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Existen artistas en los cuales parece confluir todo el saber que les antecedió, y que poseen además la capacidad de asimilar ese acervo y ascender hacia un nuevo estadio, a partir del cual se trazan los derroteros que seguirán sus contemporáneos y sucesores. Alicia Alonso es una de estas figuras hitos, que ha significado al mismo tiempo culminación y proyección hacia el futuro, en el arte de la danza. En esta bailarina confluyeron felizmente factores decisivos para la conformación de su excepcionalidad. Tales han sido sus condiciones físicas naturales, preclara inteligencia, sensibilidad artística, voluntad y disciplina. Esas peculiaridades fraguaron en un momento histórico muy específico, que se caracterizaba por el despegue y el auge inmediato del arte del ballet en los Estados Unidos, país donde ella comenzó la etapa profesional de su carrera y alcanzó la categoría de estrella internacional. Diversos factores de carácter político, económico y social atrajeron hacia Norteamérica a numerosos profesores, coreógrafos y bailarines de diversas escuelas, y a otros artistas relacionados con la danza. Y los más importantes de ellos intervinieron, de una u otra manera, en la formación de ese milagro artístico que se llama Alicia Alonso. Aquella joven bailarina supo discernir, asimilar e, incluso, perfeccionar los conocimientos que recibió de los mejores maestros de la época y, a lo largo de ese proceso, reunir en su técnica lo mejor de esos aportes, proyectarlos más allá de lo parámetros vigentes en la época, y otorgarles una coherencia estilística y dramática realzada por su poderosa personalidad escénica. Su espíritu creador se sirvió magistralmente de la herencia recibida. Cuando se analiza lo que Alicia Alonso supo identificar y resumir, se establece nítidamente el hecho de que los niveles técnicos que estableció la bailarina se adelantaron notablemente a su época, sin que ella misma tuviera conciencia del salto de calidad que estaba impulsando. La Alonso marcó pautas técnicas que, consciente o inconscientemente, sirvieron de meta o modelo a numerosos artistas de la danza. Si en alguna medida ella se convirtió en un punto de referencia para sus colegas en los Estados Unidos, como han admitido varias estrellas del ballet en Norteamérica*. En Cuba su arte constituyó -y constituye- el punto de partida absoluto para las generaciones que ha contribuido a formar. Estos módulos técnicos han trascendido no sólo en los bailarines, profesores y coreógrafos, sino que también se manifiestan en las exigencias de un público que, en gran medida, aprendió a valorar la técnica del ballet viendo en escena a su gran bailarina. En el baile de Alicia Alonso hay que destacar, como aspecto esencial, lo que ella alguna vez ha denominado "honestidad" en el ejercicio de la técnica; es decir, la ejecución de los pasos a partir de una rigurosa práctica de las reglas del baile clásico, en el entrenamiento y en la interpretación del repertorio tradicional. Sus propias palabras nos dicen: |
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En el aspecto técnico considero de gran importancia
la honestidad del bailarín, del creador, del artista. Hay que
enfrentar las dificultades hasta vencerlas y luego extender sobre
ellas la ilusión de la facilidad. Con el dominio de la técnica
de ballet se conquista la libertad para la danza. Se hace espontáneo
a los ojos del público lo que requirió antes un gran
trabajo físico e intelectual. Si uno logra eso, ha logrado
una obra artística...
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Otro tanto puede decirse de su respeto a la tradición
coreográfica y a la pureza de los estilos, principios de ética
artística que la Alonso, como depositaría de una gran
tradición, siempre ha defendido, en primer lugar, con su propio
arte y magisterio. Esos elementos no son siempre atendidos de manera
suficiente por las nuevas generaciones de bailarines, coreógrafos
y profesores. Y sin embargo, de ese respeto depende en gran medida
la vigencia del arte del ballet y, de hecho, su continuidad histórica.
En tal sentido, son necesarios el estudio y la comprensión
cabal de la verdadera esencia del legado de Alicia Alonso. Constituir
este legado en su conciencia artística, es una meta primordial
de la escuela cubana de ballet, es la mejor garantía de la
permanencia y desarrollo de esa expresión cultural que identifica
y enaltece la cultura nacional de Cuba.
Un elemento sustancial en el arte de Alicia Alonso, ha sido que ella posee el don de convertir la técnica en un hecho significante, de trasmutar la mecánica de pasos en expresión. Cómo ella logra convertir un simple développé en un hecho poético, será siempre un misterio. Esta pregunta se la han hecho numerosos críticos en el transcurso de su larga carrera. Por ejemplo, Alan M. Kriegsman, en The Washington Post, expresaba en 1976: |
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Cómo ella logra concentrar tanto sentimiento
en la ejecución de un simple arabesque, y es un misterio sólo
conocido por los genios. Nunca hubo un movimiento dividido en partes,
sino una forma única, vibrante, de la más cabal pureza.
El momento en que inició los battements pequeños, estremecedores,
del abrazo final, fue suficiente para sentirnos desgarrados.
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Y con estas mismas convicciones, en 1979, concluía
Martín Bernheimer, en Los Angeles Times: "Hablar de Alicia
Alonso en términos de pirouettes y entrechats es hablar de
un océano en términos de conchas y peces plateados".
Y es que la esencia de su virtuosismo no reside en la sorprendente
habilidad física, sino en el deslumbrante efecto que alcanza
con cada paso o movimiento. Tan es así que, cuando ella ejecuta
los pasos, lo que el público aprecia no es la hazaña
física, sino la formidable fuerza expresiva que da vida a un
personaje, a un estilo, a una dramaturgia. También se puede
ilustrar esto con palabras de la propia Alonso:
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Nunca se repetirá suficientemente que la técnica
es un medio, no un fin, y nunca debe confundirse con la danza misma.
Cada movimiento debe tener una justificación dramática,
psicológica, estética, y debe aparecer como algo necesario
en relación con el conjunto de los otros movimientos que forman
esa danza en su totalidad.
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Hay en la Alonso una cualidad distintiva -difícil
de expresar con palabras-, que consiste en convertir cualquier movimiento,
cualquier gesto, cualquier detalle, en "una especie de poesía
pura", en el sentido de la síntesis artística que
muestran y del poder expresivo con que conmueven. Aun en los breves
instantes de quietud, Alicia Alonso baila. Hay en ella una irradiación
danzaria permanente. Es por ello que Claude Baignéres escribe:
"cada movimiento de Alicia Alonso le otorga una envergadura inhabitual
al sentimiento que expresa". Es preciso no olvidar otro aspecto
que es piedra de toque gracias a la cual Alicia Alonso pudo alcanzar
su inusual perfección técnica: la disciplina del trabajo
diario, su entrega, esa humildad de saber convertirse todos los días
en la más modesta de las alumnas. Hay aquí una de las
claves de su grandeza, y uno de los factores que ha permitido que
cristalice en ella su excepcional maestría artística.
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