...Pero el artista sí
Rogerio Moya y Raúl Rivero 

-¿Qué debe poseer un artista, además de talento, para ser popular?
-Depende de lo que entienda usted por artista popular, y a qué medio y época se refiera. Si le damos a la palabra popular un máximo respeto, arte popular es el que hacen todos los grandes artistas, puesto que al pueblo corresponde lo mejor. En otro sentido de la palabra, podemos encontrar incluso artistas sin talento que son muy populares. No tengo que explicarle los mecanismos y circunstancias que determinan en el capitalismo que un artista sea muy promocionado. En el socialismo nos corresponde a todos hacer que la promoción a los artistas sea justa y revolucionaria, poniendo en primer lugar el talento que objetivamente tenga el creador.
-¿Qué puede, según su experiencia, malograr el talento?
-El talento es como una flor muy delicada, que necesita calor, luz y otras muchas circunstancias favorables para que se desarrolle. Pero los principales factores están en el individuo mismo. La falta de disciplina, de perseverancia; en resumen, la falta de un carácter o una verdadera vocación, puede frustrar los más prometedores talentos naturales. Por eso encontramos a jóvenes que son grandes promesas, que nos dan la impresión de que podrían lograr las metas más altas, y al pasar de los años vemos que no cumplen nada. Incluso, a veces lo que más perjudica es el poseer demasiadas condiciones naturales, pues el individuo no se siente en la necesidad de luchar, de estudiar, de hacer un gran esfuerzo, y en ello encuentra su fracaso. A veces, con un poco menos de talento, pero con una gran dedicación, se alcanza mucho más. El que no está consciente de lo mucho que tiene que aprender, no llega a nada, y el que cree que ya aprendió bastante, aunque ya tenga un nombre, está marcando su límite, su final.
-¿Qué es para usted la belleza?
-Usted sabe que filósofos y poetas se han pasado la vida tratando de definir conceptos como éste, sin que hayan logrado poner de acuerdo a nadie. Como mi medio de expresión es el movimiento, quizá si me pidiera usted que le bailara la belleza, me atrevería a intentar algo. De todas formas, puedo expresarle mi personal criterio de que la mayor expresión de la belleza es la vida misma.
-¿La encuentra a menudo en la vida?
-En todas partes y constantemente. Muchas veces pasamos por el lado de ella y no nos damos cuenta, de tan cotidiana que es. Puede ser un color, una frase, un árbol, un sentimiento, un insecto, un sonido, una acción digna, una imagen del cosmos o un pequeño ser visto por el microscopio. Puede ser intencional, casual o existir desde siempre.
-Para usted, ¿qué es lo cubano?
-Lo cubano existe, ¿quién lo duda? Pero al mismo tiempo, ¿quién lo define? Además, lo cubano no es una sola cosa, sino muchas, y es algo vivo que no es muy fácil de apresar. Está lo cubano en el arte, y está lo cubano en los principios que hemos mantenido desde nuestra más lejana historia. Podría hablarle de lo cubano en el ballet, que es mi especialidad. Tendría que empezar señalando que la idiosincrasia de los pueblos se expresa muy bien en sus bailarines. Nos movemos de una forma particular, utilizamos la música en nuestro baile -ya sea folclórico o elaborado teatralmente- de una manera muy especial. La comunicación del bailarín cubano con el público es también distinta, más emotiva, más directa. Luego viene la técnica, tanto danzaria como teatral; la herencia recibida de las grandes escuelas de ballet internacionales, la influencia del lenguaje y los estilos de otros géneros artísticos, el sello personal que aportan grandes figuras. Todo esto se funde y da un resultado nuevo, que es lo que llamamos lo cubano en el ballet, o como se conoce internacionalmente, la escuela cubana de ballet.
-Si tuviera que definir mediante un símbolo la cubanía, ¿cuál sería ese símbolo ?
-Tenemos nuestros símbolos nacionales, que han adquirido su sentido en el decursar de nuestra historia de luchas; tenemos nuestros héroes. La imagen de cualquiera de ellos podría simbolizar lo mejor de nuestra nacionalidad. Están nuestros grandes artistas, muchos de los cuales han sintetizado en su obra elementos de aquello que nos caracteriza. Pero prefiero no señalar un símbolo en particular, y ver la cubanía de una manera más amplia y dinámica.
-¿Cuál es, a su juicio, la obra maestra de la naturaleza?
-La vida, en sus múltiples y complejas formas de manifestarse.
-¿Cuál es la virtud humana que más le impresiona?
-La honestidad.
-¿Cuál el defecto imperdonable?
-Lo contrario, la deshonestidad.
-Al final de la vida, ¿cuál es el destino menos deseado por usted?
-Nunca había pensado en ello; generalmente mis meditaciones no son tan lúgubres. ¿Para qué estar pensando en los límites? De todas formas, sin pensarlo mucho, creo que lo más terrible sería quizá el no sentirme útil.
-¿Cuál es el sentido de la vida?
-Vivir para trabajar, crear, sentir que lo que hago sirve a los demás.
-Su lema.
-Nunca me he creado un lema. Pero, de hacerlo, seguramente tendría relación con mi respuesta a su anterior pregunta.
-¿Cuál es el momento más hermoso de su existencia?
-Mi vida ha sido rica, muy intensa. He tenido muchos momentos hermosos y espero muchos todavía.
-¿Y el más terrible?
-Tenga la seguridad de que se me olvidó.
-Su ocupación preferida.
-Nadie me creería si no dijera que bailar.
-Su distracción preferida.
-La lectura y el cine, este último sobre todo por la televisión.
-El ideal de su felicidad.
-Lo mismo que he señalado como sentido de mi vida: el ser útil.
-Defina la desgracia.
-No me detengo con frecuencia a pensar en ella, por tanto, no puedo darle una definición. Quizá pueda usted derivar la respuesta de lo contestado anteriormente.
-De lo cotidiano, ¿qué es lo que más le molesta?
-Aunque puedo disfrutar de la buena mesa, la necesidad de alimentarme cotidianamente es para mí algo aburrido. Tampoco me gusta levantarme muy temprano ni asistir a reuniones cuando son largas e inútiles.
-¿Cuál es su reacción frente a ello?
-Disciplinarme, siempre que no pueda variar las cosas.
-¿Cree usted en la amistad?
-Sí, definitivamente.
-¿Por qué?
-Creo que es una necesidad del ser humano, y uno de sus sentimientos más puros.
-Sus fiestas preferidas.
-Mi cumpleaños. Para mí ese día es como la conmemoración de que estoy viva.
-Escriba una cita, o un pensamiento, que le agrade recordar con frecuencia.
-"El arte no tiene patria, pero el artista sí." Creo que la oí hace años a Juan Marinello, y la he retenido y usado, pues siento que refleja muy bien la universalidad que debe tener el arte, y las raíces que debemos mantener los artistas.
-¿Cuál es el delito más grave que puede cometer un hombre?
-La traición.
-¿Y la humanidad?
-No hacer lo necesario para construir un mundo mejor.
-¿Qué es lo que más respeto le inspira?
-El trabajo en favor del hombre.
-¿Cuál es su mayor esperanza?
-La paz mundial.
-¿Cómo ve usted el futuro de la humanidad?
-Soy optimista, creo que avanzará hacia un futuro mejor.
-¿Cuál es su artista preferido?
-Tengo muchos: no podría señalarle uno en particular. "Su pintor. Su músico. Su poeta. Su escultor. Su actor. Su narrador." ¿Por qué no ha preguntado usted en su encuesta por el bailarín preferido? No es admisible esa discriminación.
-En la literatura, ¿cuál es su protagonista preferido?
-Ninguno en particular.
-La personalidad histórica que más le interesa.
-Dejando aparte las grandes personalidades que han contribuido a llevar el mundo hacia formas más avanzadas de convivencia, puedo decirle que me han atraído siempre las leyendas sobre Cleopatra, la más célebre entre las reinas de Egipto.
-En los últimos años, ¿cuál es el suceso que más le ha impresionado?
-El triunfo del pueblo vietnamita.
-El descubrimiento científico que más le ha llamado la atención.
-El descubrimiento de los antibióticos modernos.
-Su deporte preferido.
-La natación.
-La hazaña que más le ha impresionado.
-La conquista del cosmos.
-Su color preferido.
-El azul.
-Su bebida favorita.
-Ninguna en particular.
-¿Qué hora del día prefiere para trabajar?
-La mañana.
-¿Cree usted en la inspiración?
-Sí, no como un impulso sobrenatural, pero sí como un momento en que confluyen una serie de potencialidades en el artista, que le permiten su mayor rendimiento.
-Su definición del amor.
-En su forma más general, sentirse capaz de sacrificarse por un semejante, sin esperar a cambio beneficios personales. Esto incluye el amor hacia la humanidad, el amor filial, el amor al amigo y el amor entre la pareja humana. Aunque cada uno tiene luego sus características.
-De los misterios que el hombre enfrenta en la vida, ¿cuál la subyuga?
-Todo lo desconocido, tanto en el espacio sideral como en el micromundo.
-¿Cuál le infunde temor?
-Si usted analiza, verá que los misterios en realidad no existen, no son más que la forma en que se le presentan a uno las cosas que no conoce en un momento dado. ¿Por qué temerlos?
-¿Ante qué circunstancias de la vida se ha sentido conmovida ?
-Ante el dolor humano.
-¿Qué es lo que más le entusiasma?
-Los logros de la inteligencia humana.
-¿Por qué es usted una artista ?
-Desde muy pequeña la danza para mí se convirtió en una fuerza irresistible. Es lo que más me ha gustado hacer. Encuentro en ella mi mayor satisfacción y mi mayor oportunidad de dar a los demás lo mejor de mí misma.
-¿Cuál es su ideal de hombre?
-Nunca tuve en mi vida personal un esquema previo ideal. La realidad es muy rica en posibilidades, y es mejor que sea ella la que nos sorprenda y nos atraiga. ¿No cree usted?
-¿Qué es para usted la muerte?
-Puede interpretarse de muchas maneras. No le niego que la temo, y no me gusta pensar en ella, puesto que, por sobre toda otra consideración, es la negación de la vida, que tanto amo.
-Escriba el epitafio que le gustaría inscribir en su tumba.
-¿Por qué quiere terminar usted su interrogatorio de manera tan solemne y fúnebre? Es mejor que nos ocupemos de la vida y no de adornar la muerte.*

1985

--

Plática informal
Amaury Pérez Vidal

-Señora mía, mi cariño muy grande.
-¡Hola!
-Alicia Alonso, tengo el privilegio enorme de contar hoy con su presencia. El que usted haya respondido a mi llamado es un acto de gentileza tal, que en mi vida es sólo comparable con los grandes acontecimientos. Muchas gracias y muy buenas noches. ¿Se ha sentido usted, Alicia, una mujer amada?
-Gracias por tus palabras. Buenas noches, y... yo sí me siento una mujer amada. Me siento amada por muchas cosas en la vida. Por muchas formas de lo que es amor para mí. Yo me siento amada por mi propia carrera, la cual, por mi parte, amo intensamente. Cuando digo carrera y que amo intensamente, me refiero no solamente a cuando yo bailo, sino a cuando hago coreografía, cuando enseño a otras personas. Hablo sobre el arte de la danza, el arte del ballet, desde los estudiantes hasta los profesionales. Todo lo que tenga que ver con la danza, con el ballet, que es mi vida. Eso lo amo y me siento amada por todas esas cosas. Amo la vida intensamente. Yo digo que voy a vivir doscientos años. ¡Y no es broma, es en serio!
-¡Qué suerte para todos, eh!
-Voy a vivir doscientos años. No sé si es suerte o no, porque quiere decir que estaré doscientos años insistiendo en la cultura de Cuba, en la cultura del mundo entero, en relación con lo que es la danza y en especial el ballet.
-¡Bendita sea usted!
-También amo a mis seres queridos. A los vivos, que son mi hija, mi nieto, mis biznietas, mi marido, mis compañeros; a todos mis compañeros. Amo a mis queridos muertos. Creo que la palabra amor es profunda. Amo a la humanidad. Amo la paz y la dignidad del hombre.
-Alicia, ¿qué es para una mujer como usted, que durante décadas ha sido sencillamente la mejor, continuar siéndolo?
-Cuando me dicen eso, a veces me siento muy bien. Me da un estímulo para todo esto que siento, ¿no?, la carrera y la vida. Me da un gran estímulo, pero también, entonces, me da un sentido de responsabilidad muy grande, porque eso es mucho peso para llevar una sola persona. Así que hay una combinación de sentimientos, de fuerza y de debilidad al mismo tiempo, de responsabilidad, porque... es duro, es muy duro.
-Alicia Alonso es su nombre artístico ¿o es un nombre real?
-No es real, se formó de una situación artística.
-¿Sí?
-Mi nombre es Alicia... [risas], larguísimo...
-Dígalo, dígalo.
-[Risas.] Es Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez y del Hoyo. Ese es mi nombre de soltera. Me decían Unga de chiquita.
-¿¡Unga!? ¿Por qué le decían Unga?
-Unga. Porque mi tía, que era mi madrina -fue mi madrina de bautismo-, se llamaba Alicia. Y para no llamar a las dos Alicia, ella misma me puso el sobrenombre de húngara. Como una gitana húngara, porque decía que yo tenía los ojos grandes, estaba quemadita del sol, el pelo negro, que parecía una gitana húngara, y de una gitana húngara, acabé en Unga. Y muchas personas que me conocieron de chiquita me decían Unga. Es más, que hace muchos años, cuando bailé por primera vez en Pro-Arte Musical, la Sociedad en que yo empecé a bailar de chiquita, hubo un cellista de la Orquesta que vino corriendo y me dijo: -"Fírmeme este autógrafo, este programa, porque usted va a ser grande." Yo tendría unos once años, diez u once años. Y le firmé Unga. [Risas.] Y muchos años después él me enseñó el Programa. Y lo tengo. Mi marido, Pedro Simón, lo guarda para el futuro Museo del Ballet. [Risas.] Ahora, pero le voy a decir... mi nombre, Alicia Alonso, vino de cuando bailé en los Estados Unidos. Yo me casé con mi primer marido, que era Fernando Alonso. Y entonces me decían Mrs. Alonso, Mrs. Alonso... Y me cansé del Mrs. Alonso, y dije: -"Se acabó: Alicia Alonso, ¡y ya!" [Risas.] Y así fue como llegué al Alicia Alonso. Además, que rima bien, ¿no es verdad?
-Sí. Y es un nombre bellísimo, y que representa a una bella mujer. Alicia, ya usted me empezó a hablar de su niñez. ¿Usted tuvo una niñez feliz?
-Yo pienso que sí. Aunque éramos cuatro hermanos, yo era la más chiquita y por serlo me mortificaban mucho. Pero tenía un padre y una madre fabulosos, deliciosos. De mucho cariño, ¡de mucho cariño!, y de amor de familia. Una familia que se reunía los domingos, cuando podía, que venían los abuelos. Fue una niñez muy, muy linda. Además, mi mamá... Mi padre era veterinario del Ejército. Era Teniente Veterinario. Y muchas veces lo mandaron afuera, para tomar cursos especiales o para comprar y enriquecer la cría de... ¿caballuna se dice, no?, de caballos aquí en Cuba. Y mamá decía: -"Vamos todos, porque esta es una sola familia." Y mamá y mi padre llevaban a los cuatro muchachos con ellos dos, adondequiera. Así que eso demuestra a usted el cariño que tenían, el sentido de unidad y de protección como padres.
-Pero hay una anécdota que dice que cuando usted fue a los Estados Unidos, su padre no sabía que usted estaba bailando. ¿Cómo es esa anécdota? Y de pronto le apareció una revista en sus manos...
-Ah, bueno, cuando yo me casé y fui a los Estados Unidos, empecé a bailar profesionalmente. Mi padre era enemigo de que yo fuera profesional. Vaya, yo estoy hablando de hace unos... unos cuantos años.
-¿Unos cuantos?
-Para mí son muy pocos, comparados con todos los que voy a vivir... se quedan cortos. [Risas.] Pero mi madre sí sabía que yo estaba bailando profesionalmente y que había entrado en el Ballet Theatre, en Nueva York. Y que ya estaba haciendo mis papeles principales. Entonces fui escogida por un famoso fotógrafo, un fotógrafo famosísimo de los Estados Unidos, que sus fotos han sido premiadas internacionalmente, para hacer una prueba conmigo. Era posiblemente la primera vez que se tomaba a una bailarina el movimiento continuo en una foto. Recuerdo que me puso una plataforma, puso una serie de bombillos, que a medida que yo iba caminando, iba explotando aquello: ¡bum!, ¡bum!, ¡bum!, ¡bum!, aquellos bombillos, y las primeras fotos salieron en Life Magazine. Toda una secuencia mía ejecutando diferentes pasos de ballet, diferentes posiciones de ballet: primera, segunda... los brazos... y cuando salió eso en Life Magazine, con un despliegue muy grande, alguien le dijo a mi padre: -"¡Teniente, su hija está en Life Magazine!" Dice él: - "¡¿Cómo que está en Life Magazine?!" Fue y miró, y el resultado fue que compró todos los ejemplares que había en ese momento. [Risas.] Que los vendían en El Carmelo, el establecimiento que está enfrente del hoy Teatro Amadeo Roldán. Los compró todos y los fue repartiendo a los amigos...
-A todos sus amigos.
-Como si fuera un programa, a todo el mundo: -"¡Miren a mi hija!, ¡miren a mi hija!" Y ese fue el principio, desde entonces ya no hubo más secretos en la familia.
-Alicia, yo intenté evitar esta pregunta, porque es una pregunta que le han hecho mucho, pero hay que hacerla, es obligatoria. ¿Cuándo despertó en usted la pasión por la danza?
-[Medita unos segundos antes de contestar.] Yo pienso..., iba a decir una barbaridad, pero no la voy a decir, porque... yo pienso que comenzó cuando empecé a caminar o a moverme... ¡No le digo dónde! Pero empecé a moverme, porque desde que yo sentí las primeras notas de música, de chiquita, mi impresión era bailar, moverme con ella. Desde luego, que yo no sabía nada de baile. No había nada, era el baile popular, pero no me movía según el baile popular, me movía según lo que me daba la música. Entonces me encantaban cosas como el pelo largo, me ponía unas toallas, unos velos, todos mis movimientos eran... yo pienso que a lo Isadora Duncan, pero yo no la había visto nunca bailar. Para mi madre estar tranquila y saber qué era lo que yo estaba haciendo, me ponía un disco de música clásica, me encerraba en la sala con el disco puesto; y yo estaba ahí bailando, bailando... Cuando se acababa el disco, ella se ocupaba de cambiármelo y yo seguía bailando, bailando, bailando. Eran mis bailes. Lo único que siento es que no había en esa época el video para que me hubieran tomado...
-Todas aquellas imágenes.
-Para ver qué cosa yo hacía, porque no tengo la menor idea. Simplemente era... Y desde entonces, cada vez que yo oigo música, bailo.
-Por eso quizás es que no oye música, porque se agota.
-Me agoto.
-Me contaba su esposo Pedro, que se agota porque piensa en música y piensa en coreografía, piensa en baile.
-Inmediatamente. Yo empiezo a ver el movimiento. Lo veo en mi cabeza: veo entradas, salidas..., cómo corren. ¡Hasta el vestuario que se ponen!... Cómo flota la bailarina, cómo la cargan, cómo la levantan... y termino agotada. En los conciertos yo termino completamente agotada. Oiga, espérese un momentico, que en la música popular enseguida empiezo a guardar el ritmo, a mover el pie, y entonces [risas] y se me van los pies, porque me encanta.
-Alicia...
-Lo popular me encanta.
-Le gusta también lo popular.
-Ah, me encanta.
-Alicia, hay una pregunta aquí que yo había pensado... y me parece que es un poquito íntima. Pero, ¿usted es consciente de su sensualidad?
-Bueno, es íntima según lo que usted me quiera preguntar con eso, ¿no?
-Cuando usted baila, cuando usted se mueve, cuando usted camina, se desprende una sensualidad, una feminidad...
-Yo creo que eso es cubano, ¿no?
-Sencillamente majestuosa.
-¿Eso no es cubano?
-En su caso tiene tintes mágicos.
-Eso es parte de la escuela cubana de ballet. Cuando uno pregunta ¿la escuela cubana de ballet? La escuela cubana de ballet no es solamente la parte técnica, cómo se aprenden los pasos, cómo desarrollar los músculos... Es también cómo se desarrollan los estilos de bailar; la personalidad... Las compañías del mundo, todas tienen una personalidad. El conjunto entero va desarrollándose hasta llegar a una personalidad. Como una familia, adquieren una personalidad. Tú sabes, tú perteneces a tal familia, porque se te conoce algo, ¿no?, de familia. Un dejo de familia, un rasgo de familia. Esa es la escuela cubana de ballet, es la compañía del Ballet Nacional de Cuba, toda la forma de enseñanza, las formas coreográficas...; todo se desarrolla y se une en una sola cosa, que es la escuela cubana de ballet. Ahí entra eso que usted me acaba de preguntar. Es la forma de bailar la mujer con el hombre. Los hombres bailan marcadamente masculinos y sensuales. La forma de "hablar" y de mirarse, de poner la cabeza...; siempre están el hombre y la mujer bailando cada uno para el otro. Y eso es muy cubano, porque si usted ve el baile popular cubano, el son, el danzón, es el principio. Es algo de raíz, de nuestro clima, y efectivamente, cuando yo voy a bailar..., vamos a hablar de Giselle. Es una persona frágil, es delicada, es de un estilo romántico, en su cabeza, sus poses... Pero es muy femenino. Luego entonces, si lo miras bien, es la sensualidad femenina de una época. Pienso yo. No sé cómo se verá... Si hablamos de Carmen, no le quiero decir.
-No, Carmen es la sensualidad misma; y usted, además, lo hace como nadie. Alicia, quienes hemos tenido el privilegio de visitar su casa, notamos rápidamente una relación muy amorosa entre usted y los animales. ¿Qué significan ellos en su vida?
-¡Ay!, son preciosos. Es una forma de vida que se comparte con nosotros los seres humanos, aquí en esta tierrita, que nos dan cariño, nos resguardan. Son frágiles y uno se siente fuerte al ayudarlos. Son divinos. A mí me gustan los animales. De mis perras, no le quiero decir. De mi gata, no puedo. Los pajaritos... No hay nada más delicioso que sentarme y oír por las mañanas los pajaritos cantando, las perras tocándome en la puerta que quieren entrar, la gatica maullando, y entonces algo que usted quizás no pueda creer. Me encanta oír un gallo que yo tengo, que me regalaron. Precioso, blanco... cantando. Cada vez que canta, yo me sonrío. Porque es que me da alegría oírlo cantar, como cantándole a la vida. Yo creo que los animales son una forma muy pura; entre muchas formas puras que hay en la vida, esta es una de las formas más puras de sentirla.
-Alicia, la fama ¿le pesa, la divierte o la excita?
-[Piensa y sonríe.]Pues qué difícil está decir que me divierte. No, no sé en qué sentido. Me excita, sí. Me estimula, sí...
-Claro, la estimula.
-Me estimula grandemente. Me lleva a querer hacer más, me da fuerza, me da... vida.
-Y a veces no le pesa sentirse tan asediada. Por la prensa, los fotógrafos... personas como yo que la quieren entrevistar...
-[Risas.] No, depende. Algunas veces. Algunas veces una está más cansada que otras, porque ha trabajado mucho físicamente, mentalmente. Está dirigiendo, está haciendo coreografía... Hay veces que se acumulan muchas cosas y una dice: un momento, ¡un momento!... Ay, no. A veces, ¿sabe?, también... le confieso que a mí no hay nada que me guste más que sentarme en el Malecón, y sentir el salitre en la cara, o sentir su sabor en la boca, y sentarme ahí a conversar en el muro del Malecón. Pero eso no lo puedo hacer...
-Me imagino.
-Porque al poquito rato, tengo algunas gentes ya conversando conmigo, lo cual me estimula, me gusta... pero al mismo tiempo, no me puedo relajar.
-Le roban sus momentos de soledad.
-Sí.
-Alicia, cree usted que exista una vida más allá del planeta Tierra.
-Sería yo una persona -a mi criterio, a mi forma de pensar- muy egoísta, si pensara que no. Puede haber otras personas que piensen diferente, pero yo me creería muy grande si pensara que nada más que la Tierra va a tener vida y seres humanos y de todo... Dígame, ¿hasta dónde llega el Universo?
-Nadie sabe.
-Entonces. ¿Por qué esta bolita tan chiquitica que se llama Tierra, es la única que tiene tantas formas de vida? ¿Por qué? ¿Cuál es la lógica? ¿Cuál es la razón? Cuando hay tanto por todos lados. Y lo más gracioso, cuando nosotros decimos tanto, miramos para arriba, pero tanto es para allá, para allá, para allá, para allá [señala diferentes puntos], dondequiera... ¡Tanto! Lo que sí espero es que si algún día hay algo de vida o similar, que sea positiva. Y que tengamos una vida de estímulo, de intercambio, de mejoramiento de nuestros seres humanos, del mundo entero, del Universo. Creo que es algo infinito.
-¿Lamenta no haber tenido un contacto así con alguien extraterrestre?
-¡Claro! Si existe, ¡que venga inmediatamente!, si puede llegar. Sí. Ojalá. Desde luego, yo no le tendría miedo. Yo sé de una persona que dice: -"¿Y si vienen y nos ponen en una jaula como un mono?"
-Alicia, Alicia, ¿tiene usted pesadillas?
-Ay, sí. Algunas veces, no siempre. Porque cuando me acuesto en la cama, por lo regular... ¡Bum! Quedo, perfectamente. Pero he tenido pesadillas terribles.
-¿Recuerda alguna?
-Sí, no se me olvidan. Cuando tengo pesadillas, las tengo terribles. Pesadilla de que estoy oyendo la música. Es mi entrada de Giselle, del segundo acto, de la escena en que salgo de la tumba. Oigo la música, y estoy en otro piso y el ascensor se traba. Oigo la música, y corro, corro, corro. Y eso me da un susto terrible, y se ha repetido con varios ballets. Pero le voy a decir cuándo me empezaron las pesadillas. Cuando fui a Inglaterra por primera vez, estaba en Covent Garden, en Londres, haciendo el debut con el Ballet Theatre. Y efectivamente, me demoré con el cambio del maquillaje y de vestuario para el segundo acto de Giselle, de verdad el ascensor se trabó, y yo estaba oyendo la música, mi entrada... y tuve que salir corriendo, ¡pero corriendo! de allí, pararme en escena y empezar esa parte rápida-rápida donde doy vueltas, vueltas, vueltas. Fue como un meteorito: llegué, y empecé a dar las vueltas.
-¿Pero llegó a tiempo?
-Me perdí toda la parte de la salida por la tumba...
-No pudo salir por la tumba...
-Toda esa parte de ir hacia la Reina y que ella me tocara con la vara mágica y me hiciera bailar. Y el público ¡ehhhhh! Porque entró aquella cosa rápida y empezó a dar vueltas como una loca e hizo la entrada... Pero eso me ha hecho una impresión, que a cada ratico lo sueño. Ahora ya lo traslado a cualquier otro ballet, en el momento de hacer algo, y algunas veces me viene que no llego a tiempo. Pero yo pienso que eso le pasa mucho a los bailarines, la angustia de no llegar a tiempo. Aunque no les haya pasado nunca. Pero como una siempre tiene cambios rápidos, y le dicen: -"A escena. Corran. Dos minutos..." Y ahí si que no hay espera posible. Entra la música, sigue y tiene que entrar una. Ahí no hay espera, ni corte, ni repetición... no, no, no. Ahí hay que entrar. Entonces, eso le pasa mucho a los bailarines.
-Es la única vez que le pasó que llegó tarde al escenario.
-Que recuerde ahora, es la única vez.
-Alicia, cuénteme de su paso por Broadway.
-Ah. [Risas.] Fue divino. Porque ni sabía hablar buen inglés, ni sabía bailar tap, que era lo que entonces se usaba; que todos los bailarines de Broadway hicieran tap, el bailecito ese taca-taca-taca..., norteamericano, con las chapitas en los pies, y ballet. El empresario, Dwight Deere Wiman, un gran empresario de show, estaba poniendo una obras, y audicionó. En ese momento yo acababa de llegar a Estados Unidos, y no había empleo de nada para nadie. Pedimos audición. Yo no sabía tap, entonces dije: -"¿Cómo se hace ese paso?" Y una de las muchachas, amiga mía, que nos conocíamos de ir juntas a las clases con Alexandra Fedórova, me enseñó, y así aprendí algunos pasos. Y cuando salí yo a bailar al hombre le entró una risa, porque con mis pies hacia afuera, el turn-out, yo hacía los pasos de tap. Y cuando yo vi que se reían tanto-tanto hice un pasito, inventé un pasito con el que les dije: -"¡Adiós!" Bueno, me escogió: -"No, no, a esa, a esa la quiero, que venga para acá." Y me decían: -"Entra, entra, que te llaman", porque yo, no entendía nada. Y no bastó con eso. Empezó el ensayo del show, y había una canción. Y..., yo no sabía inglés. Entonces las muchachas y Fernando me enseñaron lo que significaba la letra de la canción. Cada palabra qué decía. Yo me aprendí el tap, más o menos la melodiita, y la tarareaba, y como yo sabía lo que significaba la letra... Cuando puso a todo el mundo en línea para cantar, y yo actuando así, dice: -"Esa, esa, esa." Eran cinco los que tenían que ir delante de la escena a cantar la canción. Y me escogió a mí. Eran hombres y mujeres dos o tres. Yo me pongo delante y me decían: -"Sigue, sigue, sigue, que te pagan más dinero." Porque por cantar una canción e ir delante de la cortina te pagaban más dinero. Y entonces el director empieza a gritar en el ensayo: -"A esa, no la oigo, no la oigo." Y nadie le decía nada, y yo no sabía lo que pasaba, y decía: -"¿Qué pasa?" Entonces me dicen: -"Es que no te oye." Y digo: -"¡Cómo me va a oír si yo no estoy cantando. Yo estoy actuando." La secretaria de él se empieza a reír, porque sabía cuál era la cosa, y se lo dijo bajito. Ese hombre prácticamente cayó al piso riéndose. Y dijo después: -"No me la quiten, que lo haga todo el tiempo así, que lo actúe." Entonces yo era la monito: yo actuaba y todos los demás cantaban. Y así fue. Él fue una persona encantadora. Después cambió de show inmediatamente, y para el nuevo dijo: -"Este es el grupo que quiero." Ese grupo lo formaban Nora Kaye, que después fue una famosa bailarina norteamericana; Jerome Robbins, un coreógrafo norteamericano, de los mejores del mundo; Donald Saddler, otro bailarín que también a su vez es un gran director, que monta shows -es el que dirigió No, no, Nannette, y otras cosas-; María Karnílova, la actriz y bailarina... y yo. Y ese elenco él lo siguió trasladando de un lado para otro hasta que todos entramos en Ballet Theatre.
-El Ballet Theatre. Alicia, yo estaba releyendo, porque ya lo había leído, el fabuloso libro de Pedro Simón y Francisco Rey: Alicia, órbita de una leyenda; y me detuve en las fotos. Está usted retratada con celebridades mundiales, que a la vez, la reconocen a usted, también, como tal. ¿Ha sentido el estremecimiento de esa cercanía? Yo miraba fotos con Stevie Wonder, con Youskévitch, con Dolin, con todos sus compañeros. Cuando sentía esa cercanía, cuando estaba cerca, cuando ya venía el flash de la foto. ¿En qué pensaba usted?
-¡Ah!, me sentía muy cómoda. Con casi todos me he sentido muy cómoda, nos sentíamos bien.
-Se ve tanto cariño.
-Eran tan sencillos...
-Se ve en las fotos tanto afecto hacia usted. Con Ingrid Bergman...
-Fue precioso. Y el esposo, Rosellini, el director de cine. De Ingrid Bergman recuerdo que se me paraba al lado y decía: -"Ay, cómo me hubiera gustado ser bailarina, pero con este cuerpo ¿cómo puedo ser bailarina?"
-Con Pablo Neruda... Alicia, ¿qué otras manifestaciones artísticas usted ha cultivado, si ha cultivado otras?
-Bueno, a mí me gusta mucho hacer algo con las manos. Me gusta elaborar con mis manos. Yo por mucho tiempo estuve haciendo los adornos de cabeza del ballet. Al principio yo los hacía junto con mi mamá. Hacía los collares -los primeros, de El lago de los cisnes-, las sortijas, el bordado, todo, y los adornos de cabeza, los hacía yo. Me gustaba. Y después más adelante, en que tenía muchas giras con el Ballet Theatre, me dediqué... a pintar.
-¿A pintar?
-A pintar.
-¿Pero pintó...?
-Bueno... a emborronar, más o menos, un poquito, con un gran optimismo.
-Aquí a su izquierda hay un cuadro suyo, muy hermoso y muy bien hecho. ¿Alguna vez vendió algún cuadro?
-Sí. Pero fue como una rifa. Representaba una iglesia que yo copié desde mi ventana en Caracas, durante una gira con el Ballet Nacional de Cuba, que entonces era el Ballet Alicia Alonso. Lo rifamos para recoger dinero para pagarle el viaje a Estados Unidos a un grupo de nuestras bailarinas. Fue en el momento en que estábamos protestando contra el gobierno del dictador Batista, que había quitado la ayuda del Estado al Ballet de Cuba y había un escándalo terrible. Y recogimos un dinero para pagarles el viaje a las que después fueron nuestras primeras grandes bailarinas, nuestras joyas, como se dice, Josefina Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch, Mirta Plá... Para ir conmigo a California y así mantenerlas bailando, ya que aquí habíamos suspendido todas las funciones. Y fueron conmigo a California, que yo estaba montando allí Coppélia y más adelante Giselle. Ellas me acompañaron para yo mantenerlas allí en training, y así ellas continuaron su entrenamiento profesional y su carrera.
-Y allí usted pintó...
-Y esa pintura la rifamos, y con ese dinero ayudamos a pagar el pasaje de las compañeras.
- Nunca se animó a exponer ni nada, a hacer una exposición.
-Bueno, sí. En California me lo pidieron. Hicieron una exposición con obras creadas por diferentes personalidades del cine, del teatro, del gobierno, etcétera, que pintaban al margen de su profesión e iban a estar en aquella exposición. Y recuerdo que pusieron algunos de mis cuadros. Por cierto, que una de esas personalidades, el actor Edward G. Robinson, ¡pintaba más bien! Ese sí pintaba.
-Era un gran coleccionista de pintura también.
-Coleccionista y pintaba. Se sorprendería usted de la cantidad de personalidades que pintaban y que pintan, sobre todo en el mundo del cine. Los grandes actores. Más los hombres que las mujeres.
-Ahora que me habló del cine. ¿Qué lugar ocupa el cine en su vida?
-Pues me encanta. Me gusta mucho.
-Dicen que usted es un persona que conoce muchísimo de cine.
-Yo no sé si conozco, pero me fascina.
-Me decían el otro día: -"Alicia ve todo tipo de cine. Las grandes obras y las menores. Pero todas las ve. A veces termina y dice: -'esa no me gustó nada, pero la vi' ."
-Eso es verdad. [Risas.] Porque hay que verlo todo para después juzgar, no especializarse. Y es como una va enriqueciendo la gama. Además, le voy a decir algo: en todo en la vida, si una mira, aprende algo. Hasta en lo más sencillo. Yo voy a ver cualquier clase de ballet, yo veo una niñita bailando, yo veo una coreografía muy naïf, de principiante. Y sin embargo, siempre encuentro algo, una puede decir: -"Mira, hay algo ahí." Una aprende algo.
-Siempre. Alicia, dicen -y lo dicen además con mucha fuerza- que se comen pocos frijoles negros en La Habana como los que usted cocina.
-Ah, yo no los cocino, pero sí me los como. [Risas.]
-¿No le gusta cocinar?
-Me gusta e invento muchos platos. Pero lo que pasa es que, con la falta de mi vista, me cuesta trabajo. Entonces le doy mucho trabajo a la gente que está a mi alrededor: -"Prepáreme esto, pónganmelo así, échemelo aquí. No agreguen nada más que esto... ¡Y entonces es mucho! Me agrada hacer las ensaladas, invento salsas y todo. Ahhhh... a cada ratico yo invento unas cosas tremendas. La gente dice: -"Se ha vuelto loca." Pero no, el sabor es muy bueno. Ahora, lo del frijol negro: me en-can-ta. Un frijol negro dormido... ¡es riquísimo!
-¿Es la comida que más le gusta?
-Sí, verdaderamente. Y... plátano maduro frito.
-¡Cubana de pura cepa!
-Bien-bien frititos, bien maduritos, así...
-Alicia, hoy hay en el mundo quien pone en duda el porvenir de la danza y del ballet clásico en específico. ¿Cuánto le preocupa a usted esto?, si es que le preocupa.
-Bueno. A mí no me preocupa. Porque siempre he dicho que la danza es algo que lleva el ser humano dentro. Mientras exista un ser humano, existirá la danza. Ahora, dentro del mundo de la danza, el ballet es una forma muy especial de bailar, que demanda mucho de la persona, mucho, mucho. Yo creo que es la forma de danza que más demanda del ser humano, físicamente y en cuanto a concentración. Porque para hacerlo bien, no solamente hay que hacer lo físico, hay que estudiarlo, hay que estar aprendiendo constantemente del mundo que nos rodea, de lo que avanza, de la historia, del arte, del arte de los otros, la pintura, la escultura, el teatro, todo eso enriquece la danza y es parte de la danza, es parte del ballet, que está diciendo historias por medio del movimiento. Algo sí me preocupa últimamente: estamos cayendo en el mundo de la técnica. Un mundo en que se imponen los mecanismos. Donde el muchacho ya no le sabe sumar o restar, ni las tablas. Sino que usted le dice: -"Niño, cuánto es... dos y dos." Él contesta: -"Espérate un momentico." Y saca un aparatico, lo manipula y dice: -"Cuatro."
No piensa, sino va al aparatico. Estamos entrando en esa época. Y los bailarines son reflejo, la danza es reflejo del mundo que nos rodea, de todo. No crea que estamos aparte. Somos parte de ese mundo, y están muy conscientes de la técnica. Hasta en los concursos de ballet se va al valor de la técnica y no del arte en sí. De la forma de bailar, del decir, del hablar, de poder expresar. De los estilos, que todo no se baila igual. Eso se está perdiendo y es una lucha grande. Para que tanto el bailarín como el público estén conscientes de que la técnica es simple y llanamente una forma de poder expresar mejor su arte.
-¿Qué le mandaría a decir Alicia Alonso a estos especuladores del pensamiento? Un cosa rotunda. A estos que están inventado que el ballet se va a acabar, que el ballet no les interesa... Dígame una sentencia rotunda.
-Que despierten y que enriquezcan más su vida, reconociendo el valor de todas las artes, de todas las expresiones artísticas. Y que el ballet es una riqueza tremenda que se están robando a sí mismos.
-Alicia, ¿se considera usted una bailarina que actúa o una actriz que baila?
-Bueno, primero yo soy bailarina; pero no hay ballet sin expresión, en lo cual entra la actuación. Yo pienso que es muy importante que una bailarina esté consciente de eso. Creo que soy una bailarina que actúa.
-De usted, Alicia, se han escrito los mayores elogios, se han dicho las más bellas palabras, se han cantando las más tiernas canciones. En dónde cree usted que...
-Usted ha cantado una muy linda.
-Cómo no. Yo le he cantado... Yo le he cantado ya dos.
-Dos. Muy lindas.33
-Y estaría dispuesto a cantarle mil, si tuviera tiempo. Lo que pasa es que yo no voy a vivir doscientos años.
-Ah, ¿por qué no?
- [Risas.] En dónde cree Alicia Alonso que descansa su leyenda, su misterio. Ese halo mágico que la rodea adondequiera que usted va.
-Bueno, pero yo creo que eso lo tienen que decir los que lo sienten. No yo. Yo no sé.
-Bueno, Alicia, siempre los momentos para hablar con usted son pocos. Y yo lamento que se hayan terminado. Pero nuestro programa, mi programa, le ofrece de regalo a cada uno de nuestros invitados, y a usted, por supuesto, tan especial, un artista, música que sé que le gusta. Hoy está con nosotros, para usted, esa maestra de la canción campesina que tanto la quiere, que se llama Celina González.
[...]
-¿Ya acabamos? ¿Sí?
-Ya acabamos. Es increíble. Permítame, Alicia, permítame ofrendarle en público mi gratitud por su visita, y ¿por qué no?, expresarle sencillamente mi adoración. Muchas gracias.*

1996


[Textos incluidos en Diálogos con la danza, (Cuarta edición), La Habana, Editora Política, 2000.]


Pág. 1

Pág. 2

Pág. 3

Pág. 4

Pág. 5

Pág. 6

Pág. 7

Pág. 8

Pág. 9

Pág. 10

Pág. 11

Pág. 12

Pág. 13

Pág. 14

Pág. 15

Pág. 16

Pág. 17

Pág. 18

Pág. 19

Pág. 20

Pág. 21

Pág. 22

Pág. 23

Pág. 24

Pág. 25

Pág. 26

Pág. 27

Pág. 28
Su peculiar visión perfecta (12 páginas)
Turnley Walker 
...Pero el artista sí (28 páginas)
Rogerio Moya y Raúl Rivero