Consultas a Doc Hollywood:
Mi nunca bien ponderado psicoterapeuta:

Quisiera que me confirmara si ha recibido 1 entrada que le remití por correo ordinario para que asistiera a mi debut como directora de teatro. Creo que no le defraudaré y que podrá comprobar, in situ, una más que evidente mejoría en mi percepción de este mundo nuestro y la realidad en la que estamos inmersos.

Un beso.

Martirio.


Doc Hollywood responde:
Estimada Martirio:

Acuso recibo de la entrada en cuestión. Verás, han pasado 10 días y todavía estoy responiéndome de los efectos que sobre mi persona ha tenido lo que tú has venido a llamar “Tu Debut como Directora de Teatro” y que yo, sin titubear en absoluto; etiquetaría como “Evento Desestabilizador y Traumático para el Mundo Occidental”.

Otorgándote un voto de confianza, máxime cuando desconocía la naturaleza de tu obra y ni siquiera había llegado a mis ahora temblorosas manos una sinopsis de la misma; decidí ir a verte. Porque, sin ningún rubor confieso, que el teatro es una de mis grandes pasiones y, ver nacer a una nueva figura de las tablas, es siempre gratificante.

Bueno, digamos que tú, con la misma falta de rubor te cargaste todos esos sentimientos. Y eso que reconozco que la obra al principio prometía (incluso a pesar de un nombre tan atípico como “Las margaritas son para Terminator y los DVD para Juana de Arco) y tenía visos de ser, cuando menos, una historia fresca e interesante o eso me pareció a mí cuando vi al actor principal vestido de Freddy Krugger cantando “We are the champions ” con evidente desafino para luego deleitarnos con fragmentos de La Ilíada, al tiempo que se rascaba furiosamente los genitales, en lo que no supe definir si era una alegoría a la sexualidad del hombre en el mundo antiguo... o, sencillamente, ausencia de higiene personal. “Revolucionario”, recuerdo que pensé, mientras me revolvía premonitoriamente inquieto en mi asiento.

Pero unos minutos después, cualquier esperanza de que tu obra me hiciera disfrutar, se esfumó. Y es que Martirio, tu señora madre, en un alarde de clarividencia, te adjudicó un nombre que no sólo te queda que ni pintado, sino que es fiel reflejo de lo que logras hacer con tu público. Martirizarlo. Jamás en mi vida he pasado 3 horas más espeluznantes como las que sufrí (sí, lees bien... SUFRÍ) sentado en aquella, mil veces maldita butaca, rodeado de gente tan asustada como yo.

¿A qué vino eso de sacar a un enano vestido de punkie que mientras sostenía en su diestra una bandera de Japón, berreaba (que no recitaba) versos de Bécquer? O lo de la fábula de la profesora de piano que consumía estupefacientes adquiridos, de manera ilícita, a un canguro tartaja con antecedentes penales. ¿Qué puñetas quisiste expresar con aquellos 7 ciudadanos subsaharianos que salieron como Dios les trajo al mundo (para sonrojo de muchos y envidia mía) mientras de fondo se oía la pegadiza “Men in Black”?

No pude entender tu obra querida Martirio. Sencillamente no pude... o quizá no quise. El caso es que salí de aquella dos mil veces maldita sala, con la sensación de haber sido intelectualmente violado una y otra vez.

Lo siento, pero no me dejas otra opción que la de insistir para que ilegalicen tus obras. Esta y las que tu malévola mente quiera crear. No voy a entrar en el eterno debate de lo que es bueno o malo. Sería concederme a mí mismo la capacidad de poder hacerlo sin remordimientos y no soy una deidad; sin embargo, lo que desde luego puedo (y voy a hacer) es denunciarte. Te denunciaré y no voy a parar hasta que cualquier empresario que acceda a poner en cartel una creación tuya...sea debidamente encarcelado y que caiga sobre él todo el peso de la ley.

“Dura lex, sed lex”

Un saludo.

Consultas anteriores:
01
02

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