoy dispuesto a que mi vida se extinga por su causa de usted!

Sigue buscando en el maletín alguna cosa que pueda serle útil.

Soy un hombre precavido. Aquí llevo de todo..., de casi todo. Personas así no las encuentra usted en cualquier sitio. Ha tenido suerte.

Pero, desgraciadamente, mi naturaleza es débil y ya estoy yo también comenzando a sentir un fresquito muy desafggglll... Desafggglll... Desapacible. Fggglll... Fggglll... (Tose) Estos fallos en mi lenguaje, no se aflija, amigo mío, son heredados de abuelo por parte materna. Como lo oye. Decidió marcharse a esquiar, mi abuelo, cuando con anterioridad ya había sido invitado a un safari... ¡Una contrariedad! ¡Si hubiera ido de caza!... Esquiando se rompió ambas piernas y un brazo. El izquierdo. Casi nada. Desde entonces, y una vez curado, al hablarle de nieve o frigoríficos, lo primero que acierta a decir, es: ¡Fggglll! ¡Fggglll! ¿Penoso?, evidentemente.

Toca la bolsa con agua que todavía tiene en su vientre.

El agua ya debe estar caliente.

Con la bolsa le da friegas al otro en cara y cuerpo.

Mientras yo esté a su lado, usted no correrá ningún peligro, amigo mío.

                     Señalando los papeles sobre la mesa, sonríe.

Ahora bien, si tuviera la amabilidad de firmarme esos papelitos..., como le vengo diciendo durante los doce últimos meses... Sabe sobradamente que soy... incansable... ¡Incansable es la palabra!

Pausa.

Firme usted y tiene mi modesto beneplácito para quedarse automáticamente congelado.

                        Se separa un poco del otro para observarle con detenimiento.

No tiene usted mucho mejor aspecto que hace dos minutos, amigo mío.

                     Tira al suelo la bolsa con el agua.

Está fría... Y se están agotando mis recursos...

  Del maletín saca varias cosas inservibles. Después, un libro.

¿Esto qué es? (Lee) "Manual del buen masajista". Y... ¿Cómo se ha metido esto en mi maletín?

Estos sucesos extraños... (Mirando receloso hacia todas partes) Me producen nerviosismo... Y los nervios, frío... Y el frío... Fggglll... Fggglll... La herencia. En fin, si esto (por el manual) ha de solucionar algo, que sea ya. ¡Por la firma de usted!

Colocándose detrás del golfista, hojea el manual y lee en voz alta. Imita las instrucciones del libro.

"Presionar con las yemas de los dedos, suavemente"...

                     Lo hace sobre la espalda del otro.

GUSTAVO:

¡Oh!... ¡Oh!...

EL REPRESENTANTE:

Pues parece que surte efecto.

GUSTAVO:

¡Oh!... ¡Ah!...

EL REPRESENTANTE:

De arriba hacia abajo... Y en círculo...

                    Pausa.

GUSTAVO:

Ahí, no. Mejor en la cabeza.

EL REPRESENTANTE:

(Sorprendido) ¿En la cabeza?

GUSTAVO:

Con suavidad... Sin prisas...

EL REPRESENTANTE:

¿En la cabeza?... ¿De quién...?

                    Se da masajes en su propia cabeza.

GUSTAVO:

No con tanta suavidad, no lo percibo...

EL REPRESENTANTE:

 (Sigue en la de GUSTAVO) ¿Lo nota ahora?

GUSTAVO:

Sí... Algo mejor...

Ante el engaño, El REPRESENTANTE, no puede más y busca la mirada de GUSTAVO. Este insiste en su indiferencia.

EL REPRESENTANTE:

¡Amigo mío, usted habla!

GUSTAVO:

Desde los dos años de edad, con soltura.

EL REPRESENTANTE:

¡Qué desfachatez!

GUSTAVO:

No lo crea. Le podría presentar a otras personas que les ha sucedido lo mismo. Hablan..., pues prácticamente desde que los conozco.

EL REPRESENTANTE:

No lo haga.

GUSTAVO:

¿Qué no haga?...

EL REPRESENTANTE:

Que no quiero conocerlos. Tengo bastante con usted y sus... manías. (Más enfadado) Para usted, amigo fggglll mío, Fggglll... Será algo natural simularse congefggglll... Congelado... ya me entiende. Fggglll... Congelado, quiero decir congelado. Y hablar cuando le parezca. Y dejarme en ridículo... (Cambia. Disimula) Pero yo no me enfado. Poseo alma de diplomático. ¿Por qué habría de hacerlo...? Si no tengo ningún motivo.

De pronto se calla y mira de reojo a GUSTAVO, que está ausente.

GUSTAVO:

Le he notado disimular su crispación. No es bueno. No acumule energías negativas inútilmente... Aquí no le servirá de nada. Pero, sinceramente, ni siquiera recuerdo haber sentido frío. ¿Recuerda usted que yo se lo haya dicho?

EL REPRESENTANTE:

(Estalla) ¡Fggglll!, amigo mío, ¡Fggglll...!

GUSTAVO:

¡Desahóguese, si lo desea! Mas si hubiese visto lo que yo he visto...

EL REPRESENTANTE:

 Amigo mío, me debe usted la vida. Una vez más.

Le quita a GUSTAVO la manta eléctrica y la guarda en el maletín. Cambia de actitud. Sonriente.

Acabo de salvársela... su vida. Gracias a mi recurrido maletín, en el que llevo de casi todo; a mi inteligencia; a mi buen hacer, e incluso al profundo conocimiento que poseo del latín, gracias a mi audacia, puede usted ver de nuevo el Sol.

GUSTAVO:

¿Le he dicho yo que quisiera ver el Sol? ¿Y en su compañía?

EL REPRESENTANTE:

Estoy preparado para oír su agradecimiento. Esta vez le he salvado de quedarse congelado.

GUSTAVO:

¿Congelado?

EL REPRESENTANTE:

Totalmente.

GUSTAVO:

¿Quién?

EL REPRESENTANTE:

Usted, amigo mío.

GUSTAVO:

¿Yo?

EL REPRESENTANTE:

Usted, usted.

GUSTAVO:

¿Se refiere a cuando tenía la mirada perdida en el horizonte, la cara y los pies fríos?

EL REPRESENTANTE:

Sí.

GUSTAVO:

¿Ese espacio de tiempo durante el que no he hablado?

EL REPRESENTANTE:

Sí...

GUSTAVO:

Estaba en éxtasis.

EL REPRESENTANTE:

¿Quién?

GUSTAVO:

Yo.

EL REPRESENTANTE:

 (No se resigna) Además de congelado.

GUSTAVO:

Sólo extasiado.

EL REPRESENTANTE:

Me está usted apretando demasiado, amigo mío. Yo, por una firma, hago de casi todo... Pero...

GUSTAVO:

 ¿Usted sabía que los esquimales gustan de jugar al golf?

EL REPRESENTANTE:

¡Fggglll...! ¡Fggglll...!

GUSTAVO:

Eso... ¿qué quiere decir?

EL REPRESENTANTE:

¡Que no! Que lo ignoraba. El hombre es un cúmulo de ignorancias, del que yo soy un buen representante. Aunque también tengo mis virtudes... (Adivina, observando el lugar) ¿Ha visto usted, casualmente... amigo mío, jugar al golf a un... diminuto esquimal con su arpón?

GUSTAVO:

(Sorprendido) ¿Cómo lo sabe?

EL REPRESENTANTE:

Ya le dije que poseo algunas virtudes... Y... ¿lo vio antes... en... o... después del éxtasis?

GUSTAVO:

(Duda) Le diría, más bien, que me quedé en ese estado como consecuencia de la visión.

EL REPRESENTANTE:

Es más lógico... Usted, amigo mío, ha sufrido una alucinación a causa del frío, seguramente. No es grave.

            Están el uno frente al otro, sentados. Uno a cada lado de la charca.

GUSTAVO:

(Tumbándose)  No, no se trataba de ninguna alucinación.

EL REPRESENTANTE:

¿Desea usted descabezar una siestecita...? No ha escogido el lugar más idóneo para esa apetencia.

GUSTAVO:

(En esa posición)

 La única alucinación que yo he tenido en mi vida es usted. Su presencia, sus palabras... Solamente el pensar en usted me...

EL REPRESENTANTE:

(Afectado) No siga, no siga... Le comprendo.

                     Silencio.

El REPRESENTANTE mira desconcertado a GUSTAVO, ya que hace tiempo que no dice nada. Al primero le acometen varios escalofríos.

Frío... Fggglll... Frío... Fggglll... ¡Qué frío...! No puedo ni moverme... Me estoy quedando...

Se tumba. GUSTAVO hace rato que no se mueve. El REPRESENTANTE, desde el suelo, grita.

¡Fggglll...! (Tiembla) ¡Fggglll...! Si no fuera por el charco... Pero..., no sé nadar... Y... y no estoy para muchos fggglll...

Pausa.

¡No se duerma... no sea que se le quede congelada la firma... Y... mi carrera al mismo tiempo! Fggglll...

                    De pronto, toma aire, fuerzas, y grita.

¡Gustavo Von Terrier! ¡Gustavo Von Terrier, amigo mío...! ¡Escúcheme bien: si se encuentra usted moribundo, levante la pierna derecha; si... solamente está... extasiado, como antes, repita la misma operación pero con la pierna izquierda; y si..., por el contrario, ya hafggglll..., ya ha fallecido, ya es usted un  cadáver, no haga nada de cuanto le he dicho!... Así, al menos, sabré a qué atenerme!

Mira de reojo las piernas de GUSTAVO. Este no se mueve.

Sea comprensivo, amigo mío. Yo me encuentro en una situación igualmente delicada. Si yo no sé qué va a ser de usted, tampoco sé qué debo hacer yo de mí.

¿Su silencio significa que usted es ya un cadáver? (Pensando en voz alta) Claro, si es así, a esta pregunta tampoco me puede responder... ¿Debo morirme?... ¿Es este el horrible destino que me tenía reservado entre estos hielos?... ¿Para eso me ha arrastrado hasta aquí?... ¿De verdad desea usted ser testigo de mi fallecimiento?... ¿Tan lejos ha llegado su odio para conmigo?

GUSTAVO levanta las dos piernas.

¿Las dos piernas? Amigo mío, no colabora usted en nada.

                                    GUSTAVO, dando un gran suspiro, las deja caer.

¿Es quizá el penúltimo suspiro?

GUSTAVO levanta la pierna derecha, y la deja caer.

Bien, vaya despidiéndose de la vida Gustavo... Primero... desde luego, usted, amigo mío. Después, irremediablemente, yo.

Sale ESQUIMAL del Iglú. Al verlos, lógicamente, se sorprende. A continuación, reacciona y curiosea el material que hay alrededor de la charca.

Después analiza los cuerpos de los dos hombres. Da un vistazo al  REPRESENTANTE y otro, más largo, a GUSTAVO. Este no se mueve.

Se tropieza con la mesita que contiene los papeles, toma uno de ellos y lo hojea.

El REPRESENTANTE, rapidísimo, de un salto se pone en pie.

¡Ni hablar...! ¡Los papeles... ni hablar!

                     ESQUIMAL, asustado, retrocede.

Pero, no se asuste... Mi familia, nuestra familia, siempre ha tenido tradición de ascendientes pacifistas..., aunque emprendedores... ¡Buenos días, caballero!

Extiende una mano, a modo de saludo, pero ESQUIMAL no sabe qué hacer con ella.

El salto que acabo de efectuar se debe a una respuesta emocional propia de los seres como yo. La sorpresa que ha sentido mi corazón al verle aparecer a usted en... estas circunstancias tan... extraordinarias, ha sido tan grande que no se ha podido resistir a enviar una orden a mi cerebro que... a su vez... Pero... las hojas no tienen importancia..., ninguna importancia...

ESQUIMAL le observa boquiabierto. El REPRESENTANTE coge varias hojas.

Fíjese si no tienen importancia ninguna, que le dejo la que usted quiera... ¿Quiere leerla?

Le tiende una a ESQUIMAL, la deja un segundo en el aire y la recoge rápido.

                    Disimula poniendo orden en la mesita.

Lleva usted un abrigo muy bonito...

Lo palpa, calibrando la calidad de la piel. ESQUIMAL, entretanto, mira con cierto interés el sombrero del otro.

¿Le gusta?...

            Se lo quita y lo pone en la cabeza de ESQUIMAL. Este se lo devuelve.

Bueno, puedo enseñarle el muestrario que llevo en mi maletín. Quizá le interese alguno para más adelante...

ESQUIMAL parece asustarse cuando El REPRESENTANTE registra el maletín buscando el muestrario.

¡Amigo mío, me observa usted con cierta reserva..., creo advertir! Estoy buscando el muestrario, no se alarme. ¡Qué contrariedad...! No... No aparece... Pero, ¡aquí tengo otra solución!... Le daré una tarjeta (Lo hace) con mi nombre y la dirección de mis instalaciones, para cuando tenga la oportunidad de...

            ESQUIMAL observa con mucho detenimiento la tarjeta.

¿Le?..., le ha gustado mi nombre, ¿verdad? Es un nombre muy bonito. Me lo han alabado en muchos sitios y en distintas ocasiones. El segundo apellido, que como lee está compuesto de dos, es heredado de abuelo por parte materna. Puedo jactarme de ser el único varón que lo ha llevado después de cinco generaciones de féminas, y...

                    ESQUIMAL le devuelve la tarjeta.

No le... No le interesa demasiado... Supongo...

                    El REPRESENTANTE observa el Iglú.

¿Es su casa?... Muy bonita. También es muy bonita... ¡Oiga, pero diga usted algo! ¡Me está poniendo nerviosísimo!

El REPRESENTANTE tiene frío y mira intencionadamente el abrigo de ESQUIMAL. Ahora habla muy despacio, para hacerse entender.

Ha-ce frí-o... us-te-te-ted pa-pa-parece no sentirlo... Fggglll... Con ese abrigo... Fggglll… ¡Otra vez!... ¡Qué frío!... Fggglll...

ESQUIMAL:

(Sonriendo. Asiente) ¡Tayàk!

EL REPRESENTANTE:

(Sorprendido) ¿-mo...? Fggglll...

TAYÀK::

(Señalándose) ¡Tayàk!

EL REPRESENTANTE:

Fggglll...

TAYÀK:

(Se señala otra vez) ¡Tayàk! (Señala al REPRESENTANTE) ¡Fggglll!

                    TAYÀK sonríe, asiente y se frota las manos.

EL REPRESENTANTE:

No, no señor. Yo no me llamo fggglll. Fff... eso, es una mala herencia que... Usted no lo entendería...

                     Saca la tarjeta de antes.

Mi nombre es el de la tarjeta. ¡Acaba usted de verla! (Se lo señala) Mire, aquí lo tiene... El nombre, un apellido y otro más divididos por este guioncito, pero inseparables. Como si fueran uno. Y esto..., esto es una manchita que fggglll...

TAYÀK sonríe, asiente y se frota las manos. A continuación, se señala.

TAYÀK:

¡Tayàk... Tayàk!

EL REPRESENTANTE:

¿De qué se ríe usted?

TAYÀK observa a GUSTAVO que sigue tendido en el suelo, inmóvil.

No, señor, si yo no pongo en duda que usted se llame Tayàk...

TAYÀK se dirige a GUSTAVO, se agacha y le da friegas; después le golpea.

Seré comprensivo con usted..., y no le tendré en cuenta que me ha dejado con la palabra en la boca. Pero debe entender que a las personas hay que tratarlas con educación y miramiento, si se quiere ser correspondido en la misma medida.

TAYÀK:

(Gritando, le pide ayuda) ¡Fggglll! ¡Fggglll!

EL REPRESENTANTE:

¡Oiga, a usted le gusta oírme hablar! Insisto en repetirle que yo no me llamo fggglll. (Se acerca a TAYÀK, que todavía golpea a GUSTAVO) Y..., digo yo: ¿es necesaria esta paliza?... Sea prudente al golpearle, amigo mío, no vaya a herirle las manos..., las tiene sumamente delicadas. Sobre las dos, la derecha.

TAYÀK da por finalizada la friega y actúa con rapidez: penetra en el Iglú y sale con una piel que coloca sobre el cuerpo de GUSTAVO.

¡Oh, es usted un hombre muy preparado!. Yo no llevo en mi maletín de... esta textura. (Acariciando la piel) ¿Podría usted facilitarme una, y otra más de reserva para un caso de emergencia?... Como este, sin ir más lejos.

TAYÀK se introduce nuevamente en el Iglú, y de él comienza a sacar varios objetos dejándolos en las inmediaciones de la puerta. Desde ésta, a gritos y por señas, llama al REPRESENTANTE.

TAYÀK:

¡Fggglll!

EL REPRESENTANTE:

¡Vaya, el nombrecito que me ha ido a buscar... (Se acerca. Se asoma dentro del Iglú) ¿Qué..., están ahí dentro las pieles...?

                    Ambos penetran en el Iglú.

(Desde dentro) ¡Oiga!, ¿tiene algún animal muerto? ¡Qué mal huele aquí!...

Se produce un cambio en la luz. Disminuye en general y casi totalmente en la zona del Iglú. El Iceberg se ilumina más y aumenta también su balanceo. De su interior se desprenden rayos de luz que, a ráfagas, inundan el escenario de un baño lento y progresivo de colores. El Sol, antes anaranjado, adquiere un color parduzco y ennegrecido. Alguno de los haces de luz inciden sobre GUSTAVO; éste, quizá afectado, se incorpora quedándose sentado en el suelo con el torso torcido, mirando el bloque de hielo como hipnotizado por la visión. Poco a poco disminuye la luminosidad en el Iceberg, y a media altura el hielo de la fachada parece derretirse. Dentro, entre niebla y capas de hielo, se distingue la silueta de una mujer. Parece angustiada y pide auxilio; grita, pero no se le oye. Quiere salir de su prisión de hielo; y desaparece del lugar en que apareció para reaparecer en otro sitio, y desde ahí, solicitar la ayuda de GUSTAVO, que parece no oírla ni verla. A veces, en alguna de estas apariciones, gira su cabeza como temiéndole a algo que se encuentra a su espalda. Algo que sí se deja oír, que ruge y hace estremecerse al propio hielo con su voz. Al poco, el Iceberg oscila. Y, lentamente, todo vuelve a la normalidad. La capa "derretida" de hielo adquiere su textura primitiva y la silueta desaparece entre el hielo.

Roto el encanto, GUSTAVO cae tumbado al suelo.

EL REPRESENTANTE:

 (Saliendo del Iglú)

 ¡No sé cómo pueden caber tantos cacharros en una casa tan pequeña!

                     TAYÀK sale tras él.

A propósito: ¿cuando le he preguntado si tenía repetida la piel de foca que hay colgada al entrar a la derecha, usted qué me ha respondido?

TAYÀK se encuentra al lado de GUSTAVO, atándole al cuerpo una cuerda que sacó del Iglú de modo que, tirando de ella, consiga arrastrarlo. Una vez que la cuerda rodea el cuerpo de GUSTAVO, TAYÀK coge un extremo y tira; pero no consigue moverlo. Y solicita ayuda.

 TAYÀK:

¡Fggglll! ¡Fggglll!

EL REPRESENTANTE:

No sé para qué le pregunto. Siempre me responde lo mismo...

Entre los dos tiran del cuerpo inerte de GUSTAVO, arrastrándolo hasta la puerta del Iglú. En él se introduce El ESQUIMAL tirando de la cuerda; por el contrario, El REPRESENTANTE, desde fuera, empuja en los pies a GUSTAVO para hacerle entrar. Pero éste es muy grande y no cabe así como así por una

puerta tan pequeña.

Para ser usted tan pequeño, tiene mucha fuerza amigo mío. Pero aquí no es lícita la fuerza bruta, sino la inteligencia. Pruebe usted a pasarle primero los brazos.

   Ahora es TAYÀK quien empuja el cuerpo de GUSTAVO desde dentro y éste asoma 

fuera. El ESQUIMAL saca medio del suyo por la diminuta puerta y le enseña al REPRESENTANTE un enorme cuchillo. Este se estremece.

¡Si ha de cortarle algo, que sea las piernas!

                    TAYÀK no le entiende.

Lo... Lo conozco bien... (Señala a GUSTAVO) Y siente..., una... especial predilección por sus brazos... Ya le dije... le gusta el golf... jugar al golf...

Uno de los bloques que conforman la pared del Iglú cae cuando TAYÀK lo empuja desde dentro y la puerta se agranda. Pero, por ella, todavía no cabe GUSTAVO. El ESQUIMAL se asoma y anima al REPRESENTANTE  para que le ayude con el bloque del otro lado.

TAYÀK:

¡Fggglll!

EL REPRESENTANTE:

(Empuja el hielo) ¡Qué vocabulario más reducido el suyo! Y, además, la única palabra que se sabe, es porque yo se la he enseñado.

Por fin, la puerta se agranda lo suficiente para que quepa GUSTAVO, y entre ambos, lo introducen en el Iglú. Los tres están dentro.

Al poco, por su pie y tranquilamente, sale GUSTAVO con todo el aparato de cuerdas que le colocara TAYÀK, y tapándose la nariz con una mano se tumba en el suelo.

                    Seguidamente, sale El REPRESENTANTE.

Amigo mío, he descubierto su secreto: posee usted el... la... virtud de congelarse y descongelarse a placer.

GUSTAVO está más atento a cuanto pueda acontecer dentro del Iceberg.

GUSTAVO:

Ahí dentro hace un hedor insoportable.

EL REPRESENTANTE:

No le digo que no. Pero no veo que esa sea una razón tan poderosa como para que usted se vaya muriendo y resucitando cada tres pasos.

GUSTAVO:

Desaparezca de mi vista, y resucito para siempre. (Se inmoviliza al ver venir a ESQUIMAL)

EL REPRESENTANTE:

 (Señala la mesa) Firme.

                    TAYÀK, enojado, tira otra vez de la cuerda.

Vaya un paseo, amigo mío.

                        Hablan los dos muy flojo, como intentando no ser oídos por el otro.

Está engañándolo descaradamente. ¡Levántese!

GUSTAVO:

Se equivoca: le debo un respeto. Él cree que estoy aturdido.

                        Para tirar de la cuerda, TAYÀK pide ayuda.

 TAYÀK:

¡Fggglll!

EL REPRESENTANTE:

¡Vaya, la ha tomado conmigo este señor!

GUSTAVO:

Pues le ha buscado un nombre con más vocales de las que usted merece.

EL REPRESENTANTE:

(Decidido)  Señor Tayàk: es imposible que usted no se haya apercibido del numerito que le está haciendo Gusta...

GUSTAVO:

No se moleste, está sordo.

EL REPRESENTANTE:

¿Sordo?

                    TAYÀK escucha atentamente.

GUSTAVO:

Sí. No oye.

EL REPRESENTANTE:

¿Y cómo sabe usted que él está sordo?

GUSTAVO:

Me lo han dicho.

EL REPRESENTANTE:

(Listo)  Mmmmm..., ¿se lo han dicho? ¿Quién?

GUSTAVO:

Usted, no; desde luego.

 

 

(Si tiene curiosidad por leer lo que falta, no se prive: escríbame a

rbaguera@portalatino.net

y, con sumo gusto, se lo enviaré)