Es
bastante común, en estos tiempos que corren, hablar
con frecuencia de la tan traída y llevada “piratería”.
Ceñirse a los orígenes del término
e imaginar hombres con la piel tostada por el sol, armados
hasta los dientes (oh! Sandokán, no te olvidamos!)
sobre la cubiertas de sus temidas embarcaciones y dispuestos
al abordaje y al saqueo...como que no. Hoy en día
cuando la palabra “pirata” sale en alguna conversación
o debate lo que nos viene a la cabeza inmediatamente es
la imagen de alguien (y casi todos conocemos a uno) frente
a su PC descargando desde un libro sobre leyendas y mitos
tibetanos o “quemando” el último disco
de Carlos Baute.
Y es que lo tiempos han cambiado.
Caer en un discurso mojigato y reiterativo sobre la moralidad
de el uso de “la red de redes” para las descargas
ilimitadas de todo aquello que nos gusta, atrae o encandila
es peligroso y puede aburrir. Quizá de lo que hay
que hablar es de “realidad”. De realidad incuestionable.
Porque si bien hay muchos que insisten en que vivimos en
una época en que Internet es la reina de la comunicación
y el intercambio y que el potencial de la misma no debe
ser menospreciado y si aprovechado al máximo (lo
que no voy a negar)….existen otros que claman porque
sea el vehículo para lo que denominan “cultura
libre para todos”. Y aquí hemos de ser honestos.
¿Cultura libre para todos? O…¿descargas
libres para todos?. ¿Me “bajo” un disco
para oírlo antes de comprar el original?..¿o
para no comprarlo? Esa película recién estrenada
y que ahora tengo en mi PC…¿iré a verla
dentro en cuanto tenga tiempo? o ¿no “tendré”
tiempo para ir a verla? ¿De verdad compraré
El Señor de Los Anillos, aunque tenga los 3 libros
en pdf esperando en mi disco duro? ¿Lo haré?
Seamos honestos. Los tiempo cambian pero los piratas no.
Ya no surcarán los mares a bordo de marineros bergantines,
ni la Black Jack ondeará intimidatoria en sus mástiles,
pero siguen haciendo todo lo posible por apropiarse de lo
ajeno sin aportar nada a cambio. Se llame Sir Francis Drake
y sea inglés o se llame Chechu y viva en Legazpi.
Madrid 3 de octubre de 2005.