El
otro día estaba viendo la tele y en un noticiario comentaban
que la gente ya no va tanto al cine por el precio de las entradas.
Concedo que ciertamente estas podían ser más
baratas, pero discrepo en cuanto a que el motivo principal
de la cada vez menor afluencia de espectadores a las salas
cinematográficas sea ese.
Todos sabemos que la culpa de que el personal no vaya al
cine con tanto entusiasmo como antes...la tienen los críticos.
Y no me miren así que yo cuando tenía 12
años quería ser crítico
de cine pero las cosas como son. Porque sinceramente ¿a
quién le apetece ir al cine cuando lee en el periódico
una crítica del filme que ha decidido ver como esas
que abundan por ahí?
“Espectacularmente etérea. Brillante hasta
la extenuación. Más que diálogos...disertación
metafísica sobre la increíble levedad del
ser” (y aquí va el nombre del que lo escribió
y de la revista o periódico)
Así no hay nadie que le dé por ir al cine,
colega! Pongamos como ejemplo la ya clásica Tiburón.
¿Qué leerías en la prensa? Pues algo
así:
“Escualo
blanco con hipertiroidismo y carácter hosco asociado
a un más que evidente comportamiento antisocial,
asola las costas norteamericanas sembrando la muerte por
doquier. (Genaro Boticcelli: Revista Vetepálcine)
¡Naaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!
Así no se atrae espectadores. Ni borrachos van.
“Tiburón
tocho, con mucha mala leche y mogollón de dientes
se papea a todo lo que flote. Un bicho chungo, chungo, chungo...”
¡ESO
ES UN COMENTARIO QUE LLAMA! ¡ASI SI CAPTAN POSIBLES
ESPECTADORES!
Miren
a Drácula, la de Coppola. ¿Qué apareció
en la prensa antes de su estreno? Pues fijo que algo como
esto:
“Un
alma inmortal atormentada estremecerá los cimientos
de un mundo que no le comprende y le teme. Una historia
que atraviesa el tiempo y que intelectualmente exige de
nosotros” (Felipón Minuesa, “Date un
voltio por el cine”)
¡¡¡¡Noooooooooooooooooooo!!!!
¡Definitivamente nooooooo! Ese tipo debería
estar tras las rejas en una penitenciaría de alta
seguridad...obviamente only para críticos de cine.
Y es que yo solo iría a ver Drácula si al buscar en
la red, en una revista de ocio o en un diario, leo debajo
del cartel promocional:
“Cachondo
mental con dos colmillos que pa qué, se pone las
botas en el Londres de hace unos cuantos años chupando
sangre. Las pibitas se vuelven locas por él. Un doctor
que en otra peli se comía a sus pacientes, le persigue”
Leer
otra cosa no me obligará a salir de casa para
irme al cine. Y es que no hay derecho. Se ha dicho de los
críticos que si son directores frustados, que si
les hubiese gustado jugar en la NBA, que si de pequeños
le daban una porquería de desayuno...¡excusas!
Mi particular opinión es que son unos listillos que
no tienen pelas para ir al cine todo lo que quisieran y les
da por incordiar al personal en plan envidiosillo total.
Miren
sino esa gran película de la que estoy enamorado,
pese a que no es totalmente fiel a la novela en la que
se basa. El Último Mohicano. ¡Lindísima
historia! Bueno, pues ya va el crítico de turno y
te quita las ganas de ir a verla.
“La
música es la protagonista absoluta de una novela
que cobra vida ante nuestras asombradas retinas. La América
colonial del siglo XVIII es testigo de un amor imposible
y la cámara nos guía por tierras salvajes
en las que el honor, la muerte y el amor andan de la mano.”
(Atanasia Fondeviela: El Espectador Guay)
¿Quién
escribe esto? ¿Pikachu? ¿Los Teletubbies,
quizá? ¡Venga ya! Por supuesto, que la banda
sonora de El Último Mohicano es para enamorar, claro
que hay una historia de amor para llorar, y las batallas
son espectaculares...pero ¡no motivan esos comentarios!
¡NO MOTIVAN!
¿Lo
ideal?
“A
ostias por el Nuevo Mundo. Una parejita guapa se enamora
en pleno tiroteo. Indios belicosos y bastante desenfrenados.
Lo de que queda al final un solo Mohicano no es trola.”
Para
empezar dejas claro el contexto y época en que se
desarrolla el filme, añades que hay amor por medio,
y que no hay que perder de vista a los aguerridos nativos.
¡MOTIVAS! Y la gente dice: “Pues mola...¿nos
vamos a verla Encarni?” No hay que ser tan sofisticado.
Los espectadores solo desean pasar un buen rato y si la
historia tiene una moraleja, una enseñanza o un mensaje
final...¡dejémosle que lo descubran o no! El
cine es para disfrutar, no para estar expectante agarrado
a la butaca pensando: “Ahora, ahora seguro que sale
ese cruce de miradas que define de manera abstracta la relación
filial entre el doctor Tirsus y su hijo Demetrius”.
¡Hombre, por favor!
Otro ejemplo conocido. Matrix.
"Deslumbradoramente
ecléctica. Simbología y contenido filosófico
a raudales. Mucho más que ciencia ficción.
Renacerás visualizándola" (Leónidas
Potasín: La Butaca Incómoda)
¿Deslumbradoramente
ecléctica? ¿Cuándo se darán
cuenta de que no todos tenemos su bagaje cultural y su verborrea
apabullante? ¡Somos normales, vivimos en el planeta
Tierra y lo único que nos apetece es ver Matrix en paz!
Y si van a escribir algo, ¡por Dios ciñanse
a la realidad! ¡No nos vuelvan locos que sabemos lo
que queremos! (1) El espectador al que le da el punto
y piensa en ir a ver Matrix...necesita leer algo auténtico.
“Peña
mazo de guapa que controla el kung fu, lleva unas gabardinas
molonas, gafas tope chulas y esquivan balas, van a salvar
el mundo de las máquinas. Hay un elegido que es la
caña y un agente Smith más malo que Caín
y que un día llegará a ser un elfo poderoso.
No cogen metro...usan el móvil.”
¿Ecléctica
dicen? En fin, podría ser peor...podría llover.

Madrid 11 de diciembre de 2005.
(1) Elaborado chascarrillo en el que se hace una inteligente
parodia de la conocida canción de Ketama, cuyo estribillo
es “no estamos locos, sabemos lo que queremos”.
Evidentemente el autor ha querido recrear mediante una elegante
juego de palabras su opinión de elevado contenido
surrealista y con tendencia al neobárroco clásico.