1:

Alicia Alonso tiene línea y ligereza, brillantez y autoridad, un verdadero sentido del estilo clásico. Hay una cualidad excitante en su baile que marca solamente a las grandes clásicas.
John Martin, Estados Unidos, 1946


2:

Técnicamente es soberbia. Su balance, su seguridad y exactitud son inigualables. Y sobre todo, con un sentido rítmico infalible, baila en música, en vez de bailar alrededor de ella como, generalmente, lo hacen todos los bailarines.
Albert Goldberg, Estados Unidos, 1947

3:

Ella es de veras una luz que se mueve. Ella es leve, ondulosa, casi traslúcida. Guarda siempre los ojos bajos para que no le interfieran la danza; las manos se le funden en la música, los pies en el aire, el ruedo del vestido en una nube imaginaria... No hay color en ella, no hay gesto ni contornos, apenas una sonrisa tan imperceptible como la de Gioconda.
Y el milagro está en que llegando ella a esta total ausencia de sí misma, produzca sin embargo una tan definida sensación de presencia real y viva.
Y tal vez no sea ése el milagro sino el camino natural de la emoción estética y hasta de toda noble emoción.
Dulce María Loynaz, Cuba, 1948

4:

¿Se mide lo que está significando para Cuba esta revelación de Alicia Alonso ante el mundo? La danza no es arte socorrido, ni que llegue fácilmente a los escenarios, ni que fácilmente deslumbre a los públicos. Cuando a tales planos asciende, y con éxito tal, reviste caracteres de espléndida singularidad. Pocos han sido siempre, y muy pocos son hoy día los países con semejante blasón. Alicia Alonso no es, como no lo fue la Pávlova, pongamos por caso, una mera «figura» de calidad en el elenco cultural del país; es mucho más, es un milagro. Parece que esta misma condición le mermara un poco a Cuba la «gracia» de haberla producido; y tal vez así sea en el fondo. Pero no hay duda de que el solo hecho de que en Cuba no se frustrara un talento natural semejante, el solo hecho de que le diera algo más que una cuna física y le permitiera desarrollar su talento en clima propicio, es cosa que habla muy bien de nuestro gusto y ambiente, y que proyecta sobre la Nación un subido prestigio. Cuando los públicos extranjeros ven a Alicia bailar, una palabra va casi inevitablemente asociada a su éxtasis, a su agradecimiento. Esa palabra es CUBA... Ella la va encarnando, alzando a nuestra isla sobre las puntas de sus pies maravillosos que apenas tocan la tierra; su gloria es un poco, es un mucho, nuestra gloria.
Jorge Mañach, Cuba, 1949

5:

Alicia Alonso se adelanta en la posesión de muchas tradiciones, allí donde la danza era cultura, un ejercicio de gracia y de números para apresar la llama y el instante. Allí donde la danza era una flor de la cultura, y no un frenesí de la primitividad [...]. Su arte no es de sorpresas y de aventuras, sino de perfección; ademán que no presumió de único, para mostrar la curvatura de su distinción como estilo habitado también por su pueblo. [...] ¿Cómo usted, Alicia Alonso, pudo hallar esa tradición, hacernos pensar a todos en las posibilidades secretas de expresión y de forma que algún día podrán ser estilo, aclaradas por la danza y aseguradas en sus números de ejercicio?
José Lezama Lima, Cuba, 1949

6:

Alicia Alonso es lo más notable que ha producido el ballet desde muchos años a la fecha. Su fama es universal, y una fama de ese calibre no se conquista más que danzando de manera excepcional.
Sol Hurok, Estados Unidos, 1949

7:

Sin embargo, el milagro, inmanente, es Alicia Alonso, bailarina de fuerza y de aliento, fino figurín de papel, de carne y hueso, que marcaba los pasos «clásicos» con la frecuencia de un pulso vivaz y con la tenuidad vaporosa de un suspiro. Quienes estuvieron en el teatro sintieron su corazón bailar con ella o estar bajo sus pies: tan ronceramente que ni siquiera podían ocultarlo. Una pluma, dijo alguien una vez de las bailarinas; la Alonso es una pluma con sólidos resortes del mejor acero.
Mario Nordio, Italia, 1950

8:

Ahora que el telón ha caído sobre el famoso Pas de deux del tercer acto de El lago de los cisnes, la imagen de Alicia Alonso, tal como la contemplamos en la escena, sigue viva en nuestra memoria. Una vez más, con su «Cisne Negro», ha promovido el milagro que consiste en emocionarnos en lo más hondo, con algo que, más que el talento de una artista, más que una labor personal, es como la suprema ilustración de un estilo, de una forma imperecedera del arte coreográfico. Ha alcanzado ese momento milagroso en que la intérprete deja de ser una persona, para hacerse, sencillamente, «una verdad». O sea que una de las tres o cuatro «verdades» posibles en el dominio del ballet clásico se nos manifestó, de modo inolvidable, a través del genio de la danza que anima a Alicia Alonso.
En la danza clásica, Alicia Alonso adquiere una gravedad, una majestad, que establecen, entre el público y ella, esa necesaria distancia, ese deslinde invisible, requeridos por ciertas altas categorías del arte. Esa mujer riente y sencilla en la vida cotidiana, cobra de pronto, con una total sumisión de la fisonomía a la sintaxis del gesto con una cierta impasibilidad del rostro, que se hace perfil estatuario cuando, vuelto hacia un hombro, remata la plástica de un movimiento, un carácter de ser intangible, situado fuera de nuestro ámbito, que resulta la suprema conquista de una técnica puesta al servicio de la intuición y la inteligencia de la danza.
Alejo Carpentier, Cuba, 1951

9:

Una bailarina tiene que reunir numerosas cualidades. Es una actriz que baila. Ha de ser, por tanto, bailarina y actriz. Alicia Alonso satisface esas exigencias a la vez —vale la pena de sus pies a su rostro y de su rostro a sus pies—. Siempre habrá una relación interpretativa. Se prepara tan cuidadosamente que después puede ejecutar con naturalidad, sin esfuerzo, los pasos más complicados.
Alexandra Fedórova, Estados Unidos, 1952

10:

En Giselle ella parece haber moldeado su interpretación en el estilo de la Márkova. Añádasele a esto la depuradísima técnica de que es poseedora la Alonso y el resultado será la más grande interpretación de este rol que el mundo haya conocido.
Peter Williams, Reino Unido, 1953

11:

Y ahora podemos hacer la afirmación de que Alicia Alonso es la primera dama del ballet, sin olvidarse de Margot Fonteyn ni de Alicia Márkova; solamente ocurre que la Alonso puede ofrecer más que las otras. Todas tienen arte, la Alonso tiene, además: virtuosismo, temperamento y versatilidad.
Ann Barzel, Estados Unidos, 1954

12:

¿En qué reside este particular encanto de Alicia Alonso? ¿Por qué un arabesque suyo parece la más natural y fácil de las actitudes? ¿Qué propiedad distinta tienen sus brazos, flexibles como tallos, y sus piernas, que poseen la curva del arco y la rectitud estricta de la flecha? ¿Y el rostro, máscara mutable donde la sonrisa, el dolor o el hieratismo florecen en sencillo y hermoso advenimiento? Llamémoslo genio y aprisionemos dentro de la breve palabra los múltiples matices que encumbran y distinguen al artista en el campo de su actividad.
Pablo de Madalengoitía, Perú, 1954

13:

El nombre de Alicia Alonso eleva la danza clásica en Cuba a un nivel de una altura comparable a la que han sabido alcanzar las figuras preeminentes de este arte en nuestros días.
Adolfo Salazar, España, 1955

14:

Ya por el primer espectáculo de Giselle se puede decir que Alicia Alonso es un caso insólito en el arte contemporáneo del ballet. La bailarina cubana domina con su técnica precisa y virtuosa, y con su ligereza y temperamento escénico extraordinario.
A. Viltsin, Unión Soviética, 1957

15:

Alicia Alonso percibe la vibración de la música. Este es el más alto elogio que puede darse a un artista de la danza.
Tatiana Vechéslova, Unión Soviética, 1958

16:

La importancia de la Alonso está en la inteligencia con que usa esa técnica excepcional, en el finísimo sentido del estilo en cada papel, en la comprensión estética de cada ballet. Se puede hablar de la velocidad de sus pies, la pureza y línea de su trabajo de brazos y piernas, la perfección de detalles en el acabado de las posiciones; mas, ¿para qué? Alicia Alonso ha alcanzado un nivel en el que no se piensa en ella en términos de técnica, o mejor, no se ve en su danza el mecanismo de la técnica: todo parece fácil y espontáneo. ¿Dónde están los «tours de force», las dificultades que las otras vencen en el escenario? Lo que absorbe la atención es la perfecta coordinación de movimientos, la fluidez de la danza, una creación completa.
Jacques Corseuil, Brasil, 1958

17:

Alicia Alonso supera, en un ímpetu metafísico, sus impecables proezas académicas: esas tajantes piruetas a la seconde, sus equilibrios indefinidos, el salto, la batería y todo cuanto constituye el bagaje de la bailarina clásica. Y no sólo en los trozos de bravura, donde brilla su virtuosismo sin par, Alicia Alonso impresiona como un irreal espectáculo de belleza; en un simple pas de bourré o en su afelpado passé sur le pointe o encuadrando un arabesco, es un modelo de perfección.
Fernando Emery, Argentina, 1959

18:

Observándola, la juventud aprende; debe aprender la técnica precisa, el gusto y la comprensión de que, en el ballet, no hay «pequeñeces»; que en nuestro arte todo es importante, desde el pas más sencillo hasta un movimiento al parecer imperceptible. [...] Ella es una gran bailarina en todo el sentido de la palabra.
Galina Ulánova, Unión Soviética, 1964

19:

Alicia es maravillosa. Su clase cotidiana de ejercicios es una verdadera obra de arte. ¡Qué bailarina!
Maya Plisétskaya, Unión Soviética, 1965

20:

¿A qué se debe el prestigio de una gran bailarina? A una especie de certeza en la mirada, a la manera de «despejar» soberanamente o de pasar en «trenzado», a la línea ideal en el espacio que hace el estilo, al enigma de la ligereza. Todo esto, así como muchas otras virtudes, Alicia Alonso las posee sin alteración después de veinte años. Olga Spessítseva, Alicia Márkova, Galina Ulánova antes, Margot Fonteyn e Ivette Chauviré en el presente: he aquí las únicas grandes Giselle conmovedoras. Sin embargo, la Alonso —no se por qué misterio— logra mantener su rango de primera estrella en esta vía láctea.
Oliver Merlin, Francia, 1966

21:

Mi muy estimada Alicia, Odette, Odile, Giselle:
Eres cada una de ellas, hechicera y hechizada, aldeana y princesa, suave y acariciante, cruel con miradas que lanzan dardos. Flotas como blanca nube a través del escenario: te alzas, ingrávida, en los brazos de tu compañero. Tienes, sin embargo, músculos de acero; puedes deslumbrarnos con ardides que, cuando eres tú quien los ejecuta, dejan de ser tales.
Haces que lo complejo parezca sencillo, que el tiempo y la gravedad desafíen sus propias leyes, que el detalle se funda en un todo magnífico. Haces visible la música; tu inclinación al saludar es como una oda. Con ella todas las frases de la crítica carecen de sentido. ¿Cómo puedes interpretar a Giselle, si Giselle eres tú?
Tu obra permanecerá mucho después que hayas dejado de bailar. Generaciones de ballerinas enriquecerán su arte observándote, así como tú misma te has proyectado desde la tradición sentada por Taglioni y Pávlova. Cuba tiene la suerte de poseerte, a ti que perteneces al mundo y eres ya inmortal en la historia de nuestro gran arte. Alicia, te saludo con cálido afecto como amigo y con profunda admiración de crítico.
Arnold L. Haskell, Reino Unido, 1967

22:

Siempre que Anna Pávlova bailaba, producía el deseo de bailar y se tornaba en una inspiración directa. Lo mismo sucede con Alicia Alonso. Cuando la vi por primera vez, ella tenía un gran talento, pero ahora posee verdadera inspiración. En cualquier papel que baile, ella se convierte en cada una de esas criaturas: es Giselle un día, Carmen el siguiente, Coppélia después y entonces Odette y Odile. Su arte es tan completo que uno no nota su técnica. Yo la he observado en clase todos los días y el alcance, precisión y fuerza de esa técnica nunca ha dejado de asombrarme. La Alonso está inspirada e inspira. Pero añadido a esto, hay una extraordinaria conciencia de su arte. Yo la observé, arrobado, tomando un ensayo de Giselle en el cual interpretó todos los papeles, explicándoles a sus bailarines el drama detrás de cada movimiento. [...] Otro punto de gran importancia es que a menudo un bailarín con esa personalidad poderosa impone esa personalidad a otros. Pero en el ballet cubano no hay otras Alicia de imitación. Ella respeta y desarrolla la personalidad de los demás.
Arnold L. Haskell, Reino Unido, 1968

23:

Alicia Alonso es la más grande bailarina del ballet contemporáneo, de una expresiva individualidad. Para caracterizarla completamente no es suficiente decir que ella posee perfección técnica y sabe cómo crear personajes. Es una personalidad grande e irrepetible en el más alto significado de la palabra. Ha creado una época entera en el ballet.
Alexandra Dashicheva, Unión Soviética, 1969

24:

Una gran bailarina es aquella que trasciende el gesto. Aquí no se habla ya en términos de pas de bourrée, de entrechat, ni de la conciencia de una posibilidad de realización humana. Una verdadera bailarina es aquella que, dominadas todas las técnicas, logra rebasarlas y, con los pies en tierra, se eleva a un nivel que es del vuelo de Ícaro. Alicia Alonso es para mí una de las muy grandes bailarinas de esta época, habiendo alcanzado ese estado de la danza en el cual se llega más allá de la danza para convertirla en una interpretación del mundo. Me siento orgulloso de poder hablar hoy de esta gran bailarina cuyo mismo físico está marcado por la vocación profunda que lo anima y que, por eso mismo, logra integrar una mujer en el espíritu auténtico de la Danza.
Alejo Carpentier, Cuba, 1970

25:

El lago de los cisnes es admirablemente despojado de las innumerables adiciones que se acumularon por la acción de generaciones de estrellas. La autora de la revisión, Alicia Alonso, lo ha repensado con un sentido de la lógica, del movimiento, de la diversidad; con una ligereza que hacen de esta obra empolvada, un hechizo intemporal [...]. Es Alicia Alonso quien baila el rol de princesa embrujada. Ella lo hace con una pureza, una contención y un sentido de la poesía de las líneas, que yo nunca había encontrado hasta tal punto, en este personaje. Ella no trata de evitar las dificultades técnicas de sus variaciones, pero se opone a darlas, si se me permite este término ecuestre, de perçant. Ella es todo interioridad; los ligados parecen la traducción de los movimientos del alma. Alicia Alonso prueba todas las virtudes de la contienda; la danza clásica deviene con ella una especie de poesía pura, un encantamiento en que los gestos preciosos semejan los hallazgos raros de un Mallarmé. Alicia Alonso es el milagro de la danza.
Paul Bourcier, Francia, 1970

26:

A menudo he visto el ballet Giselle, pero muy raramente he experimentado la emoción de encontrar «una Giselle»: a decir verdad, un personaje ideal se había sobrepuesto a la realidad, verdadero rompecabezas viviente en mi memoria y constituido por el pie de Mlle. X... Por una cierta mirada de Mlle. Y... por los brazos de otra... En fin, yo deseaba la técnica de una y la emoción de la otra. Soñando frente a las sublimes fotos de Spessítseva, que tanto me hubiera gustado ver bailar, imaginaba tal escena de la locura, tal otra variación del primer acto, al mismo tiempo que me gustaba también el segundo acto que la Z... anoche había danzado tan bien. Entonces vi a Alicia... No soy crítico y menos aún escritor..., ¿por qué no se podría hacer un ballet para traducir la emoción tan fuerte como la que me produjo su Giselle? Sí, en lugar de extenderme en superlativos ditirámbicos y, a pesar de todo, gastados, ¿por qué no hacer un ballet sobre Alicia, como sobre Baudelaire o sobre Wagner?
La bailarina es extraordinaria, el personaje no lo es menos. Esta noche Giselle, mañana Carmen, pasado mañana con botas y uniforme de combate bailando la Revolución cubana, en las ciudades de Oriente o en las plazas de Cuba. Apasionada, irónica, voluntariosa, infatigable, poseída enteramente por la danza y, sin embargo, embriagada de Cuba, «su tierra», romántica y lúcida, instintiva y a la vez inteligente... casi ciega, pero clarividente. Sí, un día haré un ballet sobre este ser extraordinario que se llama Alicia Alonso.
Maurice Béjart, Francia, 1970

27:

Su danza parece guiada por una luz interior que no la abandona. Alicia es la princesa cisne que muestra los sentimientos de amor y felicidad, inquietud o temor, a través de un vocabulario gráfico del más puro academicismo, que ella logra transformar en un lenguaje eminentemente poético. En su baile no se pude hablar de pasos, su movimiento a la vez denso y fluido impregna al menor detalle coreográfico de un poder de emoción raramente alcanzado por otra persona.
Dinah Maggie, Francia, 1970

28:

El Ballet Nacional de Cuba debe su renombre a Alicia Alonso, fundadora, directora y estrella de la Compañía, una de las últimas bailarinas románticas, heredera de la gran tradición de los ballets rusos.
Nosotros ya hemos aplaudido cisnes-princesas extremadamente emocionantes o brillantes. Pero ninguna, hasta el presente, nos había ofrecido una interpretación más pura del segundo acto de El lago de los cisnes. [...] Ni fría ni desencarnada, Alicia Alonso es una princesa un poco inmaterial que ofrece una magnífica lección de estilo, sin vacilación ni «balbuceos», en los adagios logrados particularmente, porque la compenetración es profunda entre la bailarina y su compañero.
René Sirvin, Francia, 1970

29:

Alicia Alonso, que metamorfosea en oro puro todo cuanto toca, hace patente una vez más su estilo depuradísimo, la suprema precisión de sus pasos y actitudes, su virtuosismo técnico acabado, vivificado todo ello por el hálito interior, lírico, intensamente poético, y por eso su arte excepcional llega a nuestras fibras más íntimas.
Sebastián Gasch, España, 1971

30:

La Alonso, lánguida y ardiente, es más la Carmen de la leyenda, que la sensualmente juguetona Carmen representada por la Plisétskaya. Con cada gesto y con cada mirada la Alonso es la encarnación del temperamento latino.
Clive Barnes, Estados Unidos, 1971

31:

Alicia Alonso es indiscutiblemente una de las grandes bailarinas de nuestra era. Probablemente una de las grandes bailarinas de todos los tiempos... es una de esas raras criaturas de la danza, una prima ballerina assoluta.
Walter Terry, Estados Unidos, 1971

32:

Para la Alonso no es problema de brazos, piernas, pies y cabeza, o saltos o arabesques, bourrées y vueltas. Esos son sólo medios, sólo una parte de ese gran fenómeno: ella baila para representar valores humanos, para constatar su personalidad. Uno siempre siente su profunda necesidad de comunicación. [...] Aunque cada uno de sus pasos son técnicamente perfectos y en ellos no se elude la perfección técnica, es la expresión de sensibilidad suprema, lo que hace a la Alonso de hoy tan notable... desde el primer salto en escena la noche del debut en El lago de los cisnes, miedo y comparaciones con el pasado fueron despejados. Su Odette fue exactamente como la recordábamos, absoluta, pura, clásica, escultural, aún con gracia espontánea. Su Giselle también superó recuerdos pasados, evocando la Edad del Romanticismo como pocas pueden ser capaces. A través de toda la representación estuvo imbuida con una nueva delicadeza, a pesar del tiempo, de nuevo ella se abalanzó en una pura danza gloriosa —sus virtuosos echappés en el segundo acto, atrajo los aplausos del público a sus pies—. Balances que deben ser vistos para ser creídos. Y en todas partes, estilo, estilo, estilo... Margarita [en Nos veremos ayer noche, Margarita] fue toda amoroso cuidado, expresado a través de los más sutiles gestos. Cuán exquisitas fueron las amables inflexiones que hizo con sus hombros, o en momentos de desesperación, la forma en que sus manos fueron lentamente cayendo una sobre la otra. Fue uno de sus milagros menores.
Gerald Fitzgerald, Estados Unidos, 1971

33:

Los músicos le dan un nombre. Le llaman tono absoluto —la habilidad de distinguir una nota o cualquier número de notas, sin haber tenido que escucharlas—. Los músicos más notables poseen este don. Prácticamente todos los grandes lo poseen. Esto es lo que les hace posible leer una pieza de música y oírla, al igual que usted lee un libro. Es lo que posibilita a un compositor sordo continuar componiendo después de perder el oído. Pero las otras artes no poseen un nombre para esta habilidad, aunque, no sería incorrecto, en dibujo, hablar de línea absoluta, o en teatro de caracterización absoluta. De una expresión de tal medida se está careciendo notablemente en la danza. Usted podrá hablar de «noción absoluta» o «dirección absoluta». Y esto podrá ser definido como una habilidad interior, un principio fundamental del movimiento, basado no tanto en adquisiciones del exterior, como en una profunda visión intuitiva. Un gesto particular o una serie de gestos, o tan sólo una escena, son bailados de una forma determinada debido a que ya existen, de este modo particular, en la psiquis creadora del bailarín. Y debido a la extraordinaria profundidad de su origen, nos llegan del otro lado del escenario como si fueran algo infinitamente espontáneo, natural, completamente convincente, satisfactorio, y tan poco común. Después de casi una semana observando a Alicia Alonso, noche tras noche, vemos su inmenso don de llamado «movimiento absoluto», que es quizás sumamente abrumador. No le es permitido hacer un mal movimiento del mismo modo que un músico con tono absoluto no puede cantar o tocar desafinado. A esta norma de lo absoluto, y quizás debido a ella, la Alonso contribuye con otro don inesperado: el de la síntesis artística. En cualquier interpretación que realice (entra en cada una de ellas con la misma naturalidad propia —Giselle, Carmen, Odette, Margarita—), ella representa más que un retrato de ese papel; es una especie de síntesis de esa clase de mujer. Sus heroínas son conmovedoras, nobles, tiernas, de acuerdo con el papel, y a la vez se las ingenia para que sean explicaciones de sí mismas. Ella es la mujer que representa, pero además, sublima a esa mujer. Y ¿qué decir acerca de su danza? Es tan difícil pensar en una bailarina que trasciende tan cabalmente su persona en la creación de su arte. Solamente un tempo, rara vez pausado, o inusitadamente rápido (ella favorece ambos extremos) podrían, ocasionalmente, distraer la atención del espectador de su maestría creadora, de su elegancia y técnica soberbiamente expresadas. Puede usted momentáneamente pensar: «Oh, sí. Su danza es exquisita.» Pero al segundo siguiente se encontrará preguntándose qué es lo que su genio está próximo a hacer y cómo lo hará. El pas de bourrée de Margarita retorciendo y girando en figuras agonizantes semejantes al número ocho, no puede ser considerado como una expresión balletística, sino como una resignación a la demanda del padre para que dejase tranquilo al joven amante. La alegría exuberante de Giselle, júbilo puro, no puede ser catalogada como una forma particular de la danza sino, solamente, como una forma de ser.
Zelda Heller, Canadá, 1971

34:

Alicia Alonso es un ímpetu tenaz, frenético, heroico —disparado contra la enfermedad y contra el tiempo—, hacia la perfección incansable. [...] El Ballet Nacional de Cuba es mucho más que una suma de excelencias y una escuela singular; es la voz de una fuerza popular sin reposo. [...] En Alicia Alonso vive, muere, resucita y vuelve a morir para nacer mejor, el venerable grito de la tierra que hace de la figura humana un árbol estremecido de ramas incansables.
Juan Marinello, Cuba, 1972

35:

Pero, una medida infrecuente registra este aniversario [25º aniversario del BNC]. Me refiero al hecho de que Ballet Nacional de Cuba es el sustento legítimo de la grandeza de Alicia Alonso, pero, además, la proyección fecunda de su magisterio. Alicia Alonso ha hecho gloria, pero también escuela.
Juan Marinello, Cuba, 1973

 
36:

Su voz ha repetido constantemente a los cubanos: ejercítate en la danza. [...] Ella ha enseñado que el cubano continuase en una forma apasionada su tradición de danza. Pero llevar esa simple descarga del temperamento al grado mayor de su esplendor ha sido para los cubanos su mayor gloria ante la posteridad. [...] Siempre oiremos su voz que nos dice: ejercítate en la danza. Lleva tus ideas a su unidad y a su esplendor. Convierte cada día en una lección para la eternidad. Dibuja cada día en el espacio y fija cada gesto en una sustancia resistente frente al furor temporal. Convierte la pereza y la voluptuosidad en un diálogo mientras paseas por la ciudad.
José Lezama Lima, Cuba, 1973

37:

Su técnica ha desafiado siempre todas las definiciones posibles. Nunca se había visto bailar así y, sin embargo, a pesar de esa perfección, sus interpretaciones tenían un equilibrio armonioso al servicio de la tradición y al estilo de cada ballet.
Luis Ángel Torres, Argentina, 1973

38:

Cuando Alicia, después de un prodigioso giro, reposa, toda su figura alcanza una peculiar plenitud. La diestra bailarina puede imitar sus giros de mariposa en la luz, pero no la difícil madurez de su gracia en el reposo.
Con inmensa emoción la hemos visto bailar, preguntándonos también por el secreto de esa misteriosa medida, de esa gracia mediadora entre lo idéntico y lo distinto, ese saber que el baile tiene que subir de los pies y alcanzar el alma expresada en el rostro. Logro lento, la plasticidad del perfil: también con él se baila. [...] Dan ganas de desear que el júbilo que pronuncia con sus ojos de egipcia, que parecen pintados al carbón para un bajorrelieve funerario, o su boca rajada que ha agradecido los aplausos de los escenarios más exigentes del mundo, sea el de la naturaleza triunfante, que desde los comienzos se esforzó por romper la pesantez del polvo, ciegamente bailando en los átomos del rayo de luz.
Fina García Marruz, Cuba, 1974

39:

Guardamos un gran recuerdo del arte de Alicia Alonso, porque ella es una de las más grandes bailarinas del mundo, y la más grande que haya pasado jamás por el Ballet Theatre. Considero que el ballet cubano tiene sus características propias. Se destaca de las diferentes escuelas que he visto, por la facilidad que tienen sus bailarines para interpretar tanto lo clásico como lo romántico y moderno. Esa versatilidad, que cubre un repertorio muy amplio, es muy difícil de explicar; sólo se comprende viéndolos bailar. Creo que eso se ha logrado gracias al entrenamiento que les han brindado Alicia y Fernando Alonso, dos de los más altos exponentes de la técnica del ballet en el mundo.
Cynthia Gregory, Estados Unidos, 1974

40:

Es muy grato estar aquí [en Cuba] y poder conocer otro aspecto del extraordinario trabajo que ha hecho Alicia Alonso en favor del ballet. Ella es una inspiración, no solamente para los cubanos, sino para todos los bailarines del mundo. Me parece una tarea extraordinaria el convertir una compañía nacional de ballet en una organización de rango internacional. Eso ha logrado Alicia Alonso con el Ballet Nacional de Cuba.
Carla Fracci, Italia, 1974

41:

Simón Bolívar dice «la danza es la poesía del movimiento». Alicia Alonso en correspondencia perfectísima con esa definición magistral, es el movimiento hecho poesía, y algo más todavía: Alicia Alonso viene a ser el ser humano considerado como obra de arte. [...] Hasta el momento en que insurgió Alicia en el mundo de la danza, desde su pequeña Cuba, se tenía a la danza clásica, al ballet, como una suerte de privilegio de las clases acomodadas, de las gentes pudientes. Y ahora la encontramos de tal manera integrada a su pueblo que no vemos modo de diferenciar, en la Cuba revolucionaria, a quién es Alicia y quién es su pueblo. He aquí a una figura en quien ha venido a consumarse un hecho que estaba latente en el hacer, en el ser, en el vivir de Cuba. No es ciertamente una casualidad el que sea Cuba quien nos entregue tan eminente figura de la danza. Para decirlo en los términos profesionales del danzarín, Alicia Alonso no ha hecho otra cosa que seguir al ritmo de su pueblo. Si hay algún arte en el que Cuba se señaló siempre, si hay alguna expresión artística que define a Cuba como entidad nacional, como comunidad histórica y étnica es el impulso danzario, el espíritu danzario de su pueblo. Si hay algo que unifica a los cubanos como manera peculiar de ser, como nacionalidad, es el instinto de la danza. Todo lo que hace el cubano, lo ejecuta como siguiendo una especie de ritmo que le marca su alma ancestral, su espíritu nacional, incluso su paisaje, las significaciones capitales de su naturaleza.
Aquiles Nazoa, Venezuela, 1975

42:

Hace alrededor de treinta años que vi por primera vez la Odette de la Alonso, y desde entonces a acá mucho ha ocurrido en el mundo y en el arte del ballet, pero su interpretación permanece como lo que siempre fue: un poema profundamente sentido acerca de la fuerza mítica del ideal femenino. Su Odette sigue siendo un fantástico ser, distante y remoto y a la vez pasional; los fuertes brazos de cisne mantienen toda su realeza original, y su fraseo mesurado es tan musicalmente inevitable y radiante como siempre.
Clives Barnes, Estados Unidos, 1975

43:

El momento más grande de la noche no estaba ni siquiera impreso en el programa —fue anunciado desde el escenario por Lucia Chase. Alicia Alonso regresaba de Cuba para una presentación como invitada con la compañía que ayudó a poner en el mapa, a pesar de que algunos quieran ignorar que el propio país de ella también está en ese mapa. Bailó el pas de deux del «Cisne blanco» con su partenaire cubano, Jorge Esquivel, en una forma como nacida del cielo, desafiando la edad y las presiones políticas. Como siempre, la belleza supera al dogma.
Bill Zakariasen, Estados Unidos, 1975

44:

Su Odette es una criatura intemporal, triste, eminentemente dignificada, pero todavía capaz de vibrar ante los ímpetus de la pasión y la poesía. Ella nos requiebra peligrosamente con arabesques espectaculares y profundos, en los que parece sumergirse, con tiempos muy lentos y con una extraordinaria aplicación del rubato en su fraseo. Ella embellece las imágenes convencionales con sorprendentes matices y con las ondulaciones de sus brazos como de ave; exuda autoridad y poder, aun cuando se nos presenta toda fragilidad. Alonso encarna la gran tradición, una tradición que, lamentablemente, está muriendo.
Martin Bernheimer, Estados Unidos, 1976

45:

Alicia Alonso, la bailarina, no fue un producto de promotores. Estudió, es cierto, con buenos maestros; fue una estudiante siempre ávida de asimilar los conocimientos de ballet. Pero la forma en que usó su preparación, el cauce por donde dirigió su talento, fueron resultado de su propia elección, de sus propias decisiones. La mayoría de las «ballerinas» de fama mundial son fruto de escuelas y promotores. Balanchín ha moldeado el estilo de María Tallchief, de Suzanne Farrell, de todas sus «ballerinas». Ninette de Valois y Frederick Ashton transformaron a la talentosa y dúctil Peggy Hookham en la encantadora Margot Fonteyn. Antony Tudor advirtió las posibilidades que tenía la joven Nora Kaye y la ayudó a convertirse en la más grande «ballerina» dramática de Norteamérica. Diáguilev y su equipo formaron deliberadamente a Alicia Márkova. Hubo instructores, patrocinadores y promotores para las distintas protegidas. Pero Alicia Alonso se abrió su propio camino. Ella sola es responsable del trayecto que la condujera a ser la gran «ballerina» Alicia Alonso. [...] La técnica siempre fue su fuerte. Recuerdo que el coreógrafo Antony Tudor señaló una vez: «Alicia es casi impertinente en su perfección. Su perfección parece censurar el baile defectuoso de los demás.» [...] Alonso, la bailarina, nunca ha llegado al «non plus ultra» de su actuación; busca mejorar eternamente la pasión devoradora. Siempre está tratando de lograr la perfección y tiene la humildad de no admitir nunca que ha alcanzado la cúspide.
Ann Barzel, Estados Unidos, 1976

46:

Cómo ella logra concentrar tanto sentimiento en la ejecución de un simple arabesque [en el personaje de Odette, de El lago de los cisnes], es un misterio sólo conocido por los genios. Nunca hubo un movimiento dividido en partes, sino una forma única, vibrante, de la más cabal pureza. El momento en que inició los petits battements, estremecedores, del abrazo final, fue suficiente para sentirnos desgarrados.
Alan M. Kriegsman, Estados Unidos, 1976

47:

Alicia Alonso, esas dos solas palabras, para toda una generación de amantes de la danza, han sido sinónimo del gran arte del ballet. [...] Para la mayoría de los balletómanos, Alicia fue la primera gran bailarina clásica del ABT. Nana Gollner tiene el derecho de prioridad, pero su carrera fue comparativamente corta. Nora Kaye fue más una bailarina dramática que una bailarina clásica, y tanto María Tallchief como Rosella Hightower vinieron más tarde. Alicia Alonso fue la primera, y también una de las más grandes. Tenía —tiene— una pasión particular [...] Como bailarina clásica, Alicia siempre ha sido intensamente dramática, como puede evidenciarse por su Giselle, con la cual fue mundialmente aclamada a partir de los años 40. Y mientras Balanchín creaba para ella Tema y variaciones, no debe olvidarse, que, a causa de una lesión sufrida por Nora Kaye, bailó la primera función de Lizzie en el Fall River Legend de Agnes de Mille. Alicia siempre se ha destacado por sus despliegues de temperamento especialmente en aquellos roles en que éste debe mostrarse sojuzgado. En muchos sentidos su Odette con su magnifica musicalidad, es más impresionante que su llameante y lustrosa Odile, y se recuerdan también entusiásticamente sus actuaciones en algunos ballets de Antony Tudor. Musicalidad intensa y un firme, innato sentido del personaje, pasión y control, son algunas de sus cualidades...
Clive Barnes, Estados Unidos, 1976

48:

Alicia Alonso vive en el ballet moderno como un severo recordatorio de los grandes preceptos del legado clásico. Su exquisita cultura escénica jamás le permite dejarse llevar por la afectación externa, por la simple exposición de su técnica, verdaderamente brillante: sigue siendo guardiana fiel de las nobles tradiciones del baile clásico.
Elena Riabínkina, Unión Soviética, 1976

49:

Si Hans Christian Andersen hubiera visto La Péri interpertada por Alicia Alonso, habría preparado de inmediato un viaje a Persia para explorar la leyenda y escribir un cuento de hadas acerca de la encantadora y lejana figura a la que Alicia imprime toda la belleza que Gautier hubiera podido soñar para ella.
Svend Kragh-Jacobsen, Dinamarca, 1976

50:

Para comenzar, diremos que, sin discusión, Alicia Alonso es la prima ballerina assoluta. En el sentido exacto de la palabra, ella reina en el mundo de la danza. Lo mismo coreógrafos famosos que jefes de Estado corren para verla y presentarle sus respetos. Ella conoce todos los tributos de admiración que puedan recibirse. Como directora del Ballet Nacional de Cuba, es notable por sus experimentos con las nuevas formas de expresión y por su visión artística. Miles de amantes del ballet se deleitan a la luz de esta resplandeciente estrella. [...] Todavía posee aquellos delicados brazos, aquellas gentiles manos; todavía ejecuta aquellos exactos giros en el aire, aquellas graciosas pirouettes, y aún tiene ese impetuoso ritmo en las piernas, propio de la prima ballerina. Es rápida, ágil, y sin embargo suave, dramáticamente cautivadora. Sobre todo, Alonso es una bailarina lírica y un ser con una total maestría del vocabulario de la danza clásica, cualidad en verdad increíble.
Andrea Herman, Estados Unidos, 1977

51:

Es sin duda una de las más grandes bailarinas de este siglo. Esto lo sabe cualquier balletómano que conozca lo que es un demi-plié. Pero sucede que ella, además de una gran bailarina, es una heroica sobreviviente [...]. Ella es una genuina exponente de una escuela específica y de un período de la danza —grande, afirmativo, sensible, indulgente, exquisitamente detallista— que está hoy en vías de extinción. [...] Ella no es de esa clase de artistas inclinados a hacer concesiones o a aceptar derrotas. [...] Después de todo, es veterana de muchas guerras y se ha ganado con creces el respeto y la deferencia universales. Sin embargo, Alonso nunca fue una bailarina de excusas ¡y todavía no necesita de ellas! [...] Su milagroso cuerpo todavía responde con un máximo de obediencia a lo que le ordena su exigente cerebro. Ella ofrece, de manera constante, una lección de estilo sumada a una lección de técnica igualmente sorprendente. [...] Alonso no se opone a ciertas libertades. Disminuye la velocidad de la orquesta en un adagio climático, hasta el punto cero; entonces, emprende el vuelo en elevaciones de una rapidez que deja a todos (menos a ella) sin respiración. En otra bailarina, tal comportamiento podría aparecer amanerado y gratuito; en ella no sólo es aceptable, sino inevitable. Ella es inolvidable.
Martin Bernheimer, Estados Unidos, 1977

52:

Sin duda la heroína de la noche fue la Alonso ¿Quién otra? Han transcurrido treinta y dos años desde que fui maravillado por primera vez con su Giselle. Ella ha cambiado. Ahora es diferente a como era entonces. Y en muchos sentidos, mejor. Su batería, precisa, aunque con la ligereza de la pluma, es soberbia y sus maneras son ahora las de una diva operática. Ella se mueve con un diferente sentido de la articulación, aunque más deliberado. La suya sigue siendo una interpretación monumental, porque es una de las maravillosas bailarinas de nuestra era dancística. Su actuación, de una amplia escala y rapsódica en intensidad, logra apresar el escenario como un guante de seda que tuviera empuñadura de hierro.
Clives Barnes, Estados Unidos, 1978

53:

[Su debut en Giselle fue] la más arrolladora y compensadora noche de triunfo total. Un orgullosísimo Albrecht la condujo a que la aclamaran con aplausos, vítores y finalmente una ovación de pie. Tengo buena memoria. En lo que pudo ser la última llamada, yo la llevé y su mano temblaba en la mía. La dejé sola en el escenario para que recibiera el tributo de un público que había sido ampliamente recompensado por la ausencia de la gran Márkova con la presencia de la ya entonces igualmente grandiosa Alonso. Los años han pasado, Alicia le ha aportado más polvo áureo, mayores destellos al papel que tanto ella ama y por el que siempre será recordada: Giselle.
Anton Dolin, Reino Unido, 1978

54:

Ver bailar a Alonso este rol de Yocasta es ver un milagro en acción. Es un papel inmensamente extenuante, demandador de acerados ataques y ardorosas emanaciones emocionales. Alonso ejecuta todo eso con persistente energía e intensidad pareciendo en todo momento tener la mitad de sus años, desarrollando media docena de piruetas en unos acortados brotes de esas increíbles piernas como jabalinas. Cómo es posible para una mujer de su edad hacer lo que ella hace, es un secreto conocido solamente por la Alonso y la divina providencia.
Alan M. Kriegsman, Estados Unidos, 1978

55:

La Giselle de Alicia Alonso era, y es hoy, una interpretación única. Revela a un ser único, una artista muy distinta a cualquiera otra bailarina, mientras que al mismo tiempo descubre su herencia cubana. [...] El Ballet Nacional de Cuba es decididamente cubano, tanto en su clasicismo tradicional, como en sus nuevas coreografías, pero como todas las grandes compañías de ballet, pertenece al mundo sin fronteras de la danza, tal como es, a través de su arte, la cubana Alicia Alonso, prima ballerina assoluta DEL MUNDO
Walter Terry, Estados Unidos, 1979

56:

Muy raras veces —usualmente uno escucha acerca de ellos solamente a través de la leyenda— hay momentos en el teatro que van mucho más allá del nivel de la experiencia ordinaria y por ello raramente pueden ser descritos. Alicia Alonso ofreció tal momento el sábado, en la que debió haber sido solamente una ordinaria matinée con el Ballet Nacional de Cuba, en el Metropolitan Opera House. La misma se tornó entonces en una de esas grandes representaciones que el ballet, como un arte escénico vivo, puede producir en los momentos más inesperados. Hubo, en efecto, muy poco para presagiar algo inusual o hasta algo prometedor. La Alonso estaba programada para hacer su debut en Estados Unidos con Jorge Esquivel en la única representación de la temporada de un dueto de Espartaco [...] Ciertamente, ésta no es la mejor coreografía en el mundo y generalmente no funciona fuera de contexto, en esta forma de fragmento. Pero una vez más, al final, la Alonso ha dejado literalmente a algunos miembros del público en lágrimas, mientras que otros, aparentemente estremecidos al principio, se levantaron en oleadas para darle una ovación de pie. Esta no fue, debe ser señalado, la ovación común de la cual una audiencia cae a sus pies, en una erupción o estallido de entusiasmo. Fue más una situación en la cual una deslumbrada y aturdida masa de humanidad, totalmente hipnotizada por lo que había tenido lugar justamente sobre el escenario, necesitó tiempo para recobrarse y fue entonces inexorablemente desbordada en su entusiasmo. Personalmente esta escritora nunca había visto a un bailarín o bailarina ejercer tal fuerza compulsora sobre un espectador. Si es más fácil describir la reacción de la audiencia que la actual dimensión de la interpretación de la Alonso, ello se debe a que la esencia de esa interpretación tuvo algún tipo de inefable magnetismo. A medida que el baile progresó, uno podía sentirse literalmente arrojado a una interpretación sin precedente, movido a un núcleo de emoción que el baile usualmente no intenta alcanzar. Esta fue una interpretación que desafía el análisis, y ahí está el porqué fue tan grande, tan magnífica. Llegado a este punto, puede ser sabio sugerir que el sentimiento no jugó parte alguna en este fenómeno [...] ¿Nos conmovió porque sentimos lástima por ella y tristeza de que su carrera sobre las tablas pueda estar arribando a su término? No, nos conmovió simplemente porque una artista de la talla de Alicia Alonso puede aún espolear las reservas de grandeza que han hecho de ella lo que es.
Anna Kisselgoff, Estados Unidos, 1979

57:

Desde el principio hasta el final, el baile de la Alonso tiene un brillo nacarado. Al girar en arabesque en los brazos de Albrecht ella es, decididamente la heroína de Gautier. Al ejecutar una serie perfecta de entrechats, ella domina aún esa manera de bailar que más se ajusta al estilo romántico. Y por su absoluta comprensión del tema de Giselle, la Alonso nos dice más de este ballet que ninguna otra intérprete de hoy día. Ella es una gran bailarina, una gran artista.
Clement Crisp, Reino Unido, 1979

58:

Alonso es una de las increíbles maravillas del mundo [...] observen esas elevadas extensiones, sigan aquellas piruetas de azogue, observen esos brillantes y susurrantes entrechats.
Pero en la actualidad todas esas observaciones son tontas. Porque hablar de la Giselle de la Alonso en términos de piruetas y entrechats es como hablar de un océano en términos de conchas y peces plateados. La Alonso nos entrega una actuación total, un compendio, una completa entidad, que en expresiones faciales, y en sentimiento nos cuenta quién es Giselle. Es una sensitiva, detallada y perfectamente equilibrada representación, que permanece como un modelo de estilo, buen gusto y autoridad. Alonso no pretende darnos una serena aldeana, doncella en el primer acto. Su Giselle está curiosamente cambiada, triste, intemporal —aún ahora. Su escena de la locura emerge de un sueño, teatralmente orgánica, casi inevitable. En el segundo acto ella se vuelve un ser totalmente transfigurado, pálida pero radiante, sufrida, pero serena. De alguna manera, ella es heroica, trágica y etérea, todo a la misma vez; y en su adagio de despedida a Albrecht es infinitamente tierna, e infinitamente conmovedora.
Martin Berheimer, Estados Unidos, 1979

59:

Y Alonso en su manera inimitable, iluminó una tradición de Giselle [...] Cada aliento suyo parece filtrado a través de algún grabado antiguo de danza y recuerda la nobleza y el donaire típicos del siglo XIX. [...] Esta Giselle no es ni veleidosa en sus agonías de amor ni trillada ni frenética en la locura. Hay una calidad de reflexión que lo motiva todo. Como una dichosa campesina, ella exuda un placer melodioso, hasta en el patético tartamudeo, cuando se desliga de la realidad. Nada es exagerado y las cualidades son infinitamente sutiles y poéticas. En el mundo de las Wilis de apretujadas esperanzas, Alonso continúa su interpretación sin un corte, simplemente se convierte en la ultraterrena contrapartida de la heroína. Su quietud y fragilidad pueden observarse en esas maravillosamente talladas poses en lift, que se recortan a través de la vastedad del Shrine como la mas fina porcelana quebradiza. [...] ella puede aún enseñar a todas la futuras Giselles este rol de roles como ninguna otra puede.
Donna Perlmutter, Estados Unidos, 1979

60:

Formada en el seno de un pueblo para el que la danza responde a una necesidad profunda del temperamento, Alicia se ha convertido, en cierta medida, en su Artista Nacional. Y como el alción, de la sima de la ola ha emprendido su vuelo, haciendo irradiar su arte con una deslumbrante maestría.
Alejo Carpentier, Cuba, 1980

61:

Creo que Alicia Alonso no necesita halagos, ni flores, ni honores, porque para mí es alguien que representa la vida... Cuando pienso en ella, como todo bailarín, pienso por supuesto en sus puntas fantásticas y en su quinta posición, pero ante todo viene a mi mente su estado de ánimo, esa especie de deseo de vivir, esa voluntad constante de ser, de devenir, de renacer, de morir, de renacer, cual Ave Fénix. Ella es un ser eterno, que regresa de nuevo más joven, más fuerte, más vital. Sí, lo que yo amo en ella es esa sonrisa llena de esperanza en el futuro. Amo mucho a esta artista, la admiro y me inclino profundamente ante ella.
Maurice Béjart, Francia, 1980

62:

Alicia Alonso: más que una bailarina, la danza misma. Así la hemos visto antaño, así permanece hoy. Silueta filiforme que se prolonga en un cuello erguido y flexible; un andar vaporoso, un deslizarse; brazos ondulantes en los que el movimiento concluye en manos extendidas hacia el cielo, con un último temblor de sus dedos. El encanto, la gracia, en una palabra: el estilo.
Y un estilo muy particular. Alicia Alonso rescata el arte del siglo XIX para nosotros; es decir, el romanticismo en toda su pureza clásica. Los dos términos pueden parecer contradictorios, pero ella los reconcilia, pues si a la manera romántica domina el gesto que irradia la emoción, también conoce la norma clásica que expresa la belleza. Y para ella, lo uno no puede existir sin lo otro.
Si el arte coreográfico romántico permanece hoy vivo en su sinceridad original, eso se debe a artistas de su envergadura. Por supuesto, todas las compañías del mundo bailan todavía Giselle, El lago de los cisnes o La bella durmiente. Pero no nos confundamos; las más diestras de ellas no realizan más que un pastiche de las coreografías que concibieron Petipa o Coralli. Estancadas en convenciones y estereotipos, tratan de evadirlos con excesos de virtuosismo, a los que el espíritu del ballet se resiste.
Alicia Alonso es heredera de una tradición, es decir, que ella sabe restituirnos no sólo la forma, sino el alma de las obras maestras en peligro de perderse. Se ha remontado a las fuentes de su verdad y ha analizado las fuerzas subyacentes en ella, ha rehusado la insipidez de las imágenes y los sentimientos, y ha sabido conservar de ellos la vehemencia trágica y el esplendor estético [...] Quizás Alicia Alonso haya logrado esta milagrosa resurrección gracias también a esa intuición femenina, que es el resorte fundamental de las heroínas románticas. Hay en ella una fuerza, un deseo de felicidad, una alegría asociada a una meticulosa preocupación de perfección. Ella sabe soñar sin dejar de ser positiva.
Una artista de excepción que conjuga hasta lo infinito los placeres de la razón y las delicias de la imaginación.
Claude Baignères, Francia, 1980

63:

La cubana Alicia Alonso [...] domina el escenario como pocas bailarinas lo logran a cualquier edad. Hay una presencia en ella, un aura que es eléctrica. Vestida con una exótica malla roja, como Cleopatra adornada para el juego del sexo y el poder, Alonso bailó Lady Macbeth en La corona sangrienta, con una aterrorizadora intimidad. La primera escena fue explosiva. Allí se mantuvo erguida, rígida, determinada, tensa, mayestática de una manera diabólica. Un seguidor rojo la bañó y creó un charco de luz delante de ella. Lady Macbeth se arrodilló ante el charco de modo que sus manos parecieron estar cubiertas de sangre. De ahí en adelante, la obra estuvo asegurada.
Helen C. Smith, Estados Unidos, 1980

64:

La indiscutible estrella del Festival Spoleto-E.U., fue Alicia Alonso como Lady Macbeth. [...] El genio de Alicia Alonso reside en su habilidad para transcender su propia impecable técnica y entrar en los dominios del gran teatro humano: su Lady Macbeth no fue una excepción. Hubo electricidad en el aire del Gaillard Auditorium, en Charleston, Carolina del Sur, del mismo modo que las manos de Alicia vinieron a ser instrumentos de ambición y muerte. Su bello cuerpo fue, a la vez, sensual y ferozmente descarnado; su interrumpida línea fue formidable.
Octavio Roca, Estados Unidos, 1980

65:

El lado latino, al menos ese que es tratado con absoluta feminidad en ballet, estuvo presente en el baile de Alicia Alonso en Tema y variaciones de Balanchín. Nadie hoy día, ni en las continuas presentaciones del American Ballet Theatre de este clásico de mediados del siglo XX, ni en la versión revisada de este ballet que Balanchín hizo para su New York City Ballet, baila Tema y variaciones como la Alonso [...]. Nadie ha podido llegar a igualarse a ella en esta obra. Desde luego, Balanchín creó este ballet para ella y sobre ella. Él incorporó dentro de sus patrones musicales sus largos miembros y admirables extensiones. Sobre su legato innato, exploró en cerrar y abrir movimientos, y creó un adagio notablemente bello en el cual es acompañada por un cuerpo de baile femenino [...], ella continuamente sobre las puntas. El coreógrafo empleó, además, la ligereza de pasos y la rapidez de la Alonso [...]. En el largo pas de deux para la Alonso y Youskévitch, hubo una inclinación romántica de un cuerpo hacia el otro que logró curiosamente hacer recaer la atención sobre la colocación corporal, lo que hizo pensar en un delicioso suspiro suavemente exhalado.
Walter Terry, Estados Unidos, 1981

66:

Estar cerca de Alicia Alonso es estar cerca de la danza; ser la danza misma. Su gloria supera todo homenaje y representa la admiración, el respeto, el cariño de Cuba, y de todos los cubanos.
Nicolás Guillén, Cuba, 1981

67:

He aquí la maravilla de los grandes creadores: lo que Alicia Alonso hace en Giselle, lo que continúa haciendo hace treinta y cuatro años, es una auténtica obra de arte, es algo que bastaría y sobraría para darle renombre mundial a esta grandiosa bailarina. No sé mucho de esto, pero creo que de haber caído Giselle en otras manos que no fueran estas que Alicia Alonso mueve con tan rara perfección, el ballet se hubiera venido abajo hace mucho tiempo. Esta presentación de 1982 en Madrid, significó para la artista y su compañía, que es también un conjunto de primer orden, algo que no hay otra manera de describir que acudiendo a la fea palabra apoteosis. Usted ve bailar a esta mujer, de cuya edad no hace falta acordarse, y queda fascinado. A alguien que me pidió mi opinión a cuenta de que uno es un poco melómano le dije: Mire, estoy tan impresionado por lo que he visto que pasé todo el tiempo con la sensación de que nunca había visto bailar a nadie tan prodigiosamente y si quiere que le resuma lo que pienso, lo único que se me ocurre es parodiar una frase de mi querido Raymond Chandler, y decir: Es una bailarina, una bailarina capaz de hacer que un obispo rompiera a pedradas una vidriera para mirar por el agujero.
Gastón Baquero, Cuba-España, 1982

68:

En Edipo, que cuenta con una música excelente de Leo Brouwer, tuvimos la suerte de volver a ver a Alicia Alonso en Yocasta. [...] Siempre hemos pensado que el sueño de Gordon Craig sobre la última perfección de la super-marioneta era una utopía. En algún momento, muy pocos momentos, a lo largo de nuestra vida de espectador, hemos tenido la impresión de que era posible acercarse al gran sueño del maestro inglés. Viendo a Eduardo de Felippo, a Marlene Dietrich y, esta vez, a Alicia Alonso, hemos tenido la impresión de que la última perfección deseada por Craig era posible. La precisión del trabajo de Alicia Alonso en Edipo es sobrecogedora. Una inolvidable lección de profesionalidad y de última capacidad creadora.
Ricard Salvat, España, 1982

69:

Alicia Alonso, la señora del ballet, la reina de Cuba, la última gran maestra de nuestro siglo. La última Diva también. Para ella los poetas han escrito versos, como para la Grisi y Taglioni. De Neruda a García Márquez, y otros muchos escritores latinos. «Siempre te vi volar toda ya un hada, cisne, paloma y mil y más criaturas...» Volar, el signo de la danza.
«Ella nació para que Giselle no muera», ha escrito un poeta. Y ha dicho un crítico de danza: «¿Como puedes bailar Giselle, si Giselle eres tú?» En tal clima de adoración, Alicia Alonso se viene perfectamente a su destino. Ella es un héroe nacional, el mito de su tierra.
Mario Pasi, Italia, 1983

70:

Yo deseo dejar establecido que la Alonso, la bailarina cubana, no es propiedad de un solo país de este hemisferio americano. Ella pertenece propiamente a toda nuestra América, la del Norte, la Central, la del Sur y a las islas que están en los dos continentes. La Alonso pertenece propiamente al ballet de nuestra era. Ella está en el siglo XX como artista en el mismo espíritu y sustancia que en otros tiempos estuvieron bailarinas como Sallé y Camargo; Taglioni y Elssler; Grisi y Cerrito; la danesa Grahn y la única americana, Augusta Maywood. Quiero con esta declaración establecer que la Alonso es una leyenda viva, que es ya parte de la tradición clásica y parte de la historia del ballet.
Olga Maynard, Estados Unidos, 1984

71:

Considero a Alicia Alonso una de las más grandes bailarinas de todos los tiempos, una artista de gran sensibilidad, a la cual admiro desde que la vi bailar por primera vez hace cerca de treinta años.
Renato Magalhaes, Brasil, 1984

72:

En lo alto de la extraordinaria historia del Ballet Nacional de Cuba siempre se destacará lo que tiene luz propia, la estrella única en este acontecimiento, que se llama Alicia Alonso. Parece frágil, pero es todo un carácter, con gran fuerza en su personalidad física y artística, y al mismo tiempo con una sensibilidad tan acusada, como acusado es su sentido de la responsabilidad por llegar al máximo de la perfección. Ella ha logrado unir la grande y complicada técnica de la danza a lo más profundo del sentimiento artístico, lo que le permite transformar a sus personajes y luego sentirlos.
Trini Borrull, España, 1984

73:

Yo creo que Alicia Alonso es [...] uno de los máximos paradigmas del ballet contemporáneo. Y no sólo porque parezca contradecir cualquier presumible ley natural, sino porque su perfección expresiva se asocia visiblemente a lo que podría llamarse la materialización de los cuatro elementos. Ella es aire, fuego, tierra, agua: su técnica consiste en diluirla por detrás del exquisito poder de su propia naturaleza. A partir de ahí se despliega la lección universal de Alicia Alonso y se posibilita ejemplarmente el superior rango artístico del Ballet Nacional que ella fundara y dirige en Cuba.
José María Caballero Bonald, España, 1986

74:

No reconozco otra inmortalidad que la de ser recordado por los seres humanos que anhelan y contagian la belleza; porque su búsqueda exige la paz y la cultura. Alicia Alonso lleva más de 50 años enseñándole al mundo denodadamente la lección de la danza. Y ha construido, en una isla caribe, su país de las maravillas. Radiante entre su compañía, rodeada de admiración y afecto, produce la envidia más hermosa.
Es una niña que lo sabe todo, y con todos comparte su secreto: envejecer entregada a su amor y entregando su amor. El modo más alto de no morir jamás.
Antonio Gala, España, 1988

75:

Desde que la vi en escena por primera vez sólo he soñado en bailar con ella. [...]Alicia Alonso es la suprema clasicista, la transparencia del gesto y del movimiento.
Rudolf Nureyev, Unión Soviética, 1990

76:

Alicia es un milagro de bailarina [...] ella no va de un lugar a otro con pasos de danza, sino que simula crear nuevos espacios con su baile pleno de gracia. Alicia es una artista total.
Igor Youskévitch, Estados Unidos, 1992

77:

Por ella Giselle se convirtió en una muchacha cubana bailando sola en el patio de su casa el misterio unitivo de las islas, el hechizo de la Isla más entrañable y herida; el patio cubano se convirtió en escenario universal; todas las muchachas cubanas se alzaron con Giselle hasta el patio de la gloria. De la gloria sencilla, la gloria amorosa de todos, la gloria cubana, por cuya gracia le damos gracias, Alicia, señora nuestra.
Cintio Vitier, Cuba, 1993

78:

Alicia Alonso, gran amiga, gran actriz, es una artista consumada. Nosotros, quienes tuvimos el privilegio de estar junto a ella en los comienzos de su carrera, siempre supimos que llegaría a serlo.
Ella entregó siempre en cada rol una ardiente pasión por la perfección, y una alegría de bailar jamás igualada. Lo más precioso de todo es ese gran ser humano que llamamos Alicia. Su indomable espíritu es una constante inspiración; su arte, el regalo de un precioso tesoro.
Donald Saddler, Estados Unidos, 1993

79:

Sólo puedo ser testigo del hecho de que en el mundo de la danza, en el mundo del ballet, cuando se dice Cuba, se dice Ballet Nacional de Cuba y escuela cubana de ballet, y es decir Alicia Alonso, y decir Alicia Alonso es decir Giselle. En todas las artes escénicas hay papeles que viven y siguen viviendo y siendo actuales gracias a intérpretes excepcionales. Es el caso de Hamlet, con John Gielgud; de La Traviata, de Verdi, con Maria Callas. Eso es: Alicia Alonso y Giselle es lo mismo. Gracias a Alicia Alonso, Giselle sigue siendo una realidad artística actual.
Alfio Agostini, Italia, 1993

80:

Las bailarinas entran en tres categorías. En la primera están aquéllas que realizan su profesión con suficientes méritos como para merecer la atención y nuestros aplausos. En la segunda, aquellas bailarinas cuyo talento provoca una admiración particular. En la tercera, aquéllas que por su genio llegan a alcanzar un lugar en el Olimpo. Alicia Alonso, precisamente, pertenece a esta galería poco numerosa, junto a la Taglioni, la Pávlova, la Ulánova. Es decir, sin par ni parangón posible.
Jean-Claude Diénis, Francia, 1993

81:

He dicho muchas veces, a desconocedores y a olvidadizos, y ahora lo repito aquí: «¿Qué cubano que exista y trascienda por la danza, no se lo debe a esa gran mujer que se llama Alicia Alonso?»
Santiago Castelo, España, 1994

82:

¿Y Alicia Alonso? La última leyenda viva del ballet, récord Guinness de perseverancia, es como un canto a la vida. Un ejemplo de tenacidad, de lucha, de no dejarse vencer por la edad ni por las adversidades! En el romanticismo de La Péri o el expresionismo del Poema del amor y del mar está más allá del mal y del bien. Como la misma danza, sólo fiel y entregada a sus dioses.
Marjolijn van der Mee, España, 1994

83:

Grande, formidable Alicia: ejemplo de pureza clásica junto a una apertura hacia temáticas, músicas y lenguajes coreográficos contemporáneos. Gracias a su trabajo, hoy la danza en Cuba es, entre todos, el arte más importante.
Vittoria Ottolenghi, Italia, 1996

84:

Toca a Cuba en su Diva mayor, en su divina, en Alicia encontrar la luz del universo, aquel instante en que el humano ser se eleva y toca en la belleza, en el amor, la puerta que permite avizorar la huella iridiscente del Ser oculto que lo impregna todo [...] Eres la danza Alicia, y por la danza, revelas la esencia de ese soplo que en sucesión eterna nos recorre y eres también su íntimo resorte, entrelazado, subyacente, el amor que fecunda sin descanso, la belleza de que inundas el mundo es la tarea.
Alfredo Guevara, Cuba, 1997

85:

La primera vez, hace muchos años, que vi bailar a Alicia Alonso, me pregunté, al salir, en términos muy profanos a la danza, porqué me había hecho tanta impresión. Salía conmovido sin saber por qué. Me respondí que "el ballet clásico" —convertido en un código de signos por Petipa— se propone en todo momento, como suprema mentira artística —todas las artes son augustas mentiras— demostrar que el cuerpo de los bailarines pesa menos que un cuerpo normal. Pero la consecuencia inmediata de esa mentira de base, es también demostrar fingidamente que el aire pesa más, que el aire es como una espesa gelatina en la que ese cuerpo se llega a apoyar, imperturbable y sonriente. "¡Ya está!" me dije. Lo que me ha sorprendido de la sorprendente Alicia Alonso es que vive el tempo musical como imprimiendo un sutil ralentizado ilusorio a todos sus movimientos, cosa que permite leer con mayor facilidad que en otros artistas el diseño coreográfico. Es una forma de supremo fraseo, que todo lo enfatiza Y lo enfatiza así, dándonos la ilusión de que un cuerpo pesa menos que un cuerpo real y que el aire es mucho más espeso y "colabora" imprevistamente con tales movimientos.
En la realidad, no es así, pero el arte lo hace realidad. Lo hace realidad una técnica muy depurada, que se quiere disimular como tal, que pretende borrar cuanto es posible todo testimonio de esfuerzo y deliberación. Este es el rigor de la danza. El bailarín puede llegar a tener por dentro la determinada articulación de un paraguas, aún más compleja si cabe, mas por fuera ha de tender a darnos la impresión inefable que ya he citado. Salí de ver a Alicia Alonso admirado de su estupenda y convincente mentira artística. Bailaba haciendo olvidar el esfuerzo, con su hierática máscara de bailarina, con ese sutil ralentizado que era el secreto de su técnica. Y este es el secreto que intenta transmitir en su escuela —que es un punto neurálgico del ballet mundial— de la que surgen bailarinas y bailarines aventajadísimos, cuyo mayor título de gloria es haber practicado bajo la supervisión de un auténtico mito de la danza, de alguien que bailó como nunca se había bailado hasta su aparición en un escenario.
Francisco Nieva, España, 1998

86:

Además de ser una de las más radiantes y amadas ballerinas de nuestro siglo, Alicia Alonso es una mujer de un coraje físico poco común. Estar en su presencia es inspirador.
Doris Hering, Estados Unidos, 1998

87:

Alicia Alonso es un misterio entre los misterios de la Isla. Ella es, al propio tiempo, uno de nuestros más relumbrantes milagros. Con esta frase, no creo repetir tópicos. Es muy difícil tocar la grandeza con las palabras de todos los días. [...] Lo más secreto del caso Alonso, no queda (y ahí comenzamos a tocar el misterio de los misterios) reducida a sí misma. No se trata tan sólo de la agilidad y el poder de sus puntas, de su port de tête o de su port de bras. Se trata únicamente de su capacidad histriónica o de élan vital que ha desprendido siempre su presencia escénica. Alicia posee lo que Lezama Lima gustaba llamar «la condición irradiante». No se ha completado en sí misma: ha sabido crear una compañía, una escuela, un público conocedor y lleno de entusiasmo. Su obsesión no ha sido solo de ballerina, sino también de maestra y fundadora.
Abilio Estévez, Cuba, 2000

88:

Nadie ha podido repetir a la indomable Alonso ni a la imagen de su fascinante rostro, ni la rapidez y precisión de sus piernas, elogiadas por George Balanchín, quien creó para ella Tema y Variaciones; pero tampoco a la artista que la crítica Doris Hering describiera como "un cuerpo que al danzar es la extensión gloriosa y natural de la música".
Jennifer Dunning, Estados Unidos, 2001

   


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